Monday, February 25, 2013

Summer Reading


Hay libros de verano y veranos que son un libro, o varios. Ese año que me arrastraron las olas gigantes pasando Manantiales y casi no pude salir sin la ayuda de Z que me sacó, me puedo acordar exactamente los libros que estaban apoyados en la mesa de luz y hasta esa nota mental que me hice acerca de la incomodidad de la tapa dura. Me acuerdo como se me iban corriendo las páginas y yo me iba quedando sin libro. Ese quiero pero no quiero terminar. Y terminarlo y no poder arrancar con el siguiente. “Casi como una falta de respeto” me decía alguien el otro día. Un poco eso. Pequeño duelo, casi como el final de un affaire había dicho yo,  tener la piel del otro demasiado conocida y necesitar un poco de aire para que se vaya evaporando y volver a entusiasmarte.  
Esa vez lo terminé y esperé un poco hasta el próximo, hasta tener la sensación de que estaba lista. Y no funcionó, lo abandoné a las pocas páginas. Y otro más y tampoco. Promiscuidad lectora. No funcionaba. Después las insufribles comparaciones y nada fue tan bueno, ni tan emocionante, ni le pegaba tan en la tecla, ni estaba tan bien contado, ni era lo que tenía ganas de leer ahora, ni, ni, ni…
Este fui uno de mis libros del verano, raro en mí esto de leer en castellano. Me lo habían recomendado dentro de una larga lista y lo ignoré. Revisando la biblioteca de Toti antes de irme lo encontré ahí y bastante descreída lo agarre´con gesto  de "me lo llevo, total después veo". 
Una tarde y un día entero de playa y desapareció. No empecé con el próximo aún. Lo busco. Está por ahí y todavía el verano tiene algunos días.


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Tuesday, February 28, 2012

Esos árboles sin foco


Y la cosa es que cuando las ves a lo lejos (y no tan lejos también), las casuarinas parecen estar fuera de foco. Permanentemente. Los bordes borrosos, difusos, astigmáticos. Así veo yo a la distancia cuando me saco los anteojos. "Astigmatismo meópico contra la regla" creo que era el diagnóstico. Contra la regla, se ve que hasta para ver a la distancia me rebelo un poco. Los chicos se traumatizaban cuando les ponían anteojos. Yo me senté un día en cuarto, abrí el estuche y miré a los costados y al frente. Fin de la cuestión. Se ve que fui una niña bastante segura de mí misma. Nunca nadie dijo nada y yo siempre consideré que me quedaban muy bien.
-Te dan mucha personalidad, creo que decía mi viejo.
Esas pelotudeces que dice la gente creyendo que uno necesita consuelo. La personalidad la tuve antes. Creo.
-Me calientan esos anteojos.
Alguien.
El astigmático ve el mundo como los mortales ven las casuarinas siempre.

-¿Es agua que corre?
En realidad no se lo digo como pregunta, más bien lo afirmo porque creo estar segura que es el ruido del arroyo que pasa al final del jardín, pero cuando nos acercamos caminando me doy cuenta que no, que es el viento que pasa por las casuarinas y hace ese ruido a agua que corre. Raro. Esos árboles sin foco.

El viento recién se calma a la tarde, cuando empieza a caer el sol. Antes me trabo en una lucha cuerpo a cuerpo con la Nación y concluyo que es una tarea imposible y la abandono. Opto por mi libro nuevo. Empezar un libro siempre es un gran momento para mí. Lo levanto como para tapar el sol que me da en la cara. El viento paró y las casuarinas se callaron.

