Tuesday, July 07, 2015

Antes de la noche

Entre todo el Candy Crush de pastillas, Toti tiene un orden absoluto de colores, formas, horarios y pasos a seguir en la torpe coreografía de su Parkinson. Hay una caja de zapatos amarilla donde se guardan todas las cajas de todos los remedios. Algo así como una gran Babooshka amarilla. Cuadrada. La levodopa, que viene en frasco oscuro, también va ahí pero después, los frascos en desuso se acomodan uno contra otro en un estante de la biblioteca como si fuesen a tener un destino. No lo van a tener. Juntar polvo y ocupar lugar, dos cosas fatales. Están los pastilleros con los nombres de los días de la semana y sus cuatro compartimentos estancos para no confundirse. Salvo que en el primero van dos dosis de Levodopa porque hay una que manotea desde la cama y se coloca en la boca en sueños para poder empezar el día. Es la del arranque. Las demás, llevan nombres que no están escritos pero se las llama “las de las diez y media”,  “las de las siete y media” y así.  Si falta o sobra una pastilla, pondrá el grito en el cielo (un cielo bajito e inofensivo) y dirá algo así como que “aquí hay algo raro”.
Porque mi padre dice aquí y allí y contigo. Puede mirarme y decirme que “me gusta pasar tiempo contigo” como si viniésemos de otro país que no es este. Creo que es por mi abuelo, el hablaba así.
Me señala la vieja Underwood en la que escribía su padre y me recuerda lo que me recuerda siempre que siente que el final no está tan lejos. Empieza como un testamento anticipado de las dos o tres cosas que todavía le quedan.
-Esa después va a ser tuya. Anda perfectamente. Le hice arreglar la R. La cinta de la tinta debe estar seca o empastada. Pero bueno, es linda para mirarla…
Claro que es linda para mirarla. Está en lo más alto de la biblioteca, arriba de los frascos de levodopa y junto a un Mickey Mouse de goma que sostiene un maletín y una manzana roja en la otra mano.
Antes de irse a dormir tiene todo un ritual. Se arma una suerte de kit de primeros auxilios para no morir de sed durante la noche. Se trata de una caja de telgopor que supongo habrá contenido helado alguna vez, en la que le coloca un vaso de Starbucks de plástico en el centro (uno de esos transparentes en los que suelen servirte un frapuccino).  Alrededor del vaso para que no se caliente (es obsesivo de las bebidas bien frías) coloca una serie de hieleras plásticas selladas. Lo hace de forma tal que el vaso quede inmovilizado en el medio y no se vuelque, como rodeado de glaciares. Coloca la tapa. Arriba, pone su pastillero de plástico. Y así, con todo el kit armado, camina lentamente para depositarlo debajo de su cama y alistarse para dormir.
A veces, se le cae todo en el camino y tiene que volver a empezar.

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Thursday, August 14, 2014

40 años después

Mis padres se casaron en una capillita diminuta de Martínez, Santa María de La Lucila, que en realidad pienso que es La Lucila porque es a unas cuadras de Paraná que es sabido es la calle que divide una localidad de la otra. Santa María de La Lucila está en el medio de una placita, tiene un jardín en el que en esos tiempos (hace 50 años) podías hacer la fiesta y es una construcción “simple y austera” según las palabras de mi madre. Supongo que Toti accedió a casarse ahí a pedido de ella y ella lo habrá pedido para que sus padres no le rompan demasiado. 
Mi madre tenía puesto un vestidito de broderie mini (en esa época las chicas se casaban en minifalda) que nunca vi en foto pero usaba para disfrazarme de chica. De líneas simples y austeras como la capilla en la que se casó, creo que terminó reciclado en otra cosa. 
Tampoco hay fotos de la fiesta; sí una filmación desaparecida ya que los cameramen que mi padre (el director de cine) había contratado para la ocasión, se empedaron y perdieron las tortas (de película, no de boda). Y así fue que nunca vi ni una foto ni una película del evento. Es todo un cuento que tengo en mi cabeza y retazos de un vestido de broderie con el que jugaba.
Mi madre eligió la misma capilla para bautizarme, 10 años después, cuando yo era bastante grandecita. En las fotos ya tengo rulitos dorados y zapatos pequeñísimos con agujeritos en el frente. Y cara de terror. 
Mi madre me dice que mientras volvía de una reunión en Olivos ayer, pasó por la puerta de Santa María de La Lucila y decidió entrar unos 40 años después. Parece que el lugar sigue igual, la misma austeridad, las mismas paredes blancas. Dice que se sentó un rato, pensó en lo que había pasado ahí tantos años atrás, en los que ya no estaban, agradeció otro tanto (no es una mujer religiosa) y caminó el resto del camino hasta su casa. 40 años después.

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Wednesday, August 06, 2014

Verano

Está anocheciendo y mi madre está apoyada sobre la baranda del balcón mirando como el jardín se va oscureciendo. De a poco. Es verano, estamos de vuelta después de unas semanas en Uruguay. 
Apenas subimos con el auto a la entrada de la casa, de nuestra casa, se abre la puerta del frente. Sale mi abuela y una vecina. A la distancia ya se nota que mi abuela está llorando.

