Saturday, July 16, 2016

Brontosauro

En la terraza hay ropa recién lavada que se mueve apenas con este viento de verano y se seca al sol. Estos buenos algodones que a mis ojos “no requieren plancha”. Soy muy rápida para aplicarle esa etiqueta a la ropa: mucho más fácil atribuírselo a los 300 hilos peruanos que a mi propia vagancia.
Mi abuela no estaría de acuerdo. Todo era planchable, hasta una bombacha que nadie llegará a ver. En lo único que he sido obediente es en la parte del secado al sol. Nada lo reemplaza. Los días de sol eran canastos y canastos que viajaban desde el lavarropas a la terraza ardida de mi abuela para secarse por turnos, doblarse y recién ahí guardarse en los cajones con sobrecitos de lavanda envueltos en tul.
Mientras los algodones  flamean más livianos, me llega el perfume del agua invisible que se va evaporando. No el costoso “olor a limpio”  que intentan inyectarle a fórmula de Ariel si no este olor a secado al sol que ningún científico perfumista puede envasar jamás en ninguna botella.
Todo esto mientras leo un genial prólogo de Nicholas Shakespeare a In Patagonia de Chatwin. Me divierto con una anécdota diminuta de la fascinación de Chatwin con un pedazo de cuero con pelos rojos en una vitrina en la casa de su abuela. Cuando preguntó de qué se trataba (era demasiado chico para leer el cartelito escrito a tinta medio borroneada que lo identificaba) le contestaron “un pedazo de brontosaurio”. Y ese pedazo de brontosaurio se convirtió en lo que más quiso poseer en el mundo.
En mi casa materna había una cabeza de hacha perfecta de una piedra marrón muy lisa y pulida y un borde filoso esculpido un poco rústicamente pero de todas formas peligroso. Era un pisa papeles o al menos ese era el irrespetuoso uso que  se le dio miles de años después. Yo también pregunté muy temprano de qué se trataba.
-Una cabeza de hacha prehistórica.
La habían encontrado familiares campesinos de mi abuela materna en Francia. El arado las levantaba todo el tiempo y esta en particular fue un regalo que trajo mi abuela de su única visita a Europa después de las guerras a visitar lo que quedaba de su familia. El hacha viajó a la Argentina y con el tiempo se mudó a casa de mi madre y con su peso pasó a sostener papeles en su lugar.
Un día robé la cabeza de hacha y la escondí en mi mochila para llevar al colegio para un proyecto sobre la prehistoria.
¿Quién en todo el colegio podía ser poseedor de algo como esto? ¿Quién tener en su propia casa una herramienta que había pasado por las manos de verdaderos hombres de las cavernas? Un utensilio que, como mínimo, había sido usado para cortajear el grueso cuero de un mamut recién cazado. ¿Quién?
Con tanto manoseo, y después de haber sobrevivido no sé cuántos años de historia humana, el hacha se cayó sobre una de las baldosas del colegio y se le desprendió un pedazo. Chiquito, casi como un chispazo que parecía haber sido quitado por el mismo tallador pero que yo intenté pegar sin éxito con Voligoma y disimuladamente devolví a su lugar. La culpa era enorme, como haber derribado por una distracción todos los huesos de un enorme T Rex exhibido en un museo de Ciencias Naturales a vista de todos. Igual pero sin el estruendo.
El cachito terminó desprendiéndose definitivamente y nadie pareció notarlo. Con los años le perdí el rastro al hacha y asumí que no había sobrevivido las mudanzas familiares. Hace unos meses, en un almuerzo en lo de mi madre, se me ocurrió abrir un cajón en busca de las cucharitas de café del “juego bueno”. Ahí estaba, en medio de ese cajón entre los cuchillos de plata. Pensé en robarla por segunda vez pero no era urgente. Ahí estaba, igual que siempre, mi “pedazo de brontosauro”.


