Wednesday, January 06, 2010

Death and the Maiden

Camino de vuelta de mi reunión en quién sabe qué barrio, en un taxi de esos con puerta corrediza que hay que abrir con cancha, me doy la última capa de esmalte transparente porque ayer no llegué a terminar el "final coat" que hace que duren más impecables. Toca uno de esos tacheros charlatanes que va relatando los obstáculos que encuentra por el camino. Como no me dice nada del esmalte, no le digo nada de la charla compulsiva y convivimos en paz. En la esquina hay un patrullero enfrentado con otro y dos oficiales que están colgando esas cintas de plástico amarillo CSI. ¿Crime scene? No podemos saberlo aún. Faltan unos metros.
-Un muerto, dice el tachero.
Miro la vereda casi sin querer. Ahí está. Es un hombre, tapado con bolsas de consorcio grises y apenas asoman unos zapatos de abuelo. Por lo demás, no puede verse nada. No hay sangre. El señor tiene una pierna cruzada sobre la otra y de no ser porque está muerto, si sólo viese eso me imaginaría que también tiene los brazos tirados hacia atrás y se sostiene la cabeza con las manos como tomando sol. Descansando un rato. Pero no, está muerto. La posición de los pies me confunde. Tengo todavía el esmalte en las manos y lo guardo a pesar de que me faltan 3 uñas de la mano derecha, la más difícil porque la pintás con la izquierda y no tengo la misma motricidad fina. No puedo seguir, claro. Pienso en el señor. ¿Le avisarán a la familia?
-Se debe haber descompuesto en la calle, dice el tachero. Parece un hombre mayor.
Lo dice por los zapatos, por esas puntas que asoman. También podría ser un hombre joven con zapatos de viejo pero jamás lo sabremos. Guardo el esmalte.
Yo almuerzo con Coco en la barra de Tancat apretujada entre Coco y un turista chino que paga con tarjeta y me relojea con el espejo. La familia ya debe estar enterada supongo. Después se sienta uno que se cree el rey de los cheroncas y masca chipirones con su hija mientras repite dos o tres veces que es "mosquero, pescador de truchas". No sé si trata de impresionarnos pero lo ignoramos. La cercanía de la barra de Tancat es un poco promiscua. Si Coco no me hablase podría escuchar perfectamente lo que el señor le cuenta a su hija, tienen una empleada que se llama Melchora y tiene "poca onda". La señora mayor del lado de Coco pregunta si el plato que pidió tiene champiñones. Ya le pegó dos bocados a las especialidades de la barra.
-Porque soy alérgica.
-Esos son champiñones rebozados, señora -dice el mozo- figura en el menú. Y le señala unas bolitas empanadas.
-Ya me comí una. Voy a morir. ¡Me muero!
La señora se enfurece y manda su plato de vuelta. Es sabido que una de las especialidades de la barra de Tancat son esos champiñones. Tarde pía Madame.
El mozo corre dertrás de la barra con un nuevo plato. Y por supuesto, Madame no muere.

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Wednesday, December 23, 2009

Breakfast in America

El percusionista amateur es en el fondo un neurótico mal tratado. Y mal llevado. Ese que no pierde oportunidad de ensayar su batería contra cualquier cosa; la mesa, el volante del auto, el costado de la pierna, el lapiz contra la mesa. Los odio. Logran pasarme su tensión contenida. Como el silbador. Ese es otro que detesto.
El tachero de la mañana era una bandita completa en sí mismo. Golpecito intermitente al volante con las dos manos marcando los ritmos en cada semáforo y silbidito irritante siguiendo la melodía de algo que en el fondo parecía ser Supertramp. Breakfast in America. Take a look at my girlfriend, she´s the only one I got.

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Wednesday, December 02, 2009

Bad vibes

El taxista me saca Coldplay de la radio y me lo cambia por algo que podría ser Lucía Galán o cualquier taladro similar.
Hace dos cosas que no tolero: la aceleradita constante alternada con la frenada compulsiva es una. Considero que cualquier conductor que abuse del freno es por definición un mal conductor. Dos: tiene el auto fuera de punto y cuando está en punto muerto vibra intermitentemente tanto que me marea hasta las casi nauseas y le tengo que pedir que apriete apenitas el acelerador para que corte la vibra en mi cerebro. Me mira por el retrovisor con cara de culo.
-Es que me marea, señor; me dan ganas de vomitar.
Aceleración instantánea.
Siempre funciona. Indefectiblemente.