Cuando viajábamos mis abuelos solían cuidar la casa y cuando mis padres viajaban solos, yo quedaba adentro de la casa. Mi abuelo se encargaba de poner en marcha el auto para que no se muera la batería y juntos se encargaban de mí. 
Única nieta mimada.
Baja la vecina y se acerca al auto. Úlceras sangrantes, internado, mi abuelo. No llegamos ni a bajar y fuimos a verlo.
 Ese había sido el primer verano que me dejaron maquillarme: delineador negro y brillo trasparente. En segundos desaparece mi verano.

Tengo una vaga imagen de mi abuelo en esa cama de la clínica. La próxima es la de mamá mirando a la nada, al jardín oscureciendo, con lágrimas que le caen por las mejillas pero cara de indiferencia. No sé si le duele, está anestesiada, estuvo tomando, es obvio. Son esos ojos a media asta, los párpados cayendo un milímetro por debajo de lo normal. Yo la miro. Yo sé detectar esas cosas. Es un talento que conservo. A esa edad no conozco mucha gente a la que se le haya muerto su padre y miro atentamente a ver si puedo descubrir qué se siente. Tiene una tristeza silenciosa, muy polaca, muy alcoholizada, una tristeza sumisa sin escándalos.
 Con mi padre vamos a una cochería y hacemos los trámites. Para eso no soy demasiado chica parece. No sé si hay entierro, no me llevan. No sé cómo muere ni exactamente cuándo, sólo que años después, muchos (como diez) mi madre ya sobria tiene que presenciar como abren el cajón para "reducir" los restos. No se había reducido, casi nada, hasta el propio empleado del cementerio se sorprende. Más años para esperar y sacar ese nylon culpable que lo envolvía. Para ese momento ya soy mucho más grande y me imagino una escena más de Hamlet que otra cosa. Poor Yorrick pienso, y en cómo se verá un cuerpo diez años después de muerto.

Todavía más años después, cuando se muere mi abuela, mamá no quiere entrar a verla. No sé bien por qué. Yo sí. Entro, la miro. Tiene cara de muerta. Me beso dos dedos de la mano y se los apoyo despacito en la mejilla. La verdad es que no me animo a acercarle la cara y tampoco me parece necesario. Mentira que parecen dormidos, los muertos parecen muertes. Y cerosos.
 También viene papá al proceso. Como si fuésemos familia. Quiere estar dice, aunque hace años que se fue de casa. Pero después las decisiones las tomo yo y ellos quedan como dos mudos a mis costados.
Mi madre no puede enterrar a sus padres.

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Tuesday, October 15, 2013

Beautiful Monster

Resulta ahora que si escribo bien es por tal cosa de mi abuelo paterno o la similitud con mi tía Pirucha que es tan ocurrente. Las acuarelas que pinté el otro día son claramente "influencia de tu padre que es tan talentoso dibujando".  Canto "igual que tu prima, misma leve afonía". También vienen del lado paterno parecería lo mucho que gesticulo al contar, cierta facilidad para el relato oral y vaya a saber qué más, ¿no? Sumemos la nariz polaca de abuelo materno, el green thumb de mi abuela materna junto a su amasado de pastas y así hasta Adán y Eva...
Porque si bien jamás pretendí ser tratada como algún tipo de organismo unicelular de generación espontánea y reproducción asexual tampoco ser este Frankenstein genético en el que me han convertido.