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Tuesday, August 05, 2014

Vuelvo

Sin frente marchita ni nada que se le parezca. Con un corte de pelo, apenas. Y apenas unos centímetros más corto. Nada drástico. Una cobarde, claro.
Y un montón de anotaciones que van desde papelitos sueltos, cuadernos viejos, dorsos de presupuestos en borrador y en la última página de mi Moleskine correspondiente al 31 de diciembre que viene así como de regalo por si las moscas y nadie usa. Porque para ese entonces ya cualquier persona de bien tiene su nueva agenda y con ansiedad por estrenarla y ese día no se usa porque no pasa nada. Ese día termina el año y punto. Ese día puede usarse para escribir. Yo escribí ahí. También en unos espacios por encima de la conversión universal de medidas, los talles internacionales, los códigos de discado, un planisferio con los husos horarios y la duración de vuelos internacionales. Todo inútil. Todo garabateado con mi letra, desprolija pero con dejo a colegio inglés y años de tortuosa caligrafía. Renglones y renglones de cursivas mayúsculas y minúsculas hasta llegar a la perfección bajo el ojo meticuloso de Mrs. Henry que era de History pero igual no le gustaba mi letra.
Dudo que alguien se acuerde de lo complicada que era la H cursiva mayúscula. Yo me acuerdo. No la uso más como se debe pero me la sé a la perfección, con todas sus curvitas y sus idas y vueltas como la E que no es un simple rulo. No, no.
Ahí escribí. Y en un montón de pedacitos más que iré transcribiendo. Si vale la pena. O no.
Pero volví.
Y escribí. Hasta en un 31 de diciembre que todavía no llegó.

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Wednesday, October 16, 2013

Desnudos y derrumbes


La gente odia que le cuentes los sueños pero de alguna forma se las ingenia para contarte los propios. Debo hacer lo mismo. De hecho, siento que tengo que hacerlo por si me lo olvido antes de la próxima sesión, hasta llegar a vomitarlo sin espacios ni comas ni límites de caracteres. Sobre todo uno como el de anoche en el que sueño con mi vieja casa de Mansilla, diminuta ella en sus dos diminutas plantas, casi tal cual era en la realidad (como si eso importara en un sueño) y una gotera insoportable que caía desde la bañadera llenándose en el piso de arriba, tan insistente y dañina que hacía que se caiga el techo entero. No un derrumbe, si no simplemente como perdiendo toda una capa en una única pieza bien prolija. Y yo pensando que debería venderla, aún en estos tiempos de dólares inciertos,"no puedo mantener dos casas y una con expensas". Los asuntos oníricos deberían ser menos mundanos, hasta recuerdo la cifra adeudada. ¿Si es significativa esa cifra, en términos interpretativos? Por supuesto. Redondita en sus 4 cifras.
La casa está vendida y ya no es mía. Vaya a saber qué son estos techos que se derrumban ante mis ojos en sueños.
El me hace las preguntas más insólitas y terminamos teniendo conversaciones ridículas mientras una banda ancha defectuosa nos deja por turnos congelados en pantalla vaya a saber con qué gesto en la cara. Que feo no poder controlar eso tampoco, el rictus con el que te va a congelar el Google Hangouts. El otro día le cuento que cuando duermo sola no puedo dormir completamente desnuda y una raída musculosa blanca 3 Ases es a mí lo que el Chanel Nro.5 a Marilyn. Distinto es dormir acompañada y seguir de largo después de una noche de sexo. Como que el haber cogido te da la licencia.
-Como si quedase muy expuesta, ¿ubicás? Si duermo con alguien sí, pero sola no, me tengo que dejar algo puesto siempre. Por si acaso...
Los hombres no entenderían algo así "porque no tienen estos miedos" pienso.
¿Por si entra alguien? ¿Por si hay un fuego repentino? ¿Un llamado en la mitad de la noche que me obligue a salir disparada al medio de la calle?
Y esta puta costumbre de querer controlarlo todo. Los derrumbes y los desnudos.

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Thursday, October 10, 2013

Otro 10 del 10

Y van 43.
Este viene manso y tranquilo.
Y yo, muy por el contrario, rebelde y alterada.
¿Buen timing, no?

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Sunday, September 22, 2013

Charlotte Censored

Escribo cosas impublicables. Censurables. Deshonro mi propio Uncensored y censuro hasta el hartazgo, hasta dejar la pantalla en blanco. Censuro hasta empezar de cero cada vez. O guardo en documentos en rincones de esta máquina a los que va a ser imposible acceder como si así dejaran de existir. Y puede pasarme que en un futuro sea como meter la mano en el bolsillo de atrás de ese jean y encontrar así de la nada un billete que ni sabías que habías perdido. Mejor, abrir esa agenda vieja y darte cuenta que en la solapa había escondido un billete de cien dólares, dobladito y tan bien guardado ahí que sobrevivió los años y vos ni te habías acordado que existía. Estoy haciendo eso con lo que escribo, viendo si en un futuro se puede leer, sobrevivir la devaluación.
Y sorprenderme.