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Wednesday, June 03, 2009

Can´t Touch This


Estaba el tachero ese que bajó a la mejicana (con una año de residencia en nuestro país) por miedo a contagiarse la porcina con el acento nomás. Ahora también hay de los otros. Los que me dicen que les tiro la monedita sobre la mano como una asquerosa (cosa que jamás porque es sabido que soy amiga de los tacheros locales e importados, aquí y en el extranjero).
Hay que aclarar los términos. Las monedas se pasan de mano en mano con un gesto casi universal. Uno hace canastita, el otro deposita. Cuando yo las recibo hago exactamente eso. Canastita, papi, vos dejalas caer.
No me va, pero no me definitivamente no me va, la de los deditos que se tocan innecesariamente entre extraños que no se desean.

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Friday, March 20, 2009

Back to black


En el taxi suena la 2 x 4 que a veces, nieta de un gran tanguero y todo, es más de lo que puedo aguantar tan temprano a la mañana. Entonces me concentro y ensayo posibles looks para el otoño, para el invierno. Pienso en unas botas bajas de caña alta. Veo los escoceses en las vidrieras de Santa Fe y me aterra un poco pensar que cuando menos lo imagine voy a estar de nuevo con una kilt puesta. ¿Qué más? ¿Unos bloomers abajo para que no se vea la bombacha, un blazer azul con escudo y badges de Prefect y Academics Vice Captain?
¿Será así que todo vuelve nomás?

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Sunday, November 02, 2008

Muñeca Brava

Elijo el mandatory look para recital que concluyo es jeans, musculosa blanca y All Stars. Hace calor. Vuelvo de lo de amigo en un taxi, tarde. Las cuatro horas parada hacen cosas por la espalda de una a esta edad. Mi amiga yogui dice algo acerca de la postura y que los millones de años de evolución todavía no lograron que la especie ande cómodamente en dos patas. No mucho más cómodos que el homo erectus, que el cuerpo todavía no perfeccionó su diseño, que faltan años de evolución. Le cuento a mi amigo mientras salimos del recital entre las hordas teens que no parecen quejarse, el se agarra la cintura con dos manos y dice algo como que después de tantas horas parado, indefectiblemente te duele la espalda, que eso prueba el diseño imperfecto.
En el taxi por Cabildo el tachero se pelea con otro auto y una pendeja en el asiento de atrás grita cosas mientras opera el vidrio automático del BM grasa al que está subida. Los perdemos porque putean y aceleran. No me meto, estoy en otra. Los veo entrar en el Viaducto Carranza a toda velocidad y pienso que la chiruza ordinaria con ínfulas se debe creer Lady Di entrando en el túnel D´Alma.
Y se pronuncia Dalmá si querés, chiru, por si no sabés francés, no Dalma, como Nerea Maradona.

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Wednesday, September 03, 2008

Done Deal

-¿To? Me estoy yendo a sacar los ultimísimos lunares. No, voy sola. Todo bien.
El tachero escucha. El tachero indefectiblemente comenta.
-Va como la tercer persona que escucho hablar de lunares.
Fiaca. Igual explico, digo motivos estéticos no médicos, me bajo apenas el cuello de esta polera negra y le muestro mi lindo cuello, liso, sin ninguna marca.
-Estos son los de la semana pasada que no están. Ni marcas…
-Claro, lo bien que hace. Porque el cuello es una zona muy erógena en las mujeres. Y con ese cuello...Una zona que recibe caricias, besos.
STOP: ¿Porqué estamos teniendo esta conversación? Estas cosas me molestan, esto de reconocer el límite. No hablo más, me callo y miro por la ventana la 9 de julio.
-En Arenales y Uruguay está bien. Camino.
Media hora incluyendo el viaje y estoy lista. Sólo quedan algunos. Diminutos. Para ser contados alguna vez. Hay uno, justo entre las tetas. Pensé en que se fuera también. Pero me dijeron que no, que ese no, que es lindo. Ahí quedó.

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Tuesday, April 08, 2008

Boquitas pintadas

Yo ando en los taxis distraida, cuando no estoy controlando cada movimiento del taxista, claro. Pero las cosas suceden justamente cuando una no controla. Y ahí fue que primero escucho la frenada y casi en simultaneo un ruido a choque y siento como todo mi cuerpo va para adelante tipo crash test dummy contra el asiento. No veníamos rápido y no me quedó más que un moretón en la pierna justo donde hay poco de nada entre la piel y la tibia; el lugar ese que te tapabas con las canilleras (las 7 veces que jugué al hockey con mi Karachi King Super de la India, el desperdicio más grande y caro con el que se engañaron mis padres).
Eso: un moretón en la pierna y una boquita perfecta en brillo rosa tatuada sobre la cuerina gris del asiento de adelante cuando me la dí.