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Friday, September 06, 2013

Hija 908



La familia esa que estaba todos los días, o parte de esa familia (padre, hijo y lo que parecía una tía) no están en los sillones como suelen estar. Son siempre los primeros y el señor es el que se acerca antes a la puerta cerrada de terapia intensiva a esperar que abran. Tiene cara de estar viniendo hace días y conoce todos los movimientos. En mi primer día él es mi guía. "A veces se atrasan" me dice y en cuanto la enfermera grita "Familiares de terapia intensiva" me hace una seña como para que vaya. Hoy no los veo en el lugar habitual de espera. Después los descubro en un sillón alejado, lloran. El hijo se agarra la cabeza (tiene dreadlocks largos) y camina desesperado, tanto que tengo ganas de ir a abrazarlo. Ni siquiera sé cómo se llama pero lo saludo todos los días.
El pasillo es largo con las habitaciones a la izquierda cuando lo caminás hacia el final. Son todas vidriadas así que podés ver perfectamente lo que pasa adentro de cada una. La de mamá es la última al final del pasillo. Cuando lo atravieso caminando a paso rápido para no ver mucho de lo que sucede en las peceras, después de apretar el dispenser del alcohol en gel que está en la entrada y todo el mundo respeta rigurosamente, sólo veo hombre, hombre, hombre, mujer, hombre, chica, mamá. En el primer reconocimiento sólo eso, apenas los sexos y las edades aproximadas. A la salida ya logro identificar el paciente de adentro con los familiares que esperan afuera.  Llego a la habitación de mamá, la última de la izquierda como la de Hannibal Lecter pienso, y vidriada y todo. Soy Agent Starling pienso también. Cuando la veo me reconoce inmediatamente y me saluda con los ojos.
En terapia intensiva no hay día ni hay noche, la temperatura es constante durante las 24 horas y el ruido nunca cesa. Eso parece que enloquece un poco a los pacientes que empiezan a perder conexión con la realidad y el mundo y si uno no supiese que es esperable y transitorio, podría decirse que psicotizan. Mamá está avisada (por mí) acerca de todos los riesgos de “este lugar de mierda” en un intento por atajar su mente y que se entregue al delirio. Aún así,  sucede un poco.
-Tuve los pensamientos más extraños. Me encontré armando un plan para informarle al cirujano que acá a todos nos están dando lo mismo.
-¿La misma papuza? le pregunto.
-Lo mismo de todo, les da exactamente lo mismo. Y en esas planillas rosas en las que anotan, anotan lo mismo de todos. Imagínate las cosas que pienso, casi le quería contar al doc, por suerte me detuve...
Mi madre sabe que delira y controla hasta eso con cierto éxito. Hay que sacarla de acá lo antes posible. Yo ya sabía que esto podía pasar pero aún así le pregunto al médico de terapia y me lo reafirma.
-Por eso ya la queremos sacar, no lo hicimos antes porque no hay cuartos pero ya está todo como para irse a un cuarto común.
Bien, están al tanto. Uno cree que los que no conocen a tu familiar como lo conoce uno no pueden detectar estos pequeñísimos cambios. Pueden.
Cuando salgo, la cama de la mujer que visitaba la familia que llora afuera está vacía. El último día tenía los ojos tapados con gazas y estaba medio despatarrada en la cama sin mover absolutamente nada. ¿No podría cerrar los ojos y por eso se los mantendrían cerrados con gazas aún viva?
A la noche cuando vuelvo ya hay un hombre durmiendo en su cama. No está tan mal como ella. Infartado, concluyo.
Cuando les dejo mi teléfono, a pesar de que les doy mi nombre y apellido, las enfermeras anotan “Hija 908” en la ficha de mi madre y mi teléfono al lado. Supongo que no quieren encariñarse con nada. Ni con nadie.


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Thursday, August 22, 2013

Round 4



Tengo un Red Label cuyo destino es básicamente el whiskola con Coca Zero hasta que aprenda a tomar whiskey como una mujer que se precie, como corresponde, como una Joan Crawford furiosa de cejas espesas. Nada de eso, el whiskola nomás, sin vasos revoleados por ahí ni fotos en conjuntitos que hacen "pendent" con el empapelado.
Cuando leí Mommie Dearest de la pobrecita de Cristina Crawford (hija adoptiva de la monstruosa Joan) estaba en plena época de rebeldía con mi vieja. Ella un día entró en mi cuarto y en plena pelotera me tiró "You're stuck with me. At least I'm better than her" y la señaló a Joan, ahí en la tapa del libro. Mucho mejor, claro, pero así era la adolescencia parece.
Me falta bastante para convertirme en esa mujer. A veces pienso que me falta bastante para convertirme en una mujer, punto, que sigo siendo una niñita (malcriada a veces, por mí misma ahora). Mi analista parece coincidir y cada comportamiento de mierda que tengo tiende a adjudicarlo a “esos aspectos infantiles que tenés a veces”.  El eufemismo psicoanalítico para pendeja de mierda tal vez.
Hay turno de cirugía. Una primer cirugía preparatoria este lunes en la que el cirujano intentará cortar los vasos sanguíneos del estómago, salvo por su irrigación principal y poder ver así en unos días, cómo respondió el estómago de mi madre para lo que sigue. Luego sacará el esófago (por completo, cortando donde marcaron hoy) y usará la parte más saludable de ese estómago para unir a lo que quede ahí arriba. Anastomosis.  Me aprendí la palabra. Como unir dos mangueras.
Nicolás estuvo sentado a mi lado durante la explicación.
-Vení con tu marido.
Eso había dicho el doc. 
-No tengo marido y no creo que pueda conseguirlo para la semana que viene pero tengo un buen amigo que puede hacer las veces de.
Parece que el cirujano no es exigente con los vínculos y aceptó. Nos sentamos en su escritorio y dibujitos de por medio explicó todo el procedimiento que yo entendí a la perfección, mejor que Nicolás creo, que preguntó si no había un tubo que pudiese colocarse en reemplazo. 
Porque soy yo la que puede decir anastomosis así de corrido y saber lo que quiere decir.
Y esofagectomía. Pero eso es una semana después. Y nada de hacerse la niñita. Llegó la fecha. Llegó el round 4.

