Tuesday, November 03, 2009

Silver

Padre de amigos comunes festeja segunda nupcia plateada o 25 aniversario. Gran festejo gran. El dress code en la tarjeta no era demasiado exigente, hacía entrever algo como cocktail anochecido; es decir, siempre vas a encontrar la desubicada que se viste de largo total como si fuese a un casamiento en el Duhaus y la que maneja mejor las medias tintas y se viste accordingly. Hago la selección de zapatos y arranco con unos altísimos, imposiblemente altos, y guardo un par 2 en una bolsa que pretendo dejar en el auto antes de caminar el empedrado traicionero que tiene la entrada al Yacht de Puerto Madero. La noche está plagada de mosquitos y la temperatura amenaza con hacer Bunjee jumping de un momento al otro así que también tengo una pashmina que es algo así como “ a girl´s best friend”. Se habían equivocado con los diamantes. La posta es la pashmina.
A la mañana me llama preguntándome la hora del evento.
-8 en punto. Sharp. Son ingleses.
-Bueno, veremos a qué hora llego. No sé si sharp, sharp.
Es el tipo con la más amplia laxitud horaria que conocí en mi vida y 20 años más tarde he decido dejarlo ser. Un clásico caso de Stop kicking it, it´s dead.
A la noche vuelve a mandar mensaje de texto repreguntando horario.
8 en punto, tipeo.
Terminala con el en punto! Estoy en Coto con la promo de los viernes. Después al yacht. Que paradoja.
Ceremonia emotiva, la gente como yo aprovecha para lagrimear por lo que le conviene, se puede lagrimear a gusto y piacere en estos eventos y sho lo que es sho soy de emoción fácil. Además, los bagpipers me revuelven un poco el alma. Algo con el sonido medio solitario de la gaita. También veo que hay un bagpiper bastante buenmozote pero sigue siendo, al final de este día, un hombre en kilt. No jodamos.
Las gaitas ya se callaron y ya se pasó por una media hora del sharp. Lo veo aparecer entre la gente hasta pararse al lado. Tiene una barba de look estudiado de algunos días que le queda muy bien. Le hago un thumbs up mientras escucho todo eso de que el amor todo lo puede, todo lo perdona. Por lo demás un traje azul oscuro impecable y camisa blanca con ausencia de corbata que me señala.
-Todo bien, la mitad de los pibes está sin corbata. No es de traje. “Something in silver would be appreciated” decía la tarjeta. (Le señalo al que podría ser el padre de Sean Connery con un moño plateado en la solapa. Brits obedientes, pienso).
Le señalo el collar plateado que me colgué yo.
Revolea los ojos.
-¿Venís de la súper promo de Coto a todo glamur?
-Callate imbécil.

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Sunday, September 21, 2008

Pseudo Silk Kimono






Huddled in the safety of a pseudo silk kimono wearing bracelets of smoke, naked of understanding.
Por un momento creí estar de acuerdo con Marillion y me convencí de que cualquiera de mis dos kimonos era una opción segura. Hasta pensé en levantarme el pelo en un rodete con mis palitos pero después temí verme colocada detrás de alguna barra de sushi cortando sashimi en pleno casamiento. Desistí. Dejé las opciones de kimono encima de la cama. Revisé frenéticamente mi placard en bolas, con el pelo chorreando, odiándome por haber dejado todo para último minuto y con unos tacos negros como única decisión de vestuario. Después, repitiendo lo que toda mujer repite un viernes a la noche antes de salir sin haber pasado por el shopping: ¡No tengo un carajo qué ponerme!
F me charla por teléfono mientras yo pruebo opciones y relato.
-No tengo ropa, literalmente. NO TENGO RO PA. Decí, boluda que la moda de ahora es un divague y cualquiera manda cualquiera. Iba por el kimono pero vos víste, no sé si da para la Rural. De repente me mandaban a repartir Niguiris atrás de la barra. Sale strapless negro con un coso de Anthropologie…
-¿Qué coso?
-Un coso trasparentón. Ah, y el collar que le tengo que devolver a V que me vuelve a sacar de un apuro.
Llego a la iglesia tarde, muy tarde. Los novios ya están en el altar. Una señora entra con su marido todavía más tarde que yo. Lo mira con cara de angustia.
-Es con misa.
Le hago señas con la cara para que se tranquilice, le digo que no, que no se preocupe, que es un salmo nomás. Cuando los novios salen agarrados del brazo, un señor alto que habrá sido buenmozo en su época trata de desplazarse despacio hasta el costado para verlos salir. Lo miro y creo que tiene Parkinson. Su hijo lo lleva del brazo y me pregunta si los dejo pasar. Instantáneamente me corro y dejo que el señor me tape la ya poca visión que tengo dese mi altura. El hijo le sostiene la espalda. A mí se me escapa un lagrimón y ni siquiera llegué a ver a la novia.
La mesa es una mesa 100% local. No hay una sola cara que no conozca. Tranquilidad. Parejita, parejita, parejita, parejita, otra más, el solterito canchero y yo. Hermano menor de íntimo amigo. Casi un hermano, un primo.
Sorprendentemente los pibes balón se comportan y sorprendentemente el DJ no arranca con:
a) be sure it´s true, when you say I love you.
b) Start spreading the news…
c) Insertar opción predecible.
Bailo. Conforme con haber dejado el kimono en casa. Saludo gente. Bailo un poco más y nuevamente repito la misma frase que digo cada vez.
¿Porqué mierda me habré puesto estos tacos?