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Friday, November 02, 2007

Long and winding

Con 4 reuniones en un día y contestando, sí, gracias, dale a cada cafecito que me ofrecieron, termino el día con una sobredosis de cafeína que me deja con el pulso levemente acelerado y sumamente impaciente. Cuando entro al local de Amor Latino a chusmear para cambiar esas puteces que me habían regalado revuelvo las bombachitas con tiritas, los conceptos cullotte que no entiendo, unos topecitos con flecos para los pezones que son una vil (y muy mala) imitación de los de Agent Provocateur y me voy exactamente con la misma bolsita que entré. Conservadora. Aún así en la putez. Insisto con otro café más, este de las dimensiones de un apagased de Mc Donald´s con L y L que confío me mantendrá despierta por lo que queda de la noche.
En casa me cambio en no más de 13 minutos y en el minuto doce decido que quiero usar los zapatos de taco negro, los altísimos con boca de pescado adelante que dejan entrever los dedos. Todo para enterarme cuando me saco los de chaco chino, rojos, que me regalaron las chicas, que no tengo las uñas pintadas. Están con dos míseras capas de transparente. Con los zapatos puestos manoteo uno de los miles de esmaltes que están tirados por ahí y pinto cuidadosamente 4 uñas de cada pie porque si no no llego. Pour la gallerie. Únicamente lo visible. Ni una más. Y para acelerar el proceso (con una bocina sonando en el frente de casa) les dedico dos segundos de secador y un rezo.
En el hotel de la F tomo solo una copa porque me niego a sufrir las consecuencias del otro día por sumársela a la Margarita que me había tomado con Dholo más las quichicientas tazas de café.
De repente a la 1.am solo quiere huir y corro por Puerto del Miedo buscando un taxi que me devuelva a Palermo. Me devuelve. Una fortuna después, me devuelve. El taxi que más caro pagás es esa vez que te hacés la impaciente y cinco minutos de espera (a tus amigas que ya se van, ya se van) te son la muerte. Casi un aforismo de Narosky.
-Córdoba derecho y después Salguero.
El puticlú ese de Córdoba tiene aparte de sus tradicionales leones en dorado, dos esqueletos parados en la puerta por Halloween. Qué raro todo. Sigo pensando aforismos brillantes. El último que pienso mirando por la ventana mientras mi tachero bocinea al de adelante que se desplaza a velocidad crucero, es: Un regreso mañero y lento como tachero manejando sin pasajero por carril derecho. Pegando la vuelta ya veo mi calle. La cafeína ya se me fue del cuerpo.

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Wednesday, August 22, 2007

Mc Breakfast





Concluyo que el viaje va a ser una pesadilla. El taxista pinta charlatán y además muestra una espantosa predilección por la música italiana. De hecho cambia un CD de Laura Pausini y lo reemplaza por uno de Eros Ramazotti. Tano de mierda y la reputa que te recontra parió. Pienso que el tipo debería tener el canto prohibido, como Monzón la piña. Es un degenerado infame que no puede cantar así. Le gritaría en la cara. ¡Nasal! Nasal y con letras vergonzosas. Me violento. Pero ahí me acuerdo del llamado de V esta mañana.
-Señor, ¿me presta un segundo La Nación?
Taxi driver manotea a su derecha y me pasa el diario. Ahí nomás en primera plana, Mc Splendid, sonriente, paternal, comprensivo, protector. Y todo de tres fotitos te concluyo, eh. Síndrome de Estocolmo a flor de piel. Quiero internarme como Gaitan y que me cuide, que me adopte. En realidad, pensándolo bien después de ver las fotos, prefiero infartarme con Gaitan trás de una noche de sexo desenfrenado y que Mc Splendid nos cuide a ambos. Eso.

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Tuesday, May 15, 2007

Ñañas

Evidentemente estoy un poquito irritable. Me acabo de bajar de un taxi dos cuadras antes de llegar a la oficina solo porque estaba fuera de punto y cuando frenó (no fueron más que unos pocos minutos) me empecé a marear. Los autos fuera de punto me irritan y me marean y también me marean los taxistas que andan en el cambio equivocado. Todavía estoy pensando si me molesta más los que van a sesenta en segunda o los que tiran la tercera a veinte.

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Monday, March 19, 2007

"Ride me" dice el taxista.