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Friday, August 02, 2013

Revisionismo histórico: I Am the Captain of My Soul


Parece que vio Invictus el otro día en la tele.
-No que me interesase demasiado la película pero dado que tu padre jugó tanto al rugby y me comí tantos partidos...
La frase queda colgada en el aire, como autoexplicándose y disculpando su interés por un deporte que le trajo tantos dolores de cabeza. Ella prefiere el fútbol, el europeo de ser posible. Consume Champions League y puede dejar su lectura de Joyce por un Milan-Inter.
-El fútbol europeo es tanto más lindo, tantos más pases…otra cosa.
Supongo lo compara al local que también consume, aunque menos.
Me adjunta un mail con un poema, una frase de Morgan Freeman en la película le llama la atención y googlea. Le gusta la voz de Freeman (¿a quién no?) y la sorprende la tardía sensibilidad del bonito de Clint.
-Mirate los puentes de Madison si no…
No son de pasársele desapercibidas las palabras, como a mí. O a mí como a ella. En estos tiempos de revisionismo histórico es importante todo esto del huevo y la gallina y cada vez me encuentro más gallina, vine después de todo, llegué al mundo con una madre que ya había leído Joyce, Dh. Lawrence, Hardy, Fitzgerald, Faulkner y todos esos que yo iría descubriendo y releyendo con los años. Como dice una amiga, de un conejo no sale una gallina o tal vez es otra metáfora con otro animal. Pasan estos días y voy encontrando más cosas que nos hacen irremediablemente parecidas y otras que nos separan irremediablemente también. Soy un bicho raro a veces, a sus ojos. Le asombra un poco mi libertad, la celebra y a veces edita y baja línea. La ignoro, la obedezco, la escucho, le grito. Todo internamente y en silencio. Revisionismo histórico.
¿Qué serán otras de las grandes cosas que me quedarán de ella? Las maravillosas dedicatorias que escribió en cada uno de los maravillosos libros que me regaló.  De puño y letra, bien pensadas, bien escritas, bien dichas, cortas y al punto.
Ah, porque se ve que mi madre y yo, también podemos escribir.

El poema que me mandó esta mañana.

Invictus

OUT of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
 My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find, me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.


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Sunday, March 31, 2013

Family Ties


En esos cumpleaños, cuando ya se había ido todo el mundo, Toti decidía que las pocas que quedábamos podíamos jugar a las escondidas pero con una vuelta de tuerca. Era él el que te escondía en algún lugar y el resto tenía que buscarte. Pero el asunto no era tan sencillo: el tipo te trepaba, por ejemplo, a lo más alto de la enorme biblioteca del living, te ponía libros a cada costado y te hacía sostener un jarrón y jurar que te ibas a quedar quietísima y muda por el tiempo que fuese. Lo que sucedía, generalmente, es que el resto miraba en tu dirección y por algún motivo pasaba de largo con la mirada y no te descubría. También estaba el canasto de la ropa de lavar, hecha una bolita minúscula y silenciosa o de estatua detrás de los impermeables colgados en el baño de abajo. La clave era desaparecer, confundirte con el ambiente como para no llamar la atención, una práctica camaleónica de supervivencia que yo ya manejaba a la perfección.
Mi tío dice que su familia le parecía tan rara, tan ajena, que cuando jugaba en el fondo del jardín donde vivían cerca de la quinta presidencial, miraba la casa encendida y sus integrantes y pensaba:
“Algún día me van a venir a buscar, mi verdadera familia, estos no pueden ser en serio los que me tocaron.”
Dice que ya pensaba eso de muy chiquito, que había caído en el lugar equivocado. Si hubiese existido Spielberg supongo que hubiese manejado la cuestión alienígena, pero no, más bien pensaba en algunos seres bastante normales, muy humanos que iban a tocar el timbre un día y rescatarlo.
Mi padre que lo quiere mucho porque a los hermanos se los quiere y además el quiere porque quiere, dice que de chico era un mierdita que le rompía las muñecas de porcelana a mi tía, les rompía la boca con una cuchara y decía que era porque las estaba “operando de la garganta”. Por suerte Freud no caminaba por Olivos, todavía.
Mi viejo se fue tarde de esa casa, demasiado. Antes, vivió solo en un cuarto que había en el fondo del jardín porque mi tío se había "casado de apuro" y hasta conseguir lugar donde vivir se quedaron todos ahí. En dulce montón. Como en una telenovela barata de la media tarde en canal trece. Mi viejo también miraba la casa desde el fondo del jardín, pero no fantaseaba rescate (supongo) y según mi madre se quedó demasiado. De repente nunca se fue y simplemente se casó con mi madre y fingió crecer, dirigir cine, ganar plata, perderla y ser mi padre. 