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Monday, January 16, 2012

My kinda guy


Si me pidiesen que enumere cosas que me calientan de un tipo (¿quién lo haría?, claro, pero supongamos que sí) tendría que ponerme a pensar un rato e irremediablemente caería en ese listado invisible de “Cosas y tipos que me calentaron en el pasado” y armaría el Fankenstein ficticio con el que me podría pasar toda una vida. Y después de todo la cosa es que uno se enamora y al final no sabe muy bien de qué.
Pero dije "calentar".
“Que sepa coser, que sepa bordar”diría que no (sí lo de abrir la puerta cuando paso) pero bien podría ser que sepa cocinar o le guste comer bien y no encare con el mismo tibio entusiasmo unas Vienísimas con puré Chef que un chicken tikka masala.
Muy bienvenido que lea (lo que sea, desconfío de la gente que no lo hace). Una vez salí con un tipo que tenía a ¡Viven! como único registro literario de toda su vida. Sí, desastres aéreos, uruguayos antropófagos, rugbiers, camaradería y supervivencia extrema como sólo se ve en esos canales después del 40 de Cablevisión. ¡Hasta a mí me había gustado! Jugaba o había jugado en Champagnat. Who could ask for anything more ¿no? Aún así, no había podido con el libro, no la temática que encontraba medianamente “atrapante” (por suerte) pero a mi pequeño hooker le molestaba “la cosa de leer…”. Supongo que habrá sido más feliz con la película. Para ese entonces, yo ya le había perdido el rastro.
Leé; la etiqueta de atrás de la crema de enjuague (yo lo hago) pero leé. Algo.
La acidez en el sentido del humor y el PH perfecto en el beso supongo que implicarán alcalinidad en algún otro aspecto que no identifico. Tick, a la lista.
No necesito que toque la guitarra, si lo hace mejor, que le guste la música, que me escuche cantar sin arrastrarse del dolor y le guste, sumaría tremendamente. El ingrediente narcisista no se me pierde de vista. Algún día se irá, o creceré. O me daré por vencida.
Que cuente en su haber con al menos 3 anécdotas maravillosas de un viaje; que las sepa contar y que el placer que siente cuando las recuerda se le vea en la cara. Pueden ser un detalle.
Que se ría. Con ruido, de ser posible.
Un toque melanco. Una melanco que no sea depre, una melanco que ande dando vueltas por ahí, la misma que tengo yo, bueno, no la misma pero en una cuota sostenible como la mía, creo. A veces me encuentro más melancólica que lo tolerable, como los índices de toxicidad ambiental y muevo, activo. Nadie tampoco tiene por qué bancarse semejantes niveles de smog ajenos.
Me gustan los tipos en jeans, me calienta un gran traje pero hay algo con el jean y un elástico asomando apenas por arriba de la cintura cuando bajás la mano por la espalda. Eso también.
Que escriba es ambivalente, creo que suma, después que no. Y que escriba bien no ha sido síntoma de nada en mi vida. Terminó por dejarme impávida a largo plazo o malherida (dos estados que odio).
A guy that´s been around, diría mi madre de una mujer. Digo, que haya probado buenos mordiscos de cosas y algún trago amargo. Alguna pena de amor. Aunque sea un rato.

Estoy en un noviazgo prolongado con Anthony Bourdain, hace tiempo. Este fin de semana, en un estado de histeria callada; no como esas minitas que se arrancaban los pelos si Elvis meramente bajaba la mirada pensando que cantaba para ellas. Solamente para ellas.

"My younger brother, Chris. (…) He was forced to watch the endlessly unfolding psychodrama at the dinner table when I’d show up late, stoned, belligerent, a miserable, sullen, angry older brother with shoulder-length hair and a bad attitude, who thought (…) my parents were fascist tool instruments of the imperialist jackboot, that their love was holding me back from all those psychedelic drugs, free love, and hippie-chick pussy I should have been getting had I not been twelve years old and living at home".

O después de preguntarse "What is an oyster if not the perfect food?" me gusta cuando concluye:

"I hadn't, I realized, returned to France, to this beach, my old town, for the the oysters. It wasn't the fish soup, or the saucisson, or the pain raisin. I wasn't to see a house in which strangers now lived, or to climb a dune, or to find a perfect meal. I'd come to find my father. and he wasn't there".

Morir de amor.
Anthony Bourdain. A Cook's Tour.

Además de todas esas drogas recreativas del pasado, esos platos, el tono de voz, el viajero empedernido, los jeans, ese ser sexy sin enterarse, además de todo eso escribir así. My kinda guy. Tony escribe para mí.

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Tuesday, November 01, 2011

Historia de una biblioteca





En la casa de Olivos había un biblioteca enorme que abajo había dos puertas con roperitos en los que estaban guardados los vasos de wisky. Era básicamente una biblioteca para los “coffee table books” que mi madre no quería apoyar en la coffee table además de todos los libros de arte, cine y fotografía que eran demasiado altos para los estantes comunes. Inclusive ese de Hiperrealismo con el cuadro de la pareja cogiendo que mamá escondió en lo más alto cuando vio que yo lo hojeaba con demasiada atención y poca edad, mucho más que las naturalezas muertas y los retratos. Por lo demás, los libros “de leer” estaban por toda la casa. Porque en cada hueco libre había una biblioteca. Siempre ganaban los de mi madre. Toti apenas tomaba territorio acá y allá y después cuando se fue se usó cada espacio libre con libros.