El taxista de esta mañana es una mezcla perfecta de Andy García y Emilio Estevez, con remera blanca escote en V, un Levi´s engineered y unas manos y unos brazos tan pero tan perfectos que hasta le puedo disculpar la cadenita de oro finita que le pende del cuello (al menos por lo que queda del viaje). Es más, podría arrancársela con los dientes junto al resto de la ropa. Tiene un espejo retrovisor más grande que lo normal, mucho más grande y no se si es para mirar a los pasajeros o para que nosotros lo podamos ver a él de cara entera y hombro y brazo. Puede que se sepa lindo. Habla de costado y cada tanto levanta una ceja y me mira por el espejo. Temo estar poniéndome colorada, entonces me ocupo de escribir sobre un papel y le sugiero que salga de Paraguay porque está congestionada. Hablamos de trabajo y miento impunemente cuando me pregunta si estoy llegando tarde a la oficina porque la verdad es que voy a hacerme una ecografía transvaginal, una mamo y una ecografía mamaria como parte del chequeo anual de rutina. Podría decir “controles médicos” pero me taro y miento. Además yo misma trato de alejar esa escena en la que en pocos minutos me voy a ver con una teta apretada entre dos placas de plástico para luego tenerlas a ambas embadurnadas de un gel helado y maloliente y lo que parece un rizador de pelo insertado entre las piernas en una sala en penumbras.
Antes de pagarle, manoteo el cambio en la cartera y voy dejando caer las monedas de diez centavos una por una hasta completar setenta y después le doy el billete como ralentando el proceso. Cuando lo agarra me roza un poco la mano con unos dedos perfectos hasta que veo una pulserita de oro. Me deprime, no tolero el oro en hombre pero pienso que será cuestión de seguir arrancándole bijou del cuerpo con los dientes nomás. Creo que se puede vivir con eso.

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Thursday, January 25, 2007

Polaquita puta y rubias importadas

Hay días en los que la lluvia me empuja a tomarme un taxi y hay otros días en los que me obliga el sol. Hoy fue la lluvia y hoy me pregunto si no son mejores un par de gotas sobre el flequillo que pavadas en los oídos.
-Tenés cara de extranjera…¿sos de acá?
Otro más, pienso. ¿Desde cuándo todas las rubias son importadas? Y me acuerdo del que me preguntó si era finlandesa mientras me escuchaba hablar un perfecto porteño, tilingo pero porteño al fin.
-Sí, soy de acá. Abuelos polacos de un lado, italianos y españoles del otro, pero yo argentina.
Miro por la ventana con mirada perdida como si Araoz fuera el Atlántico y pocas ganas de perpetuar un intercambio que ya me huelo va por mal camino. Llueve, es temprano, no había leche en la heladera, no tengo cafeína en sangre, no jodamos.
-Uy, sabés que es conocido el dato que las polacas que llegaron a principio de siglo eran famosas, parece que había muchas que venían acá a laburar de putas…mirá vos la polaquita…
Pienso en mi abuela María y hago cuentas, me imagino escenarios varios, burdeles en la Boca y mi madre una suerte de Brooke Shields en Pretty Baby. Llueve, es temprano, no había leche en la heladera, no tengo cafeína en sangre, no jodamos.
-Araoz, Santa Fe, Santa Fe 9 de Julio, 9 de Julio Paraguay, Paraguay Maipú, en la esquina de Córdoba me bajo.
No vaya a ser que si seguimos de charla terminemos en la concha de mi abuela.