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Saturday, February 09, 2013

Mujeres de lindos pies


-Es un lindo trapo ese.
Asumo que se refiere a la pollera esta, desflecada en el dobladillo. Los dos miramos a la vez hacia abajo.
-Tenés lindos pies vos, como tu madre. Hay que cuidar los pies.
Mi padre tiene esta obsesión con los pies. Cada  vez que tengo sandalias (que es más o menos todo el verano) me los mira con cuidado y va comprobando año a año que están igual o parecidos a lo que se veían cuando era chica. Supongo que sufre los propios, como muchas otras cosas pasadas los ochenta pero los pies le preocupan particularmente. Siempre me dio gracia. De chica nos criticaba a mi madre y a mí por andar todo el veranos descalzas. “Como dos indias” decía. Después venían los largos cuentos acerca de las bailarinas y sus pies dañados. No sé en qué momento vio tantos pies. O tantas bailarinas. 
Cuando yo tomaba clases de ballet, me apuraba a llegar antes al vestuario para sentarme al lado de la profesora (Poli, una colorada longilinea que didn’t quite make it to the Colón) y poder ver bien de cerca cuando se sacaba las zapatillas de punta. Miraba desde mi banco, con las patitas colgando, cómo Poli iba desatando con una habilidad envidiable las cintas de raso rosa Dior, se bajaba las polainas y descubría un pie. Era un pie sufrido, claro, años de estar parado de punta, pero era un pie de bailarina y en algún lugar su falta de perfección lo hacía más lindo. Aún así, abandoné el ballet tempranamente. Era buena en la barra y en el centro pero como en el piano, la disciplina y el esfuerzo no eran lo mío y me di cuenta rápido.
Mi padre hace que ponga el pie de costado.
-Tenés buen arco.
Y se supone que yo debería estar orgullosa de mi buen arco. Ya hemos tenido esta conversación varias veces. Se repite. Pasamos por los pies de mi madre, las bailarinas, reviso su medicación.
-Te falta Levofloxacina y un Madopar más, de esos tomás 5 por día…
Se sorprende.
-¿Cómo sabés?
-Porque sé, Toti, porque sé.
Y anoto. Eso y Rifampicina. Lo abrazo largo y bajamos juntos. Me felicito por la normalidad con la que me manejo. Se va a su café con Quique. “Son novios” le digo.  Se ríe y camina bastante destartalado hasta Austria siempre al borde de desmoronarse. Cada dos o tres pasos mira para atrás para verificar que yo esté bien. Cada dos o tres pasos yo me doy vuelta para lo mismo.

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Wednesday, January 16, 2013

Gente como uno

Mi padre me dice que fue a Belgrano a hacer "acto de superviviencia" por su jubilación.
-A acreditar que estoy vivo…
Después me dice que llegó a su casa, se miró en el espejo y no se encontró.
-¿Habías desaparecido?
-Aha, por completo.
-¿Y dónde estabas?
Ya no me acuerdo qué me contesta pero seguimos teniendo esta conversación completamente ridícula que sería preocupante a oídos ajenos salvo que a mí me deja tranquilísima que ésta, ésta es la más absoluta normalidad.

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Wednesday, October 31, 2012

40 años después

Mis padres se casaron en una capillita diminuta de Martínez, Santa María de La Lucila, que ahora que lo pienso es La Lucila porque es a unas cuadras de Paraná que todos sabemos es la calle que divide una localidad de la otra. Santa María de La Lucila está en el medio de una placita, tiene un jardín en el que en esos tiempos (hace 50 años) podías hacer la fiesta y es una construcción “simple y austera” según las palabras de mi propia madre. Supongo que Toti accedió a casarse ahí a pedido de ella y ella lo habrá pedido para que sus padres no le rompan demasiado. Creo que desaprobaban la elección de marido. Mi madre tenía puesto un vestidito de broderie mini -en esa época las chicas se casaban en minifalda- del que nunca vi una foto pero usaba para disfrazarme de chica (también de líneas simples y austeras como la capilla en la que se casó). Tampoco hay fotos de la fiesta. Tal vez una filmación desaparecida ya que los cameramen que mi padre, el director de cine, había contratado para la ocasión se empedaron y perdieron las tortas (de película, no de boda).
Mi madre eligió la misma capilla para bautizarme, 10 años después, cuando yo era bastante grandecita. Tendría un año. En las fotos tengo rulitos dorados y zapatos pequeñísimos con agujeritos. Y cara de terror. Mi padre hizo algún papelón durante el evento, seguramente cuestionando la presencia del pecado original en su ser angelado o presentándose como "Toti, qué tal muchos gusto encantado" cuando alguien se acercaba a darle la paz como lo hizo en mi comunión. Esa fue la segunda vez que me convencí que terminaríamos todos ardiendo en el infierno de los herejes.
Mi madre me dice que volviendo de una reunión en Olivos ayer, pasó por la puerta de Santa María de La Lucila y decidió entrar unos 40 años después. Parece que el lugar sigue igual, la misma austeridad, las mismas paredes blancas. Dice que se sentó un rato, pensó en lo que había pasado ahí tantos años atrás, su casamiento, mi bautismo, en los que ya no estaban, en que ella sigue de pie, agradeció otro tanto (no es una mujer religiosa) y caminó el resto del camino hasta su casa.
40 años después.

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Tuesday, August 28, 2012

Family Ties 1


Las vueltas son raras, las de la vida digo. En las otras, en las segundas vueltas no sé si creo. O sí. Quién sabe y a quién le importa de todas formas.
En esas vueltas de la vida en las que me encuentro, ando rastreando pasado, trepándome a las ramas del árbol genealógico. Subiendo. Nunca me gustaron las alturas. Será por eso que no llego lejos.
Hay un barco que llega de Polonia. Hay una mujer joven, jovencísima, que pierde su nombre en el camino. Una mujer que nace Catalina y cruza el Atlántico como María. Arriba de ella una Aneshka y no mucho más sin llamar a Polonia y enterarme. Es la mujer que esperaba llegar a Boston y busca a sus hermanos en el puerto de Buenos Aires. Es la que se equivoca de barco en Francia. Es la mujer que jamás los encuentra y nunca los vuelve a ver. Es la mujer de los ojos increíblemente azules, de mirada dura salvo cuando me miraba a mí. Es la que adoré en la infancia y peleé (inmaduramente) en mi adultez por haberme dado una madre herida.
Es mi abuela.
Es la mamá de mi mamá.
Y el domingo, la volvimos a enterrar.