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Thursday, June 27, 2013

Intoxicada


Yo pintaba platos esa noche. Un día había visto una mina que lo hacía y como con todo, yo miro dos minutos y me creo (la mayoría de las veces engañada) que lo puedo hacer. De ser así hubiese sido patinadora, esas que hacen figuras caches sobre el hielo. Básicamente lo hice para levantarme a un chico que me gustaba. ¿Es que acaso existe alguna otra motivación que el sexo para hacer locuras? Entonces anoté los elementos que tenía que comprar, partí con mi listita y volví con miles de pigmentos en polvo de nombres maravillosos como “Azul de Prusia” que se tenían que mezclar con un aceite. Ponías el polvito en un plato, dejabas caer unas gotas del aceite, mezclabas con una espátula diminuta y estaba el esmalte listo para usar. En el plato blanco había dibujado en negro (a mano alzada) y con pincel fino iba pintando, llenando los espacios como un vitraux salvo que en el horno el negro desaparecería por completo. El aceite tenía un dejo a clavo de olor y alcanfor (fuerte) que te iba mareando a las pocas pinceladas. Obviamente yo pintaba con la tele encendida porque soy una artista a medias y siempre lo fui. En el noticiero pasaban el caso de un chiquito que se había caído en un pozo muy profundo en un barrio que ya no me acuerdo. Hacía horas ya estaban tratando de rescatarlo, pasando agua y no sé qué cosas más. Yo escuchaba de fondo y cada tanto levantaba la mirada del plato lleno de colores como para descansar del alcanfor y el clavo y veía las imágenes en la televisión.
Pinté muchas horas; la tele siempre de fondo. Cuando puse a secar el último plato, sacaron al chiquito del pozo. Estaba muerto. Hay varios olores a muerte en mi cerebro confundido. El alcanfor y el clavo de olor, por ejemplo.

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Wednesday, April 24, 2013

No Method to My Madness


Creo que hago todo -cantar, cocinar, escribir y pintar- más o menos con el mismo método: ninguno, el sin método aplicado. No creo que sea algo necesariamente bueno. De hecho, en ocasiones lo extraño. Como cuando apoyo un pincel cargado y esa mancha que queda no tiene nada que ver con la que había pintado en mi cabeza. O esa oración larga, cacofónica y sin arreglo que dejo morir ahí porque no tengo método posible de resucitación. Sin CPR para la escritura. O ese curry soso de quínoa que salió esa vez y no había sal ni especias ni cardamomo de Bengal ni polvo milagroso de no sé donde que lo volviera de un estado de compota maléfico y terminal. Al tacho. O cuando canto con Juan y siete veces me tiene que marcar la entrada en Lovesong de The Cure, levantando cejas como para darme la señal, separando en sílabas, marcándome con su zapatilla sobre la alfombra de casa y yo mirando sorda y odiándome con eso que sale tarde de mi boca. Afinado al menos.

Pero a veces, sólo a veces, cae una gota de color en la esquina perfecta, el papel se comporta como un buen verjurado de 300gramos, las cebollas se caramelizan a tiempo, se tiñen con vino tinto y por la temperatura derriten apenas el Brie y ese párrafo cierra perfecto después de ese punto y cantamos una versión de lo más presentable de "Dance me to the end of Love" de Cohen, tanto que yo grito excitada un grabémosla, please. Pero a veces, sólo a veces.




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Thursday, January 31, 2013

Nadar abajo del agua II

En el auto me agarro de la manijita esa que cuelga del lado del copiloto que siempre asumo fue creada para una mujer; una mujer que no se banca la velocidad y se agarra, se aferra, para ver si puede controlar algo. Me agarro entonces y apoyo la nariz en el antebrazo como para distraer la mirada del frente. Olor a cloro en la piel y en el pelo, olor a infancia y domingo aunque sea un jueves.
Al final del verano, cuando era chica, las puntas rubias del pelo se me ponían casi verdes por el cloro que se acumulaba después de días y días nadando abajo del agua. Porque creo que en el verano me pasaba más tiempo abajo del agua que arriba.
-¿Marco…?
-Polo.
-¿Tierra?
-Nadie.
Yo siempre estaba abajo del agua, nadando a toda velocidad, escapándome de algo.