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Wednesday, October 11, 2006

Correr con lobos y coger con bosteros

Yo siempre dije que los bosteros cogen distinto. No distinto a los de Racing o a los de River, si no que distinto, cogen como bosteros. Yo digo que el de Independiente no coge como hincha de independiente pero el bostero no puede escindirse de esa personalidad bostera y la lleva a todos lados, a la cama inclusive. El bostero es de mirarse mucho en el espejo, de mostrarte abdominales (los tenga o no) porque el bostero que no se cree mil simplemente lo está disimulando. El bostero coge bien. O eso cree.
Anoche ahondé en el tema con el tachero, no acerca del bostero y el sexo pero del bostero y la vida; esa soberbia adorable, esa cosa de llevarse el mundo por delante, de no comerse ni media, eso de creerse todo y más. Puedo citar más de diez ejemplos clarísimos y justo me tocó un tachero bostero que era el contraejemplo que me faltaba. Mi adorable tachero amigo le echó la culpa a Alberto J. Armando. El parece haber sido el culpable de la “famosa era del fútbol espectáculo, junto con Don Antonio Vespucio Liberti, el de River". Parece que fue ahí nomás, el momento en que se tendió la fama sobre la que todos los bosteros se tiraron a dormir. O a coger. Yo de fútbol no se nada. Con chico de Racing al lado canté Yo de pendejo me enamoré, me enamoré de La Academia y con la misma facilidad me escapé a una final del Abierto en Palermo, un partido de bochas en una plaza, una tribuna de sol de la Davis o me puse una bombachita bordada con lentejuelas Xeneises. Por suerte después hablamos del amor.
-Yo estoy con ella hace 31 años...¡31 años!
-Bueno, y ella con usted.
-Ah, no… ella cada tanto se separa.
-Corríjame si me equivoco, señor, pero para mí las parejas que funcionan son esas en las que el hombre ama y la mujer se deja amar. Cuando yo amo me sale para el culo. El hombre es muy mierda con ese poder, ¿o no?
-Mirá, yo lo único que se es cuando llego a casa, así nomás de tocarle el brazo a Ñata (y me hace el gesto largando el volante y tocándose el antebrazo) se me ponen todos los pelos de gallina como el primer día…
-Ay, no me diga, señor, que lloro. Yo quiero eso…
Y pienso que quiero ser Ñata y tener uno como este en casa, uno al que se le paren los pelos después de 31 años conmigo.
-Mirá nena, los hombres perdemos todo por las mujeres rápidas y los caballos lentos…
-Y por la azul y oro, ¿o, no?
-Ah, por esa también, nena.

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Monday, August 29, 2005

De buenas a primeras

Viaje en taxi matinal hasta Plaza San Martín. Se imponía llamar un rentado por esa garúa finita que no amerita la apertura del paragüas pero te caga la vida si no lo hacés. Mucho sueño y tiempo para pensar mientras miro a través de la ventana la muy poco atractiva Santa fé, las gotas que se van pegando al vidrio. Todo se va empañando y hago dibujos con los dedos; mariposas, siempre dibujo mariposas. en una de esas encuestas de revista femenina una vez leí "Favourite doodle?", "butterflies", pensé, definitivamente. Pienso, nada importante, pero dejo que entren en mi cabeza y de repente se disparó una lista, así de buenas a primeras sin orden cronológico ni de importancia.
Mi primer recuerdo: hamacarme en las rodillas de Toti por las mañanas.
Mis primeros libros: Ant's Birthday Party y el de lectura de primer grado, Kitty and Rover. Tenían 2 oraciones por página y probablemnte los había usado mamá en el mismo colegio 40 años antes.
Mi primer gran angustia: esperar vomitada que vengan a buscarme en mi primer día de jardín, 2 años. Tenía medias cancan.
Mi primer perfume de adolescente, Anais Anais, un clásico para las teens ochentosas.
Mi primer item de make up: un brillo casi imperceptible con gusto a wild berry y un delineador negro que me ponía adentro del ojo.
Mi primer corpiño: uno que parecía una musculosa con un moñito adelante.
Mi primer gran miedo: entender que las botellas de vino tinto que se acumulaban por la casa no eran un buen presagia y quealgún día serían el fin de nuestra chiquita familia.
Mi primer enamoramiento. Malcom L. Clase de catecismo. Nos dejaban agarrarnos las manos durante el padre nuestro.
Mi primer película prohibida: La Laguna Azul. Cine Carnaby, Punta del Este. Años después, mi primer oportunidad de ver La naranja Mecánica con mamá, en ese mismo cine.
Mi primer film erótico: Emanuelle, en la cama del papá de S, todas metidas ahí adentro y entiendiendo muy poco de todo.
Mi primer fiesta con chicos: un evento patético en colegio de varones plagado de Newman Boys (que resultaron ser lo menos pero cotizaban alto).
Mi primer faux pas en la moda: un top de tercipelo azul con mangas murciélago y un escote en forma de V en la espalda que llegaba casi hasta la cola. Eran los ochenta y mi madre estaría bebiendo, pobre niña.
Mi primer viaje sola en avión: Aerolíneas Arco que volaban Aeroparque Colonia, yendo al campo de Sofía. 9 años. Nos llevaba mamá y papá y nos buscaban los abuelos de Sofía en el otro lado.
Mi primer beso. Massimo Masi, un tano del infierno que conocí en Purmamarca. Segundos de asco, adrenalina espantosa y uff, qué lindo.
Mi primer viaje sola autofinanciado: Miami, New York, Washington, Boston, todo en casa de amigos y con muchos meses para perder.

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