Creo que lo extrañé cuando recién se fue, los primeros días. ¿O fue más que eso y ya no me puedo acordar? ¿O ganó la paz y tampoco me puedo acordar de eso? Sí me acuerdo del olor a Paco Rabanne que había quedado en el mármol del mueble donde guardaba sus sweaters que todavía tengo y unos libros de Historia del Cine 1 y 2 que tardó en llevarse. Esos también tenían gente desnuda, una Eva en la película de Vadim, BB tal vez y otra era una chica totalmente cubierta de pintura dorada como una versión femenina y humana del robot C3PO de Star Wars y desnuda, claro. ¿Sería una chica Bond?

No tengo ningún criterio para ordenar nada en mi vida, tampoco libros. Apenas si están los de Entropía juntos porque me gustan las tapas alineadas en distintos colores y además son amigos y los de poetas ingleses porque los saco y los pongo todo el tiempo como si fuesen libros de recetas. Lo demás todo así incongruente y como me da el tiempo y la paciencia que siempre escasean.

Tengo nueva biblioteca y ahora voy a tener que convocar a todos los libros que dejé en lo de mamá hace 15 años a que vuelvan. Porque ahora hay lugar. Incoherencia y lugar.

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Sunday, August 29, 2010

My French-reading Mother

Mi madre me cuenta un cuento (que no es un cuento) de un hombre que nunca conoció el mar. Me parece triste. Me cuenta del día que su mujer lo llevó por primera vez, ya grandes.
Yo leo eso que escribió Vera Fogwill y le paso el link con esa parte en la que dice de su padre "Todo lo que yo hacía era genial, siempre fue un fan mío, por no decir suyo". Y eso también me parece triste.
Mamá sigue hablando y yo escribo en mi cuaderno negro mientras habla. Puede mantener una atención flotante casi como un psicoanalista entrenado y volver a prestar atención cuando la charla se torna interesante o simplemente porque me distraje de lo que sea estaba haciendo como segunda tarea y vuelvo.
Todas las semanas se saca un libro de la biblioteca de la Alliance y lo devuelve a la semana siguiente. Elije cosas cortas para intercalar con lo que sea esté leyendo. Una vez perdió uno y la escuché retorcerse de culpa durante días. Finalmente compró otro libro (en compensación) en esa librería francesa que hay a la vuelta del estudio en Esmeralda.
Me cuenta que está leyendo de nuevo algo de Marguerite Duras.
-¿En francés?, pregunto.
-Aha, contesta.
-Que canchera. ¿Te gusta leer en francés?
-Ahora sí. Igual prefiero leer en inglés.
Pienso que es bueno tener opciones.
Después me lee esa parte de “Yo me arranqué de mi madre” y me la lee en francés.
Y me gusta como suena.