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Friday, September 07, 2012

Ojos que no ven

Mientras tanto por las noches yo sueño con mujeres muertas y las muertas tienen sus bocas tapadas con pañuelos negros. Cuando se los sacan, una mueca horrible de grito ahogado, de ahorque. Desesperadas. Mis sueños son de una linealidad aburridísima. Lo único que nos queda descular con Sr. Transferencia era porqué se trataba de seis. 6, en número. Eran seis cadáveres en un escenario blanquísimo al que se accedía por una rampa en caracol, medio como un pequeño Guggenheim. Seis.
Y durante el día, camino entre los vivos y hago cosas de vivos. Me río, pienso, lloro, aprendo solita a hacer pastas con mi Pastalinda. Veo las láminas finitas después de varias pasadas, atravesar las cuchillas invisibles y salir en forma de fettuccini. Un placer infinito ver la prolijidad del corte y como se apilan como la melena de una Rapunzel rubia de caricatura. Como no tengo ese implemento que seguro existe -uno donde podés colgarlos a secar- uso esos dos palitos de batería que me regaló ese baterista en esa fiesta el año pasado con los chicos de Cuko. Los sostengo entre dos tazas y ahí culegan. Nunca se sabe dónde te puede llevar la cocina y mucho menos la música.
Los cuatro nos sentamos en la mesa a probar. El señorito no come nada que haya tenido ojos para lo cual opto por una salsa bien picante de tomates y una de gírgolas, portobellos y puerros. Hay de todo. Y sin ojos.
Mi casa ya se fue llenado de gente, no es más esa casa ajena (*) que nunca iba a ser mía; hay risas, hay cuerdas de guitarra (las verdaderas que suenan y yo les canto al lado y las de pasta), hay cuentos y ya está mucho más viva.
Y yo, por mi lado, de día y de noche, he vuelto a tener historias para contar.

(*) “Me cuenta que llega a su casa nueva, vacía y tiene esa misma sensación que tuve yo, de extrañeza, de espacios ajenos, de andar como pidiendo permiso. Digo que pasa, que se pasa. Como todo. Que de a poco uno va ganado espacios y pone una guitarra mirando desde el frente de la cama como para ver algo conocido, como para ir tomando el espacio, ganando terreno. Y uno conquista, gana y conquista y un día uno abre la puerta y vuelve a casa.”

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Wednesday, May 09, 2012

Dicen

Dicen que rara vez soñás con una cara que no conocés, que de hecho es imposible. Durante tu vida tu cerebro registra un millón de caras humanas que se cruza sin casi notarlas. Quedan almacenadas ahí en algún lado. Después las usa como personajes en los sueños, las recicla. No sé quién dijo eso. Seguramente sea un invento. ¿Quién puede comprobarlo? Sin embargo me gusta esa idea de pensar que la persona con esa cara con la que soñé anoche, era alguien que me crucé tal vez a los meses de vida, espiando desde el borde de un cochecito. O ayer, en un 111.
Dicen que las mujeres sueñan distinto que los hombres. Y mi madre, por ejemplo, durante mucho tiempo soñó en blanco y negro.
A veces sueño con gente sin caras. A veces no puedo acordarme de la voz de algunas personas. Dicen que es lo que más te cuesta recordar, la voz de los muertos. Trato y trato y no viene.
Dicen, todo dicen.

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Monday, March 19, 2012

Figured it out

I was high and low and everything in between.
I was wicked and wild, but baby you know what I mean.
Till there was you, yeah you.

Y nadie sabe por qué me la paso cantándola.