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Sunday, August 05, 2012

Súper 8


La mujer de la filmación es rubia, tiene el pelo corto (no cortísimo como yo pensaba) y unos enormes anteojos redondos de vidrio azul. Hay viento. Ella camina por la playa y cada tanto se da vuelta y mira a cámara sonriendo. Lindos dientes. Cuando se aleja, la cámara la toma de atrás. El pantalón azul, la remera apretada, la cintura diminuta. Se vuelve a dar vuelta. La cámara se acerca. Tres cuartos americano y de repente toma un primerísimo plano de su cara y de nuevo la sonrisa con labios pintados apenas en un color medio nacarado tan típico de la época.
Es mi mamá. Camina por La Mansa en Punta del Este y Toti la sigue con la cámara, una Súper 8 que después fue mía junto a una moviola que aprendí a usar perfectamente (cortaba y editaba a mano con tijerita y scotch) y que ahora no tengo ni la menor idea de dónde podrán estar. Me da miedo preguntar, me da miedo ser la responsable de haberlas perdido. Y lo peor es que creo que es así, que las perdí. Esas cosas no vuelven, les perdí el rastro.
El material ya está en DVD. Lo puedo adelantar y atrasar a mi voluntad. Desde la silla de al lado mi viejo pone play pero me deja los comandos. Soy mucho mejor con el mouse.
Ahora son tomas de mamá en la playa en bikini.
-Mirá qué gambas, esa cintura…Brigitte Bardot parecía…
Mamá está de espaldas, mira el mar de brazos cruzados. Tiene una bikini rosa, ese cuerpo perfecto, el pelo cortito y rubio volado por el viento. La cámara la va recorriendo como enamorada. De repente me incomodo, como en medio de un momento demasiado íntimo, entre mis viejos encima. Toti mira fascinado a esa mujer de la que se enamoró hace más de 50 años.
-Mirá lo que es tu mamá…
Yo apenas la reconozco, es la misma de las fotos, sí, pero en movimiento. Sí reconozco su forma de andar, cómo se para con la mano en la cintura, los brazos cruzados, las manos y las uñas. Por lo demás es una mujer en la playa. La intimidad del momento me sigue perturbando un poco, era una filmación para ellos, esas cosas de sonrisas cómplices a la cámara y mi vieja un poco tímida siempre, retraída y medio inconciente de su propia belleza.
Toti pone pausa. Mamá está quieta, sólo vemos su ombligo y la bikini.
-¿Ves? Mirá como le filmo la panza yo. Estaba recién embarazada de vos. En octubre de ese año naciste.

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Monday, July 23, 2012

No hay mal que

Cuando le llevo unas cosas a mi viejo no resisto ese abrazo que me quiere dar siempre (y yo mantengo alejadito como haciendo una palanca disimulada) y me dejo abrazar. Y lloro. Y en mejores palabras le digo que le agradezco que no me rompa las pelotas y me deje cuidar a mi vieja como lo está haciendo. Y el abraza más fuerte que de costumbre (supongo que feliz de que me deje y lo deje actuar de padre), me deja llorar, llora un poco sin ruido y me dice algo así como "cuánto te quiero yo a vos, carozo" y después me dice gracias, por cuidar a mi vieja. Que raro es todo.

