Tuesday, June 12, 2007

La Boa y La Cuca. La constricción de la Boa

LPD tiene su costado obsesivo. Tirados en la cama, chequea los mensajes de su Blackberry, contesta, pide wake up call, tunea su ipod, lustra compulsivamente sus zapatos y hace zapping sin piedad por todos los canales de deportes. Después de una noche movidita creo que nos quedamos dormidos, yo primera y con el fondo de alguna transmisión de ESPN y mimos de LPD en mi espalda.
LPD se baña, se viste, se perfuma y se va a trabajar porque había planificado sendas reuniones con sus clientes locales. Lo saludo con un beso en la puerta y un dejo de desilusión.
-Pedíte algo para comer, tomar, hacé lo que quieras mi amor y todo cargalo a la habitación, ya?
LPD termina muchas de sus oraciones con ya, que es más bien un . Sonríe, sonrío. Intuyo una leve desesperación por huir. Yo que soy bastante perceptiva puedo reconocer a 100km a un hombre atorado. Es bastante obvio. Con el tiempo me lo admitió, le pega ese síndrome de Lobo Estepario. No era la primera vez que veía a un hombre en esa situación y no sería la última. Ahí estaba, solita con todo un día por delante en el hotel como una de esas corporate wives salvo que sin el marido y sin el shopping y en un rol que no me pega nada de nada. Suelo ser yo la que sale apresurada a las reuniones. Ahí estuve, vagabundeando por Bal Harbour. Probé todas las opciones. Playa. Jubilados italianos flotando. Me hice íntima de los jubilados, por supuesto y floté con ellos hasta el mediodía. Me aburrí. Saqué mi auto del parking y salí a manejar por ahí. Volví. Pasé a la pileta con libro. Cargué un vodka tonic al sol al Room 1210, please. Volví al cuarto. Me bañé. Me encremé. Ni señales de LPD. Debía andar por ahí aireándose.
Cuando registrás el atore ajeno tenés dos opciones, encarar y rajar o callar. Callé. Faltaba una noche más y yo me iba a NYC. LPD volvió efectivamente aireado y la cuca y la boa se amigaron a la hora de la siesta. La boa se desenrosca en la cama. Es cuestión de tunearle la música correcta en su ipod y como buena encantadora de serpientes hacer que se ponga a bailar, hacer que despacito salga de su canasto y se menee.

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Monday, January 31, 2011

LPD en BA


Entro al Duhau por la entrada de Posadas y me anuncio en el front desk. Me siento en uno de los sillones y espero 5 minutos. Llegué temprano. LPD está en Buenos Aires (sin aviso como siempre) y tenemos un rato para charlar antes de su comida con clientes.
Baja impecable con su traje azul sin corbata y cara de recién bañado.
-¡Cu-ca!
Gran abrazo en el lobby. Hace mucho que no nos vemos. LPD es un gran tipo y hoy por hoy un gran amigo. Camino al bar se abre el saco y se pasa la mano por sus abdominales. LPD es un gran cachivache que después de decirme que perdió cuenta de las minas que ha tenido en su vida y que Warren Beatty se quedaría corto, vuelve a tocarse los abdominales y explicar lo bien que está. Confirmo los abdominales a la distancia y me río.
-Y yo no soy un tipo lindo, ojo, pero...
El ego a prueba de balas está intacto.
Nos tomamos dos copas de champagne, fumamos dos cigarrillos cada uno y hablamos de la vida. Somos de esa gente que pueden fumar casi nada y en mi caso dejar pasar semanas hasta volver a tocar uno. LPD me pregunta por “sus fans”.
-¿Quién te creés que sos boludo, Sandro?
-¿Cómo está tu viejo? Vos sabés Cuca que si algún día necesitás vos venís y me pedís lo que quieras, ¿no?
Digo sí con la cabeza. LPD me hace reír y cuando no me hace reír me hace llorisquear porque es un buen tipo.
Gran abrazo en el lobby II. Los inversores trajeados están ahí paraditos esperando.
-Chau, nene. Que bueno que nos vimos un rato.