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Tuesday, March 23, 2010

Las partes



En las vacaciones de invierno a veces nos íbamos al campo en Uruguay de los abuelos de una amiga. En esta época todavía existía una aerolínea que "cruzaba el charco" y hacía Buenos Aires Colonia en unos Fokker f27 ó 28 con turbohélice. Carreteaba largo y tenía el Arco pintado cerca de la cola y motores Rolls Royce. Me acuerdo porque pedía ventana y veía la RR tan bien diseñada arriba del tubo plateado. Mamá nos depositaba en Aeroparque (viajábamos solas) y los abuelos de mi amiga nos buscaban en Colonia. Tendríamos 11 años y seguíamos yendo los inviernos, alguna Semana Santa y hasta en verano antes de ir a Punta del Este.
La abuela de S, además de una acérrima lectora, era y aún es, una vieja inglesa paquetérrima de Benson & Hedges y algún Jack Daniels por las noches. Las comidas en el campo pasaban por un austero glamour rural como la cultura inglesa obliga, donde se comían hard-boiled eggs por las mañanas servidos en esos vasitos semiesféricos de porcelana y una cucharita de plata de café (que es más afilada y rompe mejor la tapita que hay que sacarle al huevo antes de la pimienta o la opción de Worcesterchire sauce para el que quisiese). El jugo de naranja: hasta el fondo.
A la hora de los whiskeys y los cigarrillos nos retirábamos a bañarnos y ya volvíamos en pijamas, pantuflas de piel de ovejitas blancas y robe escocesa a saludar a los grandes. Ahí se nos invitaba a agarrar just a serving of chocolate each (a veces eran dos) de una lata que estaba al lado de la chimenea y que Mrs. T guardaba celosamente, para ya después saludar a los invitados y partir a la cama.
Mientras los grandes hablaban en el living nosotras nos escapábamos por los cuartos para revisar las infinitas bibliotecas que había por la casa -tantas que ya habían invadido otros espacios- y nos servíamos de algún libro (muy probablemente de “los prohibidos”). En épocas en las que sólo circulaba algún Sweet Dreams por el colegio, estos estantes rebalsaban de Harold Robbins y Jackie Collins y algún que otro nombre de tapa blanda en color con termorrelieve y algún hot stamping plateado sobre el título. Nos los llevábamos de a dos o tres y en algunos casos los leíamos enteros; otros solamente “las partes”.
Y qué partes.

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Monday, March 08, 2010

Hoy escribo para el

Me pregunta Qué lee una chica que escribe.
Y yo le contesto.

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Sunday, February 28, 2010

Holiday reading

Libro terminado. Alguien que me fedexee el II?
Hablo con madre, en las mismas.
-Lo terminaste?
-Aha...
-Y?
-Bueno, in terms of literature...
-Te lo comiste o no?
-Mal. No lo podés dejar.

You snob.

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Monday, January 04, 2010

Hija de tu madre


Al lado de los dos otros libros que me había llevado como medida preventiva a la ausencia de TV nocturna está The Golden Notebook. La tapa, demasiado vieja, gastada y enclenque como para ser leída, fue cubierta con un papel marrón clásico y ahí, de su puño y letra, mi madre escribió el título y el nombre de la autora abajo.
Cuando Maca lo ve me pregunta por qué le escribí el nombre en la tapa. Maca fue conmigo al jardín de infantes y después cruzándonos intermitentemente durante la primaria no nos dimos mucha bola hasta que nos sentamos a un banco de distancia de primero a quinto -que en la Benemérita institución no eran bancos ni pupitres sino simplemente desks- y terminó siendo de mis mejores amigas. Entonces puedo decir que nos conocemos hace más de 30 años, 35 para se más precisa y que sus hermanos son un poco mis hermanos y muy mis amigos y sus padres, son prestados y ahora muy mis amigos también. Su madre me cuenta por ejemplo, de esa vez que yo diminuta y fabuladora le conté de las múltiples mascotas que tenía en mi casa, haciendo todo sonar como un zoológico doméstico. La verdad, era que apenas tenía una tortuga de tierra horrible y aburrida a la que había bautizado Toti (no comments) que terminó por arrojarse del balcón al jardín a temprana edad y fue reemplazada por Pepa, y un conejo (que en realidad era de mi vecina pero cada tanto lo robaba y me lo llevaba a la cama). Fabuladora.
Entonces, es de suponer que Maca (como lo haría cualquiera de mis amigas y yo con ellas) reconocería mi letra como si la hubiese visto ayer en mi carpeta de Fisicoquímica o en el banco de adelante. Mi letra linda y suelta tan útil para copiarse a la distancia salvo que yo no era muy de ayuda en Fisicoquímica, claro. Mi letra linda y suelta pero que requirió de largas horas de caligrafía porque simplemente no estaba up to the standards de la Benemérita y resultó así como está en el papelito, tan parecida a la de mi madre, tan idéntica a la mía, a la suya, tanto que no podría ni mi mejor amiga reconocer una de otra.
En las cuadras que separan el MALBA de casa le digo a Docampo lo mucho que me pesa a veces encontrarme con esos razonamientos tan parecidos a los de mi vieja, ideologías que hasta rechazo a veces, el prejuicio y el juicio que a veces me hace sentirme tan poco libre en mi aparente independencia y rebeldía de cabotaje.
-La concha de mi madre, boludo. Me da tanta bronca a veces ser tan hija de mi madre.