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Sunday, June 17, 2012

Ricardito



Mi padre me cuenta un sueño que tuvo. Estamos sentados en la mesa con los restos del té que tomamos juntos. Cada tanto me agarra las manos y me dice algo de "qué lindas manos tenés, siempre prolijitas. Las manos en una mujer son importantes". Les da un beso, uno a cada una y sigue con su sueño. Presto poca atención salvo cuando dibuja en el papel. Ahí la cosa se pone mejor porque aún a la edad que tenemos ambos y cada uno la suya, nos siguen divirtiendo los dibujos. A mí especialmente el verlo agarrar el lápiz mina, darle una sacudida justa como para que baje un punto la mina (debe ser una 0.5 2B porque es bien blanda y escribe oscuro). Dibuja la suela de un zapato (perfecto) y en la suela escribe algo como Henry Smith. No sé si una marca real de zapatos de antes o parte del sueño.
-Y en el sueño yo pensaba y me decía a mí mismo “Son como los zapatos que usaba Ricardito”.
Y dice “Ricardito” como si estuviésemos hablando de algún tío o íntimo amigo que todos, o al menos los miembros de la familia, deberíamos conocer. ¿De quién habla? Empiezo a pensar que es un personaje de ficción. Cuando estoy por preguntar quién carajo es Ricardito veo que jadea un poco y en el momento menos pensado llorisquea.
Resulta que Ricardito era un vecino de la cuadra desde que nacieron, hijo de un psiquiatra del barrio. Ricardito fue “adoptado” por la familia de mi viejo, sobre todo por Toti como era de esperarse, que se encargó de ensañarle a andar en bicicleta (teniendo apenas un poco más de edad). Va a pasar un rato hasta que entienda que lo de "adoptado" es una forma de decir. Toti andaba con Ricardito a cuestas a todos lados, lo defendía y lograba que lo reconozcan y respeten dónde fuera (esto me lo dice mi madre más tarde).
-Hasta al Club Olivos con todos sus amigos.
Ricardito tenía alguna discapacidad física (Toti dice espástico, no lo dice pero se mueve en forma grotesca en su silla y yo digo la palabra). Ricardito se pasaba el día en su casa. Toti me cuenta cómo fue enseñarle a andar en bicicleta. Toti siempre enseñó a andar en bicicleta. Lo hizo conmigo, mi amiga Sofía, esa otra chica que entró tarde al colegio y a la que nadie le hablaba, con mi vecina de la esquina, los nietos de su ex mujer, su hijastro.... Para Toti andar en bicicleta es un asunto importante de la infancia se ve, y nunca, desde que fue muy chiquito, dejó que ningún chico a su alrededor se quedara sin aprenderlo. Ricardito y mi padre y mis tíos fueron creciendo juntos. Toti llora, cada vez entiendo menos. Es un rarísimo día del padre.
-Es que Ricardito se tiró abajo del tren. Se mató. No pudo aguantar.
Lo consuelo desde mi silla, tratando de hacerle entender que era algo inevitable supongo. Más tarde llego a casa y llamo a mi madre. Le cuento que Toti está sensible, le pregunto si será la edad, "esto de llorar" le digo. Le pregunto de Ricardito y le cuento de la culpa enorme que dijo sentir mi viejo con él.
-Dice que se quedó con culpas…
-¿Toti? ¿Justo él? Si lo llevó con el toda su vida, le enseñó a andar en bicicleta... hasta me llevó a mí a tomar en té con Ricardito y su padre un día. Ya estábamos de novios…
Iban pasando los años y en algún momento todos crecieron y “llegaron las minas”. Mi madre dice que “he must have felt really awkward”, que todos siguieron con sus vidas y que Ricardito no pudo más cuando se dio cuento que jamás iba a tener la vida de ellos. Dice que mi padre no debería sentir culpa (hasta creo que le da un poco de lástima que la sienta). Con todos los reparos que ella pueda tener con Toti, siempre reconoció eso del buen tipo, de la gran persona.
Me imagino la calle Villate y mi viejo chiquito de pantalones cortos y anteojitos gruesos empujando una bicicleta con un chico arriba. Viéndolo cómo se pierde a la distancia. Me acuerdo de la casa, ahí nomás de la Quinta. Me madre cierra el cuento, aporta esos otros detalles que lo hacen más siniestro.
-Se tiró abajo del tren, del Mitre. Fue una cosa meditada, muy decidida yo creo, sabía exactamente lo que estaba haciendo.
A veces la gente de Olivos decide morir debajo del tren.

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Monday, March 26, 2012

Niagara

Tengo cuentos tristes de mi padre. Cuentos en los que es chiquito y el único de tres hermanos que cuida a su madre. Diminuto, se sienta a su lado a verla tejer y agarrarle la mano porque sabe que sufre. El del medio. Es el que sube las escaleras de la casa (¿Malaver era?) a los 4 años y pregunta emocionado “¿Hoy ya es mañana?” porque había no sé que promesa para mañana.
Mi abuela me contaba los cuentos con ojos de madre y de abuela y creo que me trataba de decir que a a mí me había tocado el más sensible de todos. O puede que no me haya querido decir nada, sólo eso, que era el que se quedaba las noches en vela al lado suyo cuando lloraba. Consolándola.
Hay más cuentos tristes. Pero estos me los hizo mi madre acerca de mi padre. Ella me los hace con la intención de que comprenda y perdone, comprenda y perdone, comprenda y perdone. Yo comprendo y perdono, no entiendo un carajo y no perdono una mierda. Por turnos. ¿Todo hay que comprender y perdonar? Eso parece.
Lo estoy acompañando ahora a operarse de cataratas, esas sombras blancas en los ojos que hacen que no veas claro. Yo me acuerdo de cuentos tristes para tener paciencia. Comprender y perdonar y también ver las cosas más claras.