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Wednesday, March 07, 2012

Puedo

Acordarme más o menos de todas las letras de las canciones que escuché en mi niñez y adolescencia, por lo menos 3 sonetos de Shakespeare, 2 poemas de Edward Thomas, muchos de Hardy, las partes de Claudius y Hamlet respectivamente y Julieta. También de todas las partes de todos los personajes de Les Miserables y Miss Saigon. Y cosas como "llamaremos ecosistema a toda unidad de seres vivos e inertes que interactúan en forma estable". O "un descendiente de los Incas llamado Tupac Amarú levantó una gran insurrección en la zona del Cuzco..." y más datos que no sirven absolutamente para nada.
Enrular la lengua, maquillarme sin espejo, emocionarme por la cosa más pelotuda, dibujar mariposas compulsivamente, leer en espejo el libro que tiene alguien del otro lado de la mesa (por mis años de profesora de inglés), fingir un acento español casi a la perfección y un neutro salido de CNÑ (William Wallace me sale bien), atajarme las lágrimas con los dedos índices antes de que caigan y me corran el rimmel, sacarme el corpiño por la manga, hacer buenos masajes y dormir con impresionantes cantidades de luz entrando a mi cuarto.
Puedo un montón de cosas inútiles.

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Tuesday, February 28, 2012

Esos árboles sin foco


Y la cosa es que cuando las ves a lo lejos (y no tan lejos también), las casuarinas parecen estar fuera de foco. Permanentemente. Los bordes borrosos, difusos, astigmáticos. Así veo yo a la distancia cuando me saco los anteojos. "Astigmatismo meópico contra la regla" creo que era el diagnóstico. Contra la regla, se ve que hasta para ver a la distancia me rebelo un poco. Los chicos se traumatizaban cuando les ponían anteojos. Yo me senté un día en cuarto, abrí el estuche y miré a los costados y al frente. Fin de la cuestión. Se ve que fui una niña bastante segura de mí misma. Nunca nadie dijo nada y yo siempre consideré que me quedaban muy bien.
-Te dan mucha personalidad, creo que decía mi viejo.
Esas pelotudeces que dice la gente creyendo que uno necesita consuelo. La personalidad la tuve antes. Creo.
-Me calientan esos anteojos.
Alguien.
El astigmático ve el mundo como los mortales ven las casuarinas siempre.

-¿Es agua que corre?
En realidad no se lo digo como pregunta, más bien lo afirmo porque creo estar segura que es el ruido del arroyo que pasa al final del jardín, pero cuando nos acercamos caminando me doy cuenta que no, que es el viento que pasa por las casuarinas y hace ese ruido a agua que corre. Raro. Esos árboles sin foco.

El viento recién se calma a la tarde, cuando empieza a caer el sol. Antes me trabo en una lucha cuerpo a cuerpo con la Nación y concluyo que es una tarea imposible y la abandono. Opto por mi libro nuevo. Empezar un libro siempre es un gran momento para mí. Lo levanto como para tapar el sol que me da en la cara. El viento paró y las casuarinas se callaron.

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Wednesday, January 25, 2012

Estoy

Voy, vengo, voy, vengo.
Y vuelvo, siempre vuelvo.