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Tuesday, December 15, 2009

Diciembre

Diciembre es el mes de los exilios, de los que vuelven. Ayer me encuentro en la veredita de Florencio con mi amigo que mueve los brazos y las manos como un loco espantando la masa de mosquitos que se mueve por la Isla. Cada vez que camino las callecitas empedrados pienso lo mismo. Quiero vivir en la Isla y decir que vivo en la Isla.
El amigo llega una vez al año, a veces dos, y casi siempre arreglamos para encontrarnos. Es una charla corta, en mi caso con un té de vainilla. Me pide mis mejores 3 libros de este año. Yo confieso que leí poquísimo pero me arreglo para una lista diminuta. El me recomienda dos y me cuenta historias increíbles de castillos marroquíes de 36 habitaciones y una escritora que se encierra meses a escribir en el medio de la nada. Le cuento que después de 10 años (la dedicatoria de mi amigo Llambí dice 1999 y fue un regalo de cumpleaños) terminé Leviathan.
-De repente tengo que admitir que no me gusta Paul Auster.
-De repente.
Caminamos de vuelta y me doy cuenta que estoy a dos cuadras de lo de Toti. Bien puedo pasar a visitarlo ahora que camina poquísimo y está la mayor parte del tiempo encerrado.
-Estoy al toque. Paso.
Entro con mis llaves. Ya tenemos esa precaución y dramática como soy, imagino escenas terribles en las que tengo que entrar a escenas terribles. Me gustaría tener una cabeza menos intrincada, más sencillita, menos vuelta.
-¿De dónde venís?
-De ver a un amigo.
Me gusta intrigarlo porque prende siempre.
-¿A qué amigo?
-A mi amigo que dirige cine.
-¿Dirige o produce?
-Dirige.
-¿Largos o publicidad?
-Los dos.
Y no para y le cuento de mi amigo, su novia adorable, su casa y me canso. Soy como un parquímetro. Me venzo a la hora con mi padre, pero como anuncio siempre que “paso dos minutos y sigo de largo” siempre parece que me quedo de más.
Mentira. El se pasaría el día mirándome, escuchándome hablar. O eso cree.
Hasta yo me canso de mí misma.

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Monday, October 19, 2009

Fetichist


Docampo toca timbre y bajo a abrirle. Todos los sábados más o menos la misma historia.
-¿Dejamos la Blackberries o llevamos?
Docampo está muy apegado a sus mensajes y a sus mails. Tiene todo el vicio del soltero y no larga el aparatito ni para salir a caminar. Yo sufro una leve dificultad para ejercitar el desapego pero puedo apoyarla en la barra de la cocina y salir únicamente con las llaves en la mano. Para mí, todo un milagro: ni espejito, ni lipgloss ni teléfono ni nada. Es casi como salir desnuda pero a las pocas cuadras la manejo y dado que terminamos caminando hasta Plaza San Martín hasta creo que estoy en condiciones de volver a viajar a Europa de mochilera. Mentira. Altamente dependiente. A la vuelta, cruzo el umbral de la puerta y Docampo corre a su teléfono y yo al mío que titila red anticipándome que hubo actividad en mi ausencia. En un acto de constricción absoluta aguanto y me acerco antes a la pantalla de mi Mac y chequeo los mails “a la que me importa”. Docampo se va amablamente explicando amablemente que deja para que yo pueda dormir mi siesta (proyecta y el que siestea es el). Antes se sienta en el sillón y me repite lo mucho que le gusta mi casa.
-Vibra bien, digo yo.
El domingo la Blackberry se confunde y me marca una hora menos. Doy vueltas desde las 830 y la espero a madre que accede a movilizarse a Capital evitándome el transe de ir a Acassuso. En compensación la llevo a almorzar a Petanque y caminamos por las callecitas de San Telmo.
-Jueguemos a que somos dos turistas noruegas y a ver cuántas veces nos tratan de cagar en 100mts.
-Nice game, dice madre. Let´s play Trinny and Susannah and ask that lady if she borrowed those boots from a hooker in Jersey.
En un recoveco de la casa de los Ezeiza encuentro dos libritos Penguin, quiero uno nada más, el de Saki, vintage naranja como los que había en Olivos.
-Venían juntitos, linda, no te los puedo separar.
Pago el precio de rigor y no regateo. No sirvo para eso. Una tal Hilda Melamud los compró en Pigmalion sobre Corrientes y todavía puede verse la firma en tinta azul apetrolado. Uno en febrero en 1958 y otro en el 54 sin especificar mes.
-Mirá, Ma. ¿Vos habías visto el logo así alguna vez?
Madre desconoce el logo y yo creo que los compré por la tapa naranja y el logo del piguino desacatado y el “one shilling and sixpence”. A veces hago cosas que no tienen mucha explicación.

