Tuesday, February 28, 2012

Esos árboles sin foco


Y la cosa es que cuando las ves a lo lejos (y no tan lejos también), las casuarinas parecen estar fuera de foco. Permanentemente. Los bordes borrosos, difusos, astigmáticos. Así veo yo a la distancia cuando me saco los anteojos. "Astigmatismo meópico contra la regla" creo que era el diagnóstico. Contra la regla, se ve que hasta para ver a la distancia me rebelo un poco. Los chicos se traumatizaban cuando les ponían anteojos. Yo me senté un día en cuarto, abrí el estuche y miré a los costados y al frente. Fin de la cuestión. Se ve que fui una niña bastante segura de mí misma. Nunca nadie dijo nada y yo siempre consideré que me quedaban muy bien.
-Te dan mucha personalidad, creo que decía mi viejo.
Esas pelotudeces que dice la gente creyendo que uno necesita consuelo. La personalidad la tuve antes. Creo.
-Me calientan esos anteojos.
Alguien.
El astigmático ve el mundo como los mortales ven las casuarinas siempre.

-¿Es agua que corre?
En realidad no se lo digo como pregunta, más bien lo afirmo porque creo estar segura que es el ruido del arroyo que pasa al final del jardín, pero cuando nos acercamos caminando me doy cuenta que no, que es el viento que pasa por las casuarinas y hace ese ruido a agua que corre. Raro. Esos árboles sin foco.

El viento recién se calma a la tarde, cuando empieza a caer el sol. Antes me trabo en una lucha cuerpo a cuerpo con la Nación y concluyo que es una tarea imposible y la abandono. Opto por mi libro nuevo. Empezar un libro siempre es un gran momento para mí. Lo levanto como para tapar el sol que me da en la cara. El viento paró y las casuarinas se callaron.

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Saturday, February 25, 2012

Me escurro

Al campo.

Friday, February 24, 2012

Y vos

Cuando llega el fin de semana te me escurrís como un jabón.
Eso me dice mi amigo N.

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Lost

Pierdo por momentos el sentido del humor y cuando me vuelve es ácido y amargo como el vómito y ni siquiera me río. Nadie se ríe.

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Friday, February 17, 2012

Desvelada


Me despierto en la mitad de la noche aterrada, tanto que tengo que encender la luz, calmarme, bajar a buscar una botella de agua y aturdirme con un poco de tevé de madrugada. En Europa Europa agarro el comienzo de la película que agarré terminando el otro día, esa de Peut-être Jeanne est morte d'amour. Los amantes se dan uno de esos besos que se ven poco, tanto que me pasa algo en la panza cuando los veo. Y ese sexo desesperado en un auto. Algo más en la panza. Sigo la película hasta la parte que vi la otra noche y apago. Son casi las 5 de la mañana y me entero por qué Jeanne murió de amor.

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Wednesday, February 15, 2012

The One I Swim to in a Storm


Reviso mi Moleskine del viaje a Italia. Encuentro las anotaciones que hago a la noche después de bajar las fotos.

Estaba ahí, un manojo de candados enredados, agarrados a una reja del Ponte Vecchio. Cada tantos metros encuentro más, tantos que tengo que parar y preguntar en el italiano improvisado que vengo sacando estos días. Leyendas, todo en esta ciudad parece tener una historia detrás. Los amantes los dejan ahí para sellar su amor parece. Mariconeces, pienso. Y nadie sabe por qué el resto del día ando cantando Lover´s Rock y concluyendo que es un buen soundtrack.

When I need to be rescued
And I need a place to swim
I have a rock to cling to in the storm
When no one can hear me calling
I have you I can sing to

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Monday, February 13, 2012

Just Say No

El cliente que me ve bostezar compulsivamente y cada tanto retorcerme en la silla, sentencia que lo que tengo es "empacho". Yo supongo será una versión de lo que yo llamo ataque al hígado o una suerte de intoxicación. Me ofrece "tirarme el cuerito".
Su cara y el ofrecimiento son cien por ciento bien intencionados pero me armo una imagen mental del sillón del estudio, yo tirada boca abajo y el cliente levantando la remera para acceder a esa parte del cuerpo que el identificará como el "cuerito" y tirar. Y yo, que grito cuando me suenan la espalda o cualquier cosa por el estilo, es de esperar que además todo, grite. Sillón, remera, espalda, grito. Un cocktail imposible de digerir para mi frágil estado.
Agradezco pero paso. Con el mayor de los cariños y estilo pero digo no.

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Envenenada

La cosa es así. Un día, sí, UN día en el año vos te sentís mal. Te duele la panza, te retorcés en la silla y no te quejás demasiado porque no es tu estilo quejarte demasiado. Porque básicamente te rompe las pelotas la gente que se queja.
Y entonces, cuando llamás a tu padre para ver cómo está (porque esto no dejás de hacerlo, claro, más allá del retorticón) tal vez con la idea de que tu malestar lo distraiga de su larga lista de males que se encarga de repetirte en cada conversación (cada beso, cada abrazo y completo la canción), que lo distraiga y por qué no que pregunte, que se interese, que desenfoque la fascinación con el propio ombligo y traslade; a mí me funciona al menos.
Pues no. Más malestares. Propios y ajenos. No olvidemos que también hay tías y tíos con padeceres. De repente cualquiera diría que esto es una competencia.
Y siempre fui tan mala compitiendo.
Tan mala que dejo ganar pero lo hago con bronca. Resentida.
-¿En algún momento registraste que la que se siente mal soy yo? Digo, ¿puedo?
Victimización. Hay que sostener el personaje. De los dos lados.
Para lo que definitivamente tengo talento y gano siempre es para la culpa (ahí les rompo el culo a todos) y dos segundos después cuando registro la voz quebrada del otro lado me toma por completo y la ejerzo como si fuese un derecho universal del niño (de 41).
Me había hecho una firme promesa a mí misma en algún momento del año pasado. Pero se ve que a veces, hasta cuando compito conmigo misma, pierdo.

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Friday, February 10, 2012

Peut-être Jeanne

Europa, Europa. Es tardísimo; están dando una de esas películas francesas que ya por francesas sabés que terminan mal. Imposible uno de esos finales Hollywoodenses en el que el amor triunfa y pasan el resto de su vida juntos. Jeanne muere (como es de esperarse) una mañana mientras lee el diario. No se sabe qué le pasa exactamente hasta horas más tarde cuando abren la cartera y encuentran el recorte de diario doblado prolijito adentro. Su marido mira la foto. No entiendo si él entiende todo ahí o solamente yo que sé más que el. Dramas de narradores omniscientes y otros asuntos del cine francés agarrado diez minutos antes del fin. El amor de su vida, ese viejo amante que escenas atrás la cruza en la calle de la mano de su hijo y le dice todo eso de "Je t’ aime, Jeanne" y ella con los ojos cargadísimos de lágrimas lo mira y sigue caminando, ese hombre por el que nunca se atrevió a dejar nada en su vida, había muerto.
Siempre agarro los finales. Hay una voz en off justo antes de los títulos.
Peut-être Jeanne est morte d'amour. Tal vez Jeanne murió de amor. ¿Se puede? Tal vez, pienso.

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