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Monday, January 16, 2012

My kinda guy


Si me pidiesen que enumere cosas que me calientan de un tipo (¿quién lo haría?, claro, pero supongamos que sí) tendría que ponerme a pensar un rato e irremediablemente caería en ese listado invisible de “Cosas y tipos que me calentaron en el pasado” y armaría el Fankenstein ficticio con el que me podría pasar toda una vida. Y después de todo la cosa es que uno se enamora y al final no sabe muy bien de qué.
Pero dije "calentar".
“Que sepa coser, que sepa bordar”diría que no (sí lo de abrir la puerta cuando paso) pero bien podría ser que sepa cocinar o le guste comer bien y no encare con el mismo tibio entusiasmo unas Vienísimas con puré Chef que un chicken tikka masala.
Muy bienvenido que lea (lo que sea, desconfío de la gente que no lo hace). Una vez salí con un tipo que tenía a ¡Viven! como único registro literario de toda su vida. Sí, desastres aéreos, uruguayos antropófagos, rugbiers, camaradería y supervivencia extrema como sólo se ve en esos canales después del 40 de Cablevisión. ¡Hasta a mí me había gustado! Jugaba o había jugado en Champagnat. Who could ask for anything more ¿no? Aún así, no había podido con el libro, no la temática que encontraba medianamente “atrapante” (por suerte) pero a mi pequeño hooker le molestaba “la cosa de leer…”. Supongo que habrá sido más feliz con la película. Para ese entonces, yo ya le había perdido el rastro.
Leé; la etiqueta de atrás de la crema de enjuague (yo lo hago) pero leé. Algo.
La acidez en el sentido del humor y el PH perfecto en el beso supongo que implicarán alcalinidad en algún otro aspecto que no identifico. Tick, a la lista.
No necesito que toque la guitarra, si lo hace mejor, que le guste la música, que me escuche cantar sin arrastrarse del dolor y le guste, sumaría tremendamente. El ingrediente narcisista no se me pierde de vista. Algún día se irá, o creceré. O me daré por vencida.
Que cuente en su haber con al menos 3 anécdotas maravillosas de un viaje; que las sepa contar y que el placer que siente cuando las recuerda se le vea en la cara. Pueden ser un detalle.
Que se ría. Con ruido, de ser posible.
Un toque melanco. Una melanco que no sea depre, una melanco que ande dando vueltas por ahí, la misma que tengo yo, bueno, no la misma pero en una cuota sostenible como la mía, creo. A veces me encuentro más melancólica que lo tolerable, como los índices de toxicidad ambiental y muevo, activo. Nadie tampoco tiene por qué bancarse semejantes niveles de smog ajenos.
Me gustan los tipos en jeans, me calienta un gran traje pero hay algo con el jean y un elástico asomando apenas por arriba de la cintura cuando bajás la mano por la espalda. Eso también.
Que escriba es ambivalente, creo que suma, después que no. Y que escriba bien no ha sido síntoma de nada en mi vida. Terminó por dejarme impávida a largo plazo o malherida (dos estados que odio).
A guy that´s been around, diría mi madre de una mujer. Digo, que haya probado buenos mordiscos de cosas y algún trago amargo. Alguna pena de amor. Aunque sea un rato.

Estoy en un noviazgo prolongado con Anthony Bourdain, hace tiempo. Este fin de semana, en un estado de histeria callada; no como esas minitas que se arrancaban los pelos si Elvis meramente bajaba la mirada pensando que cantaba para ellas. Solamente para ellas.

"My younger brother, Chris. (…) He was forced to watch the endlessly unfolding psychodrama at the dinner table when I’d show up late, stoned, belligerent, a miserable, sullen, angry older brother with shoulder-length hair and a bad attitude, who thought (…) my parents were fascist tool instruments of the imperialist jackboot, that their love was holding me back from all those psychedelic drugs, free love, and hippie-chick pussy I should have been getting had I not been twelve years old and living at home".

O después de preguntarse "What is an oyster if not the perfect food?" me gusta cuando concluye:

"I hadn't, I realized, returned to France, to this beach, my old town, for the the oysters. It wasn't the fish soup, or the saucisson, or the pain raisin. I wasn't to see a house in which strangers now lived, or to climb a dune, or to find a perfect meal. I'd come to find my father. and he wasn't there".

Morir de amor.
Anthony Bourdain. A Cook's Tour.

Además de todas esas drogas recreativas del pasado, esos platos, el tono de voz, el viajero empedernido, los jeans, ese ser sexy sin enterarse, además de todo eso escribir así. My kinda guy. Tony escribe para mí.