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Friday, September 25, 2009

Mi mamá me mima, mi mamá me ama II


Madre hace recorridos por librerías y cada tanto se encierra toda una tarde en KEL. Da una vueltita entre las mesas y estantes y después me llama en voz bajita desde su movi.
-Anything in particular you fancy?
Y nunca puedo contestar porque no se me puedo ocurrir ya, ya, ya qué elegir. Es decir, I fancy all sorts of things, all sorts of books pero basta que me pregunten para que no pueda acotar el deseo y definirme. Entonces la dejo a ella.
Madre me admira levemente porque dice que no entiende mi capacidad de leer poesía y disfrutarla más que nada y que solo el gusta cuando yo le leo alguna cosa que encuentro. Dice que le gusta escucharla así, de mi voz por teléfono y con el texto enfrente. Es lo mínimo que puedo devolverle después de haberme bajado derechito el impagable gen de la lectura.
Hoy me llegó el último regalo; un librito de Faber y Faber (adoro ese logo) de Sylvia Plath. Desde que tengo 15 años cuando me regaló el primero se fue armando ese estante y completando con ejemplares de la misma colección. Uno por vez.

In spite of ourselves.
Our kind multiplies:
We shall by morning
Inherit the earth.
Our foot's in the door.

Mushrooms, de Sylvia Plath, claro.

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Sunday, January 11, 2009

All Day


A veces tengo fines de semana muy empalermada en los que me gusta mi casa, mi pileta, el barrio y todo lo que hago. Después del agua, del cloro, me siento en la terraza del lugarcito ese sobre Uriarte que tiene un cachito de Darregueyra que arranca o termina ahí. Leo Midnight All Day de Kureishi. En la tapa tiene una foto de una chica que parece que está acabando. No se sabe. Tiene la boca entreabierta y una lágrima que apenitas le baja por una mejilla. Eso o llora. Lo compró mamá en The Strand por unos módicos U$S5,95 y me lo trajo el otro día en una pila con otros dos más. Miro la foto de cerca. La chica tiene las pestañas más gruesas y supongo que es porque están mojadas, como que se le agruparon. Cuando lloro adelante de alguien, al principio atajo las lágrimas con dos dedos. Las barro desde el lagrimal hacia afuera y me achino los ojos. Pero después es imposible, pierdo la paciencia y dejo de atajarlas. Hay que dejarlas caer y relajarse. Eventualmente paran. Puedo verme la cara perfectamente cuando lloro, vérmela sin verme. Pero no sé qué cara tengo cuando acabo.

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Monday, July 14, 2008

Esto

"I recall him describing how much he enjoys sucking her cunt. Apparently he´s grunting and slurping down there for hours, after all this time, and wonders whether his soul will only emerge through her ears. (...)
When he yearns - he is not a fool - he yearns for what he has already, to play in the same cricket team as his son, for a garden pond with frogs, and a trip to the Grand Canyon. It is easy to laugh at bourgeois happiness. What other kinds are there? Asif is a rare man, unafraid of admitting joy."

Intimacy, Hanif Kureishi
P 39 &40.