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Sunday, December 09, 2007

Instant Karma



Creo que si voy a un casamiento más en mi vida cometo una masacre. El tedio de los rituales se vuelve insoportable y lo peor de todo es que igualmente soy de las imbéciles que se emocionan cuando la novia entra del brazo del padre o el amigo del novio “dice unas palabras”. Durante la ceremonia me mantengo impertérrimamente (?) quieta en respeto por los ritos ajenos; con una distancia tan grande que cualquiera diría que vengo de sesenta vidas pasadas de reencarnaciones hinduistas y a dos pasos del Nirvana. Nadie sabe que disimuladamente por dentro y gracias a mi horrible memoria, podría repetir cada una de las palabras que pronuncia el señor de la sotana parado en el frente. Mis únicos movimientos mientras la gente se santigua son para atajar los lagrimones que amenazan con correr la triple capa de máscara para pestañas que apliqué antes de salir y que atentan con dejarme convertida en un mapache, no el indio, el animalito que robaba huevos en lo de los Ingalls, el mismo que Charles todopoderoso, misericordioso, rey del cielo y de la tierra, se negaba a matar.
A media hora del bocinazo en la puerta todavía no se que ponerme. De tener que elegir un color de ropa en el planeta, elegiría el negro. K dice que Pink is the new Black. Yo tengo mis dudas. Paso las prendas colgadas como si fuesen carpetas de esos archivos flotantes.
-¿Es de día o de noche?
-It´s an afternoon wedding- me dice la madre del novio.
What the fuck? Ni de día ni de noche. Comprate este vestidito que es ideal para el crepúsculo.
-Hola sí, qué talseñorita, ¿tienen algo así como para el crepúsculo?
Todavía no está inventado y el protocolo al respecto menos. Paso, paso, paso prendas. Rescato item bizarro que es de doble riesgo. O bien será adorado por mi madre (¿desde cuándo me importó lo que ella opinase sobre mi vestuario?) o bien me mirará entrar por la alfombra roja con ojos cruzados para reprobar con un poco más dulzura de lo que lo haría Joan Rivers. En mi vida le he refregado por sus naríces: jeans con agujeros en rodillas (ambas), nevados y sin nevar, alpargatas con medias tres cuartos y sweaters largos con hombros descubiertos (para ir a la playa, claro), tiradores cruzados sobre pantalones pinzados de Marithé y Francois Girbaud, labios negros y un tapado negro que arrastraba como el tío cosa, un flequillo punk que me paraba con Set Elnett o en su defecto jabón, eso sí, cuando lograba sacarme los guantes de encaje negros con los dedos cortados y acomodarme el enorme moño dorado que me sostenía la media colita.
Cuando en duda, naranja. Cuando todos los demás colores me traicionan, naranja. Se lleva bien con un incipiente quemado de sol y con la luz crepuscular. Me miro al espejo y no se si parezco un Harekrishna con peluca rubia. Ensayo saludos a los comensales y algún paso de baile por si las moscas. Es cómodo. Me pruebo una vez más el caballito de batalla en negro, tan tentador el. Lo dejo. Opto por el Harekrishna y te impresiono con el make up, un recurso barato al que vengo recurriendo seguido. No siempre funciona.
Dicen que las mujeres se visten para las demás mujeres, para las demás mujeres y sin saberlo para las miradas desaprobantes de sus madres. Casualmente, la mía, entretiene a una señora durante el coktail contándole como mi abuela le prohibió la salida cuando una vez se vistió con una pollera tubo negra, una polerita del mismo color, un pañuelito al cuello y ballerinas negras. No la dejaron salir. Karma, pienso.
Con un langostino en una mano (casi del mismo color que la sombra que elegí para los ojos) me acomoda un poco el pelo y me sonríe.
-You look beautiful, baby. Orange really suits you, che. You should wear it more often.
Y veníamos con todos los edipos y las electras triunfantes.
-Besides, para dejar un poco el negro, ¿no?
Karma.