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Thursday, January 05, 2012

Snapshot



Un día las fotos viejas que estaban en un placard que había sido el lugar en el que Toti guardaba su ropa, se llenó de humedad y muchas se arruinaron por completo.
Todo lo que andaba dando vueltas por la casa sin rumbo fijo había ido a parar ahí, a ese placard. Cuando se vació sólo quedaban algunas cosas que no estaba claro a quién pertenecían: la cajita con las pomadas de zapatos y los cepillos por ejemplo. El se encargaba de esas cosas en casa, de tener mis zapatos de colegio impecablemente lustrados como los suyos y sin embargo cuando se fue, no se la llevó y quedó ahí, en el placard vacío. Con el tiempo se llenó de la “ropa de invierno y los tapados” y de cosas que ya no se usaban. Mamá fue ganando territorio y se ocupó de ocupar.
Cuando abrí las cajas ese día las encontré llenas de moho, algunas pegadas entre sí y otras con lamparones blancos donde se había corrida la tinta de la impresión. A veces las manchas caían en las caras de las personas y las hacían desaparecer, hongos que flotaban en un cielo de playa y escenas borradas de un tirón mal hecho porque quedaban pegadas a la foto anterior. Cuando las encontré así ese día creo que me angustié un poco. ¿Cómo voy a hacer para acordarme de lo que no me acuerdo, dónde voy a buscar si no sé lo que busco?
Creo que Toti nunca se enteró. Aunque nunca le gustó ver fotos viejas, el era encargado de clasificar los negativos y las diapositivas y le hubiese agarrado un ataque.
-¿Tu madre sigue teniendo las cajas de las diapositivas y los negativos?
A veces vuelve a hacer la pregunta y siempre le vuelvo a mentir.
Mi memoria es asquerosamente precisa, poquísimas veces me traiciona pero yo también soy de volver y revisar y me vuelvo a acordar tanto y tantas veces que termina siendo un cuento nuevo. Vuelvo a situaciones, incluso a esas en las que no estuve. El casamiento civil de mis viejos al que mi abuelo paterno decidió no ir por ejemplo, los colores del vestido de mi vieja ese día, la cartera, los testigos, una amiga de mi madre a la que nunca conocí y se llamaba Electra y hasta los zapatos que no salen en la foto. Del lado de Toti, el Gordo B, que jugaba en la primera de Olivos y el día en que se enteraron los dos que había muerto y lloraron un rato. Yo espié. Veo la otra foto y me acuerdo de lo mucho que me dolía que me desenreden el pelo después de un día de playa y cómo me hacía la dormida para ver si la cosa pasaba de largo y nada de bañarse, nada de esos tirones de pelo salado como las lágrimas que me caían por mejillas. Nada de eso.

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Wednesday, November 30, 2011

Cat Naps

No sé si es esta cosa culposa de ser nieta de inmigrantes o qué pero la siesta a veces me pone mal. Me despierto abombada, más cansada de lo que me dormí y humor de perra rabiosa. No quiero que me toquen; durante sí, después no. Por un rato.
Todo lo que tolero a la mañana, no importa cuán temprano (creo que tengo el buen despertar de mi abuela paterna, canto y todo) no lo tengo después de una siesta. Necesito tiempo, tiempo y silencio hasta que se me vaya pasando. Miro todo con desconfianza, la respuesta más rápida e instintiva será un no y tiene que pasar un rato hasta que me vuelva una sonrisa a la cara o siquiera contemple la posibilidad de reír. Si ya bajó el sol está todo mal. Ahí evalúo la opción de seguir de largo, dar el día por perdido. No funciona. Las veces que lo hice me desvelé a las 3 de la mañana y anduve por la casa como un fantasma, subiendo y bajando con “cosas que hacer”. Cualquier actividad antes de volver a dar vueltas en la cama y pensar. Porque yo pienso en los momentos más inoportunos. Pienso.
Y cuando tengo calor, es peor. Busco la parte fría de la cama con desesperación; espacios de sábana fría que voy tomando como territorio ganado en una batalla. Es todo un sistema: se calentó acá y me voy moviendo más allá con la esperanza de que acá se enfríe y así por toda la cama. En realidad es como un sistema de "crop rotation". Y después agarro el vaso de lo que sea que me serví y mastico los hielos chiquitos que quedan flotando en un agua sucia con gusto a algo. Como anoche, robo hielos mojados de wiskey de los vasos de mis amigos y masco, masco hielos con ruido que se pierden en el ruido de la noche, la gente, las baterías y las guitarras.