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Friday, June 08, 2007

La Boa y La Cuca. Room Service



El cinturón puesto y tener que girar levemente a la derecha para desabrocharlo fue la excusa perfecta para sacar la mirada y distraerme por lo menos unos segundos. El chico del parking me seguía retando y el hombre del lobby se acercaba caminando.
Abrí la puerta del auto, saqué una sandalia. Saqué la otra. Me paré y recién ahí nos miramos a los ojos. Hice un scan rapidísimo. Sí, era el.
LPD tenía unos jeans, una remera de manga corta verde militar con el dibujo de lo que creo que era una granada a punto de explotar en el frente y unas zapatillas. Venía caminando despacio y sonriendo. Me gustó.
-Hola, Charlotte.
-Hola nene.
Creo que me reí un poco, como con vergüenza. El se acercó un poco más y creo que nos abrazamos, después nos alejamos y enseguida nos acercamos de nuevo y nos dimos un beso largo, largo de telenovela mejicana. Fuimos retrocediendo, en realidad era yo la que retrocedía y él que avanzaba tanto que terminamos tirados contra el capot del auto, LPD arriba mío, literalmente. Los segundos antes de un beso son impagables, yo no necesito bunjee jumping ni paracaídas ni F1. Yo me quedo con esta adrenalina toda la vida. El chico del parking lot seguía ahí. Ya había confirmado que yo efectivamente esperaba a alguien y ahora tenia al alguien básicamente encima y a los lengüetazas.
Debemos haber tardado unos minutos en despegarnos, los suficientes para dar un pequeño show. Sin aplausos creo que nos paramos y me acomodé un poco el pelo revuelto, la remera y esperé instrucciones. No tenía muy claro cómo seguía todo esto.
LPD dio las instrucciones, valet parking a cobrar a la habitación, abrió el baúl, sacó mis dos, si dos valijas (después de estos días volaba directo a New York) y me agarró de la mano. Cuando subíamos las escaleritas del lobby me miró y me dijo.
-Te registré como Charlotte. No sabía tu apellido, boluda.
Supongo que eso era un detalle, un detalle importante que no contribuiría a la tarea del equipo de CSI Miami para reconocer mi cuerpo asesinado en el Sheraton Bal Harbour. Decido correr el pensamiento. Si a los de CSI se les complica será que a mí ya no me compete. Sonrío, agarro mi tarjeta para entrar y lo sigo.
Creo que nos dimos más besos en el ascensor. ¿Este tipo pensará entrar al cuarto y lanzarse encima mío? ¿Es tarde para la pacatería? ¿Qué le digo, charlamos un rato?
LPD es un gentleman. Me abrió la puerta 1210, me dio unos besos larguísimos, me tiró en un sillón, me dio más besos y dijo.
-¿Nos vamos a comer un sushi por acá?
-Dale.
Caminamos calientes y de la mano por unas cuadras, nos metimos en cualquier lugarcito que encontramos y nos sentamos uno al lado del otro como esas parejas de viejos. Salvo que nosotros queríamos mucho beso y toqueteo. No comí, me tome un vaso de vino blanco. LPD toma Coca de dieta. Charlamos, nos escuchamos las voces en vivo, nos abrazamos y caminamos despacito de vuelta al hotel. La noche recién arrancaba. 1210.