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Thursday, July 03, 2008

Who am I to disagree



Cuando éramos bastante chicas, estaba esta colección de libritos que circulaban por la benemérita institución, los "Sweet Dreams." Eran novelitas de amor colegial que leíamos extasiadas y creo que recién en las dos últimas páginas llegabas a algo parecido a un beso. A veces hasta sin lengua. El éxtasis total. Alexia-vecina del barrio y dos años mayor- sabiendo que yo era una lectora empedernida un día me prestó otra pilita de unos libros de tapa fucsia con tipografía en blanco que parecían del estilo. Parecían, salvo que no tenían fotos en la tapa y los títulos eran solo un pronombre, I, You, Me... y estaban firmados por "Anonymous. " No entendía porqué. Hasta que leí, claro. Bueno, digamos que el salto de los Sweet Dreams a esto era un salto cuántico, o muy largo al menos. De un primer beso en la página 198 al sexo oral con un Caniche Toy en la 3, había una distancia. Enorme. No pude dejar "Me" durante semanas. Lo leía sola en mi cuarto, en el baño, cuando se suponía que estaba revisando el Passé Composé o escribiendo el paper de Edward Thomas para la clase del otro día. No lo podía dejar ni hacer ninguna otra cosa que leerlo. Tenía "las páginas" marcadas, dobladitas en la esquina de arriba. Donkey´s ears decía mi madre, pésima costumbre entre los lectores pero nunca me gustaron los marcadores de libros.
Mother, una madre relativamente moderna pero determinada a que yo recibiese una buena educación, siempre supervisó amorosamente mis lecturas para que no me perdiese de nada de lo que "había que leer" y se ve que alguna vez en la ronda de supervisión lo manoteó entre mi "Catcher in the Rye" y la tabla periódica de los elementos que estaba en mi escritorio. La cuestión es que el librito nunca más apareció, se fue en una caja de Tanti a la basura y yo tampoco tuve el coraje de reclamarlo. Sabía que ella había leído lo del perrito y las lenguas y toda una serie de cosas que hoy ya no me acuerdo.

Y sí, la de la foto es Courtney, claro, antes del video con Bruce y Friends...

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Thursday, January 31, 2008

That a set of numbers

“But sometimes, just occasionally, she´d lie there looking at the screen, and then turn and glance back at me from the floor, with the light from the television playing on her face… That´s one of the ways I´ve always remembered her.(…)The phone number. That´s another thing. It´s just a collection of digits, after all. And it´s acquired an 020 8-prefix since we lived there. But those last seven numbers, they´re still the same, exactly the same. Who´d have thought it? That a set of numbers can cause pain. Such pain. Every time.”

Julian Barnes. Love, etc.

Yo no se de qué se sorprende.
Si cuando eras una adolescente te pasabas escribiendo el nombre del que te gustaba en la agenda y solo verlo escrito te llenaba de mariposas la panza. Y después, años más tarde pasabas los contactos del celular y frenabas en ese número porque ya el 4344 te paraba un poco el corazón cuado lo veías en la pantallita. Y cuando dejó de sonar por lo menos podías torturarte un rato viéndolo ahí, todo maldito y abandónico en sus ocho dígitos.
Pero bueno, el flipside, una dirección de mail con un nombre así en bold esperando en tu casilla, todavía te puede llevar al desmayo y una electricidad que sube desde algún lugar en el final de la espalda hasta la nuca. ¿O baja?
Y otra, otra tan insoportable que preferíste mudarla a una carpeta que dice "Otros", así inespecífica, inofensiva, para pasarla de alto, para que no duela. Tug at my heart y es así, como un tironcito ponele, no mucho más, pero se siente.

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Wednesday, September 05, 2007

Yo ya sabía


Mamá se esmeraba en plagar mi biblioteca de libros de todo tipo. Cada una de sus idas “al centro” terminaban con una bolsita de plástico con 3 ó 4 libros de regalo. Una vez volvió con uno chiquito, de tapa dura, mitad A4 apaisado, rayado como uno de esos caramelos en forma de bastón medio picantones cuando los chupás. La hormiga de patas largas organizaba el cumpleaños con una torta enorme llena de merengue rosa escarchado y velitas. Me conocía las páginas de memoria, de algunas me sabía las oraciones enteras y los detalles de cada una de las ilustraciones. Hoy la llamé a mamá y le pregunté si todavía lo tenía.
-Are you out of your mind? We gave it away when you were probably 10. Like Dr Zeuss
Me enojé un poco. ¿Con qué autoridad regalaron mis libros?
-¿Y qué pasó con The Red Shoes?
Aparentemente lo mismo. Ese libro que me aterraba por las noches, el de la chica torturada con sus zapatillas de baile rojas que la obligaban a bailar todos los días y todas la noches hasta que la tortura fue tal que le terminó pidiendo a un leñador que le corte los pies. En la última página, la chica moribunda (¿Sin sus pies?) duerme en su cama en un cuarto oscuro. Solo hay una vela en la mesa de luz al lado y en el centro de su cuarto, bailando solas sobre la madera, las zapatillas rojas embrujadas. Un cuento horrible.
Amazon me dice que mi libro pequeñito de la hormiga wedding planner, Ant´s Birthday Party, cotiza unos ciento veinte dólares en su versión de tapa dura. No me había equivocado. A los 5 años yo sabía que tenía entre mis manos un tesoro diminuto.