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Thursday, November 24, 2011

Space Travel

Al final deben ser los culpables; en la Benemérita Institución digo, de haberme fusilado una parte del cerebro que no necesariamente debería haber resultado tan improductiva. Porque llega un momento de tu vida en la que no podés seguir justificándote con eso de "es que yo tengo otros talentos".
En algún momento usábamos unos palitos de madera “las bases” les decíamos, que alguien traía de algún lugar fuera de la clase. Había Base 3, Base 6 y finalmente llegabas a Base 10 que me vengo a enterar a los 40 que es básicamente la forma en la que sumo. Bueno, en la que suma la gente, los que saben.
Entonces en Base 6, por ejemplo, tenías que pasar una unidad cuando llegabas a 6, no se podía acumular 6 cubitos. Jamais. Todo muy concreto con estas tablitas de madera con las unidades marcadas. Lo que sucedía la mayoría de las veces es que antes de cualquier operación matemática yo terminaba armando casitas con puentes, escaleritas y obras arquitectónicas del estilo.
Cuando ya asumían que el normal de la población había incorporado la base 10, nos encajaban el ábaco. La cosa era traerlo ya armado de casa con una tablita de madera y los clavos uno al lado de otro. No me acuerdo cuántos. Decenas, centenas, miles, millones y así. Por otro lado, una cantidad ridícula de papelitos de colores (cartulina, creo) agujereadas con perforadora que ibas embocando en los clavos para formar el tres millones, cuatrocientos veinte mil, ciento doce o números muy útiles por el estilo. Ahí, yo me ocupaba de ordenar los papelitos cromáticamente y me enteraba tarde que no era por color si no por unidad. El amarillo no era menos que el naranja por paleta si no porque el naranja era centena y el otro decena. Cosas confusas así. Era de esperarse, entonces que cuando hubo que dividir números con decimales “con casita”, buscar el límite tenidente a infinito o la cotangente de algo que supongo era un ángulo, yo hubiese iniciado en clase un prolongado viaje astral del que jamás volví.

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Friday, November 18, 2011

Wikileaks

Hay que saber, que la adrenalina en el cuerpo no se siente necesariamente con los nueve coma ocho mteros por segundos cuadrados. Positivos. De caída libre.

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Thursday, October 27, 2011

Listed

-¿Vos tenés una lista mental de todas las minas con las que estuviste? Digo, ¿la podés poner en papel o te olvidaste de la mitad ya?

Le pregunto así de la nada. Seguramente piense que enloquecí (aunque intuyo que ya lo pensó antes), aunque no, veo que escribe. Me contesta.

- Creo que me acuerdo de todas, lo que no se es si podría establecer la cronología.

Uf, la cronología, eso me mata. En realidad más me mata la seriedad con la que se tomó mi pregunta.

Recurro a indicadores muy básicos como dónde vivía, qué estaba haciendo, dónde trabajaba, quiénes eran mis amigos del momento y trato de recomponer la lista.

En una lista como corresponde, la inicial del primero es A y no es tan inolvidable como dicen, inolvidable por primero, nada más. La voy armando como un rompecabezas a ciegas. Le faltan pedazos obvios. Veo los huecos. Mientras yo sigo pensando, él me manda un Excel con sus datos. Lo acaba de armar después de una tarde de dejarlo pensando. Tiene fechas, nombres y siglas. Lo más completo que vi en mi vida, parece una historia clínica. La mía sigue defectuosísima y veo que la supera en algunos dígitos pero después claro, detecto un 2011 sumamente productivo en su caso.

Mientras hablamos me vienen dos nuevos nombres.

-Agregame estos.

-Te los paso por mail.

Me entra un mail con dos siglas incomprensibles. Los agrego para no olvidarme.

-Solo valen nuevos. Lo que cambia el dígito es la nueva. Recicle no cambia dígito.

-¿Solo sexo?

Toda una pregunta filosófica me hace.
-Lo que vos entiendas por eso. Sex as you understand it. Digo, heavy petting y fondling tampoco cambian dígito. Hay que poner ciertas reglas. ¿”RO”, en tu Excel?

-Recycled, Ocasional.

-¿Clasificaste? Bien, sos grosso. Me gustaría una opción ROI, return on investment que también cerraría perfecto o relación ocasional intensa.

Se ríe. Hay N de novias y ONS. Un one night stand tiene al ladito una triple x. O fue de lo más hot que tuvo en su vida o es una anónima tres veces anónima. No se puede acordar el nombre parece. Se le repiten nombres en la lista. A mí también.

-¿Sabés cuál es la gran diferencia entre vos y yo? Yo hice mi lista en un doc con título “pibes”, vos pasaste todo a un Excel. Nos separa Microsoft Office.

Tengo 3 nombres repetidos y uno que tengo la certeza que jamás en mi vida se va a volver a repetir. Demasiado raro, como salir dos veces con un Cyrano. Sería un golpe terrible de la estadística.

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