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Monday, June 11, 2007

La Boa y La Cuca. Ceremonial y protocolo

Volvimos despacito. Era tarde y hacía calor, estaba bueno para caminar por Miami y fumarse un último cigarrillo antes de entrar en el mundo nonsmoking del hotel. Yo tenía unos Marlboros argentinos. A LPD le gusta todo lo argentino. Le recuerdo los Havannas que estaban en la valija. Nos dimos unos besos por el camino. A esta altura parecía que nos conocíamos de toda la vida. Entramos al lobby de la mano, esperamos el ascensor callados, subimos callados. LPD se metió en el baño. Yo manoteé el teléfono y la llamé a A a Palm Beach.
-¿YYYYYYYYYY?
-Nada que se yo…fuimos a comer. Acabamos de llegar.
-¿Pinchaste?
-Jaaaaaaaa, no boluda, te digo que acabamos de entrar.
-¿Pero qué onda, nena...buena onda o cero?
-Sí, sí la mejor. Veremos, qué se yo.
-Please llamame mañana. ¿Pero estás bien?
-Sí, si, todo ok. Corto porque está saliendo del baño.
Tiempo de descuento. La boa venía al ataque arrastrándose sigilosa por la alfombra y LPD con sonrisa mafiosa en cara y caminando despacio como John Wayne saliendo de la cantina del pueblo.
LPD me da besos en el cuello, muchos como a mí me gusta y me saca la remerita Prada que me había regalado Chuchi. Verifico que caiga bien parada en el sillón (no me la quiero olvidar y menos tener que reponerla). Sigue su trabajo. LPD es de los que sacan el corpiño con dos dedos. Yo no soy nada mala en lo mío tampoco. La primera impresión: un CK blanco, esos con elástico arriba y de algodón. Bien. Finalmente el encuentro que se venía posponiendo hace un mes. Fue casi una presentación formal, una reunión cumbre. "Esta es la Boa. Boa, esta es la Cuca".
-Nice to meet you.
-Nice to meet you too.

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Thursday, May 20, 2010

Long distance

LPD llama desde al auto, manejando desde Manhattan a algún rincón suburbano donde vive.
-Hola, Cuca. ¿Cómo estás, reina?
Me hace reír. Instantáneamente le escucho la voz a mi amigo y me río. LPD me dice cosas como que no entiende que no tengo un "mino".
-Cuca, un mino, vos tenés que tener un mino que te cuide bien.
-¿Novio, marido decís, qué es un mino, nene?
-Sí, eso. Lo que sea.
Me sigo riendo. LPD es de lo que piensan que todo se resuelve con una pijadivaine, claro. A el le encanta mi independencia y creo que fue de las cosas que más le gustaron de mí pero cada tanto tiene cierta necesidad de resolvérmela.

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Monday, June 04, 2007

La Boa y La Cuca: The Phone Call

Creo que era marzo. V me pasa una llamada.
-Piden por Charlotte.
V tapa el tubo y me dice con la boca un nombre que no conozco. Igual atiendo. Pienso que es un llamado laboral. Me equivoco.
-Hola Charlotte. Soy LPD, amigo de X. Se que venís a New York en abril y soy el responsable de pasearte y entretenerte. Ya mandame tu foto, bebé.
Efectivamente X era un amigo en común y le había dado mi teléfono pero todavía faltaba como un mes para mi llegada y encima de todo me molestan los pibes que te clavan bebé así de una.
-A, sos un desubicado, B no me digas bebé, C, ¿quién te creés que sos, nene? D, ni en pedo te mando una foto.
E no se la dije, pero ya me había hecho reir con el tono de voz desubicado.
LPD me manda un mail con una foto suya. Lo único que puedo concluir de la foto era que tenía dos piernas y dos brazos porque en la foto está haciendo bungee jumping en pleno salto y de espaldas y otra que decía "en las cataratas entre Zambia y Zimbabwe".
Desde ahí fueron trescientos mails diarios y el mismo número de llamados. LPD me despertaba cada mañana; él congelado en la estación por tomarse el tren a Manhattan, yo agobiada en mi cama con lo que quedaba del verano en Buenos Aires. Charlábamos un rato hasta que llegaba su tren y yo me hacía un café con leche.
Después de darnos mucha pero mucha manija, propuso el lugar del encuentro: un bar que me encanta en la 17 y Park, un poco trampa, típico para romper el hielo.
¿Qué iba a decir, que no? A esta altura arrancaban mis veinte días para pensar en qué me iba a poner esa noche.