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Monday, February 13, 2012

Envenenada

La cosa es así. Un día, sí, UN día en el año vos te sentís mal. Te duele la panza, te retorcés en la silla y no te quejás demasiado porque no es tu estilo quejarte demasiado. Porque básicamente te rompe las pelotas la gente que se queja.
Y entonces, cuando llamás a tu padre para ver cómo está (porque esto no dejás de hacerlo, claro, más allá del retorticón) tal vez con la idea de que tu malestar lo distraiga de su larga lista de males que se encarga de repetirte en cada conversación (cada beso, cada abrazo y completo la canción), que lo distraiga y por qué no que pregunte, que se interese, que desenfoque la fascinación con el propio ombligo y traslade; a mí me funciona al menos.
Pues no. Más malestares. Propios y ajenos. No olvidemos que también hay tías y tíos con padeceres. De repente cualquiera diría que esto es una competencia.
Y siempre fui tan mala compitiendo.
Tan mala que dejo ganar pero lo hago con bronca. Resentida.
-¿En algún momento registraste que la que se siente mal soy yo? Digo, ¿puedo?
Victimización. Hay que sostener el personaje. De los dos lados.
Para lo que definitivamente tengo talento y gano siempre es para la culpa (ahí les rompo el culo a todos) y dos segundos después cuando registro la voz quebrada del otro lado me toma por completo y la ejerzo como si fuese un derecho universal del niño (de 41).
Me había hecho una firme promesa a mí misma en algún momento del año pasado. Pero se ve que a veces, hasta cuando compito conmigo misma, pierdo.

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Tuesday, February 07, 2012

Too much information


El cuentito iría más o menos así:

Resulta que mi padre le pidió amistad a mi madre en Facebook. Resulta que mis progenitores ahora son amigos en Facebook (sí, a los botes). Resulta que mi padre (probablemente sin saber que es eso lo que está haciendo) le manda dibujitos de su autoría a mi madre. Resulta que son angelitos. Desnudos. Resulta que yo cierro todo en cualquier momento.

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Wednesday, February 01, 2012

Los lentos y la luz del living



Si hay dos cosas que les debería remar a mis viejos es que comían con velas y bailaban lentos en el living. Con toda la incomodidad que eso significaba. Con las velas me costaba distinguir la comida en el plato y cada vez que las prendían o elegían especialmente esos restaurantes que las tenían en las mesas, me quejaba un rato y manteníamos una discusión al respecto. No tenía absolutamente ningún sentido para mí tener que acostumbrar la vista a la penumbra. Una cosa de viejos. Yo tendría unos 7 años así que la discusión no duraba mucho y me callaban con eso de “algún día vas a entender”. La cosa es que algún día la entendí y mi casa suele parecer el día después de un ritual umbanda aún cuando circulo sola en pijama por el living (el de antes y el de ahora). Luz redonda, claro.
Lo de los lentos en el living creo que incomodaba más que las velas como sólo cualquier tipo de acción entre los padres puede incomodar a un hijo. Digo, era bueno saber que se querían y todo pero con saberlo estábamos todos contentos; demostraciones públicas no. Pero a veces, yo me iba a dormir temprano y si por algún motivo me despertaba y escuchaba la música sonando en el living, bajaba en puntitas de pie por la escalera y espiaba. Ahí estaban, mi vieja apoyada en el hombro de Toti, él que la abrazaba por atrás, bailando, despacito. Toti tarareaba la música y mi vieja tenía los ojos cerrados. Sonaba Shirley Bassey en un disco y la música salía por los parlantes bien arriba cerca del techo. Un sonido impecable. El living de casa era medio Mau Mau. I love you, hate you, love you, hate you, love you, but I want you, till the world stops turning. Nunca me vieron. Y algún día también entendí.


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Monday, January 30, 2012

Dust to dust


Es su cumpleaños y recorro el mini jardín de su casa de Acassusso. Si hay algo que puede decirse de mi madre es que nunca debe haber envidiado el pasto del jardín ajeno, nunca más verdes que los de ella, nunca más acolchados. Tanto que éste parece una alfombra, tanto que tengo ganas de sacarme los tacos y caminar descalza entre sus invitadas, entres las teteras que salen calientes de la cocina con Earl Grey. No lo hago claro, no vaya a ser que quede como la hija hippie que chifló y necesita caminar descalza para contactar con la naturaleza.
Recorro con un poco de envidia sus plantas, sectores que parecen una mini selva. "Es la sombra" me digo a mí misma y pienso en mi balcón de sol imposible que sólo admite crásulas y suculentas varias. Busco la alegría del hogar donde habían ido a parar las cenizas de mi abuela que fueron enmacetadas con la mudanza. O ese cree mi made al menos. Entre tetera tetera la miro.
-¿Y Granny?
-En la maceta con la disciplinada que está ahí...
Me señala una maceta alejada. Que poco apropiado que mi abuela haya ido a parar a una "alegría del hogar" y más tarde a una "disciplinada". A mí me iría la primera, definitivamente no la segunda.
Miro la planta creciendo abajo de un árbol. Mi vieja se ríe con sus 17 amigas invitadas y cada dos minutos pierde el foco de lo que iba a buscar a la cocina. Veo que la herencia está repartida. No es el único gen colgado.
Agua le digo sólo con la boca, agua para el té. Y por si no entendió le hago gestito de regadera que quiero creer que en contexto ella interpretará correctamente como tetera.
Se va riendo a la cocina, la veo caminar de espaldas en su vestido turquesa y sus chatitas. Supongo que mi abuela desaprobaría el escote y que esté con Rayban aviators adentro de la casa. Es que con sus ojos claros, sufre el sol. Por si me escucha.

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