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Sunday, October 21, 2007

Cosecha tardía

Yo perdí mi virginidad (por elección) tardíamente, en un Volkswagen. La elección no fue por lo del Volkswagen (no creo que nadie elija ese auto para ser desflorada) ni por lo tardío. Esas dos variables simplemente se dieron. Lo que decidí fue ponerle fin al estado. Faulkner dijo ¨Virginity is only a state in which the others are left”. Yo siempre fui una gran lectora de The Sound and The Fury, lo de "gran" me lo adjudico no por las veces que leí la novela (las dos primeras veces a los 17) sino por como la mastiqué, deglutí, soñé y obsesioné, tanto que puedo recordar al menos tres páginas enteras así de memoria, con los puntos y las comas, con los tonos de las itálicas cuando cambia el tiempo del relato, con las voces de los personajes rondándome. Yo también pensaba que era un estado. Había que modificarlo. No se si lo decidí una noche, una tarde o una mañana pero tomada la decision se tornó impostergable.
Creó que dolió, un poco (a pesar de mi himen complaciente y todo). Creo que fue divertido, poco traumático. Creo que fue sobre una de las calles que rodean al cementerio de Olivos, pero no sobre Pelliza. En los muchísimos años que pasaron desde ese día nos hicimos íntimos amigos. En el frente de mi heladera, agarrado con un imán que dice Sex, nice guys finish last (por purísima casualidad) está la participación e invitación a su casamiento.
Cuando el mozo preguntó tinto o blanco, el tipo al lado mío sacó sonrisa socarrona y le comentó al amigo.
-Tinto, claro. El blanco es para pintar paredes.
No se si me molestó el tono o si efectivamente tenía ganas de un Chardonnay.
-Yo blanco, por favor. La cuestión es saber tomarlo.
Levanté cejas, copa y di mi primer trago de lo que iba a ser una larga noche.
-¿Y vos sos amiga de la novia, rubia?
Siempre hay un pelotudo en los casamientos. Y cuando fuiste a muchos, en más de una oportunidad te tocó sentarte al lado. Al tipo le cambian la cara, el color del traje y parte del guión de evento a evento pero siempre, siempre es igual de pelotudo. Este hablaba de su mágica vida después del divorcio, de sus prácticas fundamentalistas de soltero empedernido, de cogerse la mayor cantidad de minas posibles y enamorarse de ninguna y además, por el mismo precio te daba tips de cómo vivir la vida. Cada dos o tres frases clavaba un “lo que pasa es que a las mujeres les gusta tal o cual cosa”. Y al rato “lo que les pasa a las mujeres es...”. Mucho las mujeres. El gordo chanta después te comparte detalles de su vida íntima que no querés escuchar y te cuenta de su última relación, de cómo le informó a su chica “así todo hecho un dandy en zolsilloncas escoceses con el fuego de la chimenea que me calentaba el traste, que yo no estaba para profundizar la relación, ¿vistes? y se lo dije justo después de hacer el amor”. Porque en varias oraciones me entero que ellos hacían mucho el amor.
-¿Vos hacés el amor? Creo que lo dije con cara de haber encontrado una babosa en el filet mignon que estaba cortando. A mí lo de hacer el amor me molesta al oído, no se si tanto conceptualmente.
-Yo me cansé de coger, rubia.
Y sin ningún derecho abusó del "rubia" nuevamente. Porque hay tipos que lo saben usar y otros que no.
-Yo me cansé de coger.
A mi izquierda una veinteañera escuchaba espantada nuestra conversación y me agarró las caras. La miré cómplice y mientras me agaché a levantar la servilleta le dije:
-Y yo me cansé de este gordo tirapedos. ¿Me la remás al baño o afuera a fumarnos un puchito?
La joven remadora me acompañó al baño. Fumamos trepadas al mármol al lado de las toallas. Ella se mira al espejo y se arregla el vestido.
-Estoy going commando hoy.
Con las dos piernas colgando de la mesada del baño primero pensé si trataba de un término bélico y revisé en el disco rígido desde M.A.S.H, Swat, Platoon, Combate, Saving Private Ryan, Black Hawk Down, Apocalypses Now (con las partes cortadas) y nada, en blanco. ¿De qué me habla esta mina?
Entonces me muestra el vestido de saten de seda que había sido un camisón de su abuela y me habla de la imposiblidad de usar ropa interior. Le digo algo de la costuras al bies y cómo marcan las bombachas.
-Claro, tal cual, por eso estoy going commando.
Quería largar un Ahhhhhhh largo e iluminado pero hubiese sido admitir una derrota idiomática total. Opté por dar una pitada y seguir.
-¿Y de adelante no se te transparenta nada?
-Wax total, nena.
-Ah, sabés que total total me da impresión. Yo ponele que un cachito me dejo.
-Sí, de una, lo que no da nada es el bush.
-No, cero. La concha ochentosa. Un espanto. Sí, demodé.
-Mosquito runway a full.
Volvimos a la mesa. Southmerican gigolo había encontrado otra víctima. Le hablaba de vinos. Ella estaba encantada.

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