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Friday, August 17, 2007

LPD, revisited, reloaded, re desubicado

LPD debía estar en Buenos Aires. Lo llamo a alguno de sus teléfonos con nombres de frutos del bosque, Blackberry, Blueberry, Boisenberry, Cranberry, Raspberry o alguna de esas. Nunca lo ubico. Asumo que sus ocupaciones en la ciudad lo tienen secuestrado.
Anoche, cuando ya se habían ido los chicos de casa, cuando estaba recién dormida, desnucada en la cama con la tele todavía encendida pero sin voluntad para siquiera apretar el botón de power, suena el teléfono. A las dos de la mañana un teléfono que suena puede significar solo dos cosas: Sexo o muerte.
-Cuca, recordame la dirección que ando por Palermo.
Sexo.
-¿Eh? ¿Estás en Buenos Aires? Boludo, ¿vos viste la hora que es?
Mientras hablaba, con una mano sostenía el teléfono y con la otra (en pleno sueño) instintivamente recorría mi pierna izquierda para verificar la depilación. Ok.
-Bueno, pasá a darme un beso.
Los siguientes cinco minutos fui dictando calles. Cruzá S. Ortíz, no, no dobles, cruzala. Seguí por Santa Fe. En proceso me volvía a lavar los dientes, chequeaba una cara de dormida irremontable en el espejo del baño, me acomodaba el flequillo, repensaba el look y concluía que si llamaba a esta hora de la noche no iba a sorprenderse por encontrarme en pijama. No cortamos el teléfono hasta la puerta de casa. Hice todo a una mano. Hasta tirarle las llaves por la ventana.
-La llave chatita. Atajá.
Lo escucho subir las escaleras de entrada. Ya le huelo el perfume a la distancia. Siempre está impecable.
-Hola, Cuca.
La Boa no pierde tiempo con preámbulos. Creo que no llegué a contestar. Fiel a su especie, la próxima vez que abrí los ojos la Boa me había arrinconado contra la puerta de entrada y me estaba dando unos besos.

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Tuesday, July 28, 2009

Uolestríters

Mi vuelo que venía de Palm Beach Internacional se atrasó y claramente no iba a llegar a New York a la hora que le había dicho al Tigre. Pensé en llamarlo cuando aterrizó el avión pero al final fue más importante correr atrás de mi valija que hacer ningún llamado y perder más tiempo. Habíamos quedado en que me dejaba la llave abajo en portería y en que tenía que dar una vuelta porque seguramente el taxi no iba a llegar exactamente a la puerta (todavía seguía la calle cortada después de 9/11) pero de todas maneras eran unos metros desde Bowling Green aunque no fuese en subte.
Cuando el shuttle cruzaba el puente entrando a Manhattan estaba oscureciendo y para la hora en que finalmente reclamé mi llave en portería y subí, el Tigre no estaba. Di unas vueltas por el departamento, encontré lo que seguramente sería el sillón que se convertiría en mi cama por las noches y me senté a esperar. Intenté encender alguno de los 6 controles remotos sin éxito y me hice una notita mental de ponerme las pilas al escuchar la explicación a fin de no quedar imposibilitada el resto de la estadía. El Tigre subió de correr a los dos minutos, me saludó como si nada y me llamó por mi apellido como hace siempre, como si nos hubiésemos conocido en la colimba o algo por el estilo y nos acabásemos de ver en el control de armas de la mañana.
El Tigre es mejor amigo Lista A. Cuando vivía en Buenos Aires almorzábamos a veces en Tancat y cocinábamos Hot Chicken Curry picoso algún viernes a la noche que era más o menos la receta para una posible nueva explosión nuclear pero al que había que entrarle estóicamente porque sino se te acusaba de “mantequita” y eso es una mala palabra en la ideología del Tigre.
Esa noche que llegué nos tomamos dos botellas de vino. La primera en un bolichito Vietnamese a unas paradas de subte de distancia y la segunda en la casa del Tigre. No tengo recuerdos en qué dirección fuimos. Cuando yo no dirijo el camino o manejo tengo cero registro de dónde estoy ni cómo llegué. Le conté mi fallida historia de amor con LPD que a esa altura no era tan fallida porque faltaba el gran desencanto neoyorquino y después hicimos los arreglos para el otro día. Yo vaguearía por la ciudad sola; museos, caminatas, poco shopping, me encontraría for drinks en el W Hotel con el hermano de la Chula, lo acompañaría a buscar algo olvidado en su escritorio, pasearía por el Trading Room de Bear Stearns (R.I.P) y me encontraría con el Tigre dauntáun antes de su partida a Buenos Aires sin olvidarme de No tomar el Express train. O puede que haya sido al revés. Seguramente me equivocaría, llegaría tarde, ayudaría al Tigre con su valija y tomaría posesión de lo que sería mi casa por los próximos 6 días bajo la amenaza de “No pierdas la llave vos que sos una colgada, nena porque cagaste fuego. No hay nadie más en todos los freakin US que tenga una copia y no entrás nunca más hasta que yo vuelva”. Con ese tranquilizador mensaje de despedida el Tigre terminó de elegir dos corbatas para las que me pidió opinión, me indicó la ubicación del laundry, me habilitó su amplia bodega de vinos con la consigna “Enjoy whatever makes you happy” y cerró su carry on mientras llamaba al taxi.
El viernes El Tigre llega a Buenos Aires. Seguramente no conteste el teléfono por unos días o esté inubicable (factor que me enloquece levemente) y en el momento menos pensado me llame por mi apellido y me diga que vaya enfilando para la casa de su madre, que hay asado.