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Monday, October 30, 2006

Victoria's Secret, here I come



Mi libro es tan pero tan lindo que tiene una retiración de tapa que parece un vestido y que yo convertiría en un conjuntito de corpiño y bombacha divino. Sí, algo del estilo my panties match my hardcover, algo nunca visto. K dice que las florcitas son alcauciles, yo digo que son cardos. Después las repite al inicio de cada una de las secciones, pero en blanco y negro. Las cuatrocientas y pico de páginas no son blancas, son color manteca y de al menos 75g. On Beauty, de Zadie Smith, estuvo más de un año en mi mesa de luz y cosa rara, lo venía esquivando porque lo veía pesado. Pero ahora, además de tenerme contando las horas hasta el próximo subte casi desde la segunda página, este libro me tiene enamorada. Es una edición de Hamish Hamilton para Penguin Books, de tapa dura, durísima y es pesado. Es lo menos transportable que he visto. No se lleva bien con el subte, ni tampoco con el colectivo. A este libro le gusta quedarse en casa o tirarse al sol, panza abajo.

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Sunday, October 08, 2006

Mi mamá olía a Sapolán Ferrini

Los veranos tienen olor. Hoy leía la revista de rock siguiendo con detenimiento el texto, comprobando las palabras de mi traducción y los pocos cambios que habían hecho los peridiodistas al material y me dormí complacida al borde de la pileta. Soñé, creo que soné con algo que no recuerdo pero me desperté con un olor en la naríz. Era olor a la espalada de mamá en los veranos; una mezcla inconfundible de Sapolán Ferrini y Nude Bronze, un bronceador setentoso de Revlon al que siempre se le pegaba arena en la tapita. Conozco ese olor. Cuando mamá tomaba sol de espaldas con enormes anteojos negros para poder leer (siempre leía y siempre de espaldas o de costado y a veces hasta haciendo algún ejercicio casi inconsciente con una de sus piernas) yo me mojaba con la manguera o me metía en la pileta y después corría y me sentaba arriba de ella, muy chiquita con una pata a cada lado como en un caballito y le daba algún beso en la espalda de tiras de bikini desabrochadas y olía el Sapolán Ferrini. Y ella estaba caliente del sol y pegaba un grito de ay, ay, ay, estás helada y se daba vuelta con el cuello y me decía tirate acá al lado mío y golpeaba la toalla violeta con la mano y volvía a su libro. El libro siempre era (casi seguro) un Penguin anaranjado y blanco con letras en negro y el logito del pinguino en la parte de abajo del lomo. Yo les pasaba el dedo a todos en la biblioteca y eran distintos a los de Toti, los Penguin eran en inglés y eran los libros de mi mamá.

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Tuesday, December 20, 2005

Exilio


Todos los años y más o menos por la misma época llegan los exiliados, los exitosos y los fracasados, los obligados y los por opción. Este año no es la excepción y como siempre con T le robamos un café a alguna tarde de diciembre. Con el café T manotea su cartera y siempre sale un libro. Este dice:

Querida C,
A veces hojeando libros en mis 'bookstores' favoritos de Londres, te encuentro habitando mis pensamientos y sonrío pensando en nuestra amistad (...).
Que disfrutes esta historia. Always,
T

Me la imagino entrando abrigadísima en Waterstones, perdiéndose en ese laberinto alucinante, eligiendo los libros obsesivamente y poniéndose muy de mal humor cuando se clava con alguno. T es exigente y obsesiva de una forma que me saca carcajadas largas y ruidosas. Esta tarde con T, discutimos el short list del Man Booker Prize y no estuvimos de acuerdo con la elección de Saturday de Mc Ewan. Ella lo odió, yo lo defendí. T es despiadada, Ian salió perdiendo.
La llegada de T a Buenos Aires es indefectiblemente la llegada de mis mejores lecturas del verano.

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