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Sunday, June 03, 2007

Involuciones



El fin de semana me agarra clavándome una mala película que pasan en loop en cinecanal y que ya había visto en el cine. Parece un continuado y me encuentro pensando exactamente lo mismo que hace dos años. La pasan a toda hora y la veo una y otra vez, el sábado a la tarde, desvelada a la noche con comida árabe que me cae como una bomba en el estómago, en el desayuno del domingo y en alguna siesta. Lloro en las mismas partes cada nueva vez (partes que en otras circunstancias serían inllorables). La película no es buena.
Irremediablmente, quinceañeramente enamorada de Sean Penn. Invadida de nuevo por ganas de tener sus niñitos irlandeses corriendo por la casa y despertando a la mañana para ver ese ceño fruncido y esa cosa rara que hace con la boca. Ganas de darle mucho besos en esa boca. Compasión por Nicole porque no le toca darle ni un beso en toda la película. Pena. Desperdicio.
Concluyo que hay un tipo físico que me puede. Concluyo que tiene que ver con las narices imponentes. Hilo: Sean, LPD, Dr. Mc Splendid y la lista sigue...

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Wednesday, June 06, 2007

La Boa y La Cuca. When in doubt buy, when in debt, borrow

El plan era un bautismo en Palm Beach en el que oficiaba de madrina y de ahí volar a New York por una semana. Amigas, amigos, recién nacidos. Un amante en Manhattan claramente no estaba en los planes. Esto modificaba todo: repensar la ropa, encontrar un método de depilación que se mantenga durante el largo de un viaje, comprar bombachitas, corpiños. Si todo venía más o menos simple, se había transformado en una larga lista de To do’s para cumplir en el curso de casi un mes.
Las amigas, las benditas amigas siempre ayudan en estas cosas y en otras.
1. Tapadito y tiene que ser tapadito, no un tapado porque los tapados son de vieja. Tapadito es fashion, abrigado, no abulta y lo podés usar para caminar por el Soho y para salir de tacos a la noche. Porque el señor había dicho "tacos", había dicho que le gustaban los tacos. El mío de piel arroja onda pero temí ser hueveada por los de Greenpeace así que suspendí. Salvó Chechus. Tapadito negro entallado, gran cuello, un poco de look de soldado ruso, largo exacto de piernas, ¿un 3/8?
Los llamados y los mails compulsivos cruzaban las américas. Cada vez más entusiasmo, cada vez más hot.
-¿Cuándo llegás mi amor?
-Ay, no se, mi amor, falta un montón.
Los descerebrados se llamaban "mi amor". Mientras tanto llegaban fotos post bunjee jumping, fotos con caras, con ojos y salían de mi mail fotos mías que no respondían a los pedidos de los pedidos desucbicados de LPD. Después de todo en algún momento tenía que repetirme que este era un cuasi absoluto desconocido.
Un día sonó el teléfono en la oficina. Después de pedirme la remera oficial de Boquita de Nike (sumando al To do list, imaginando dónde se compraban estos productos, corriendo mentalmente hasta la esquina de Corrientes y Florida), escucho:
-Cuca, te voy a buscar a Miami. Nos encontramos ahí. No esperamos nada hasta New York.
-Pero vos estás loco, nene. Nonononononononono…
Creo que le debo haber dado unas horas de vueltas que no fueron muy efectivas porque antes de cortar lo último que escuché fue: Domingo 2 de abril a las 7pm en el Sheraton de Bal Harbour. Te espero.

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