Thursday, February 09, 2012

What´s Cooking

Nos sentamos con dos copas de vino blanco y trabajamos un poco. Resulta que ahora come sin sal por no sé qué prescripción médica y entonces tengo que cocinar algo (nada más ni nada menos que a mi amigo el cocinero) "sanito y sin sal". Pienso en su risotto crocante de Dominga o de esos años en los que éramos tan jóvenes y el estaba atrás de la barra de sushi del Soul cuando Las Cañitas todavía era un lugar transitable. Apenas tiro unas pechuguitas de pollo con miel y un poco de curry en una sartén me doy cuenta que sólo tengo limas.
-Traete unos limones, please.
Arrancamos mal.
Llegan los limones y el vino blanco que va bajando rápidamente mientras hablamos de laburo y hago anotaciones en una página nueva de mi Moleskine negra que se llama "Ideas en tránsito" y tiene un rejunte de cosas sin hilo salvo ese, que están "en tránsito". Cada tanto espía lo que voy anotando y le aseguro que después lo paso en limpio y se lo mando. Es raro que yo pueda pensar sin anotar. Hace tiempo que perdí la costumbre de pensar sin registrar.
Las pechugas de pollo están raznonablemente bien y el mango le suma bastante a la ensalada verde con los cherries y la palta. Pruebo yo también comer sin sal y veo que se puede; definitivamente.
Le cuento del libro de Bourdain que estoy terminando y hablamos de comida, sus tiempos con Mallman, los viajes y lo fanático que es de la comida sencilla. Respiro aliviada. Ante la duda, un rato antes (para tenerlo alejado de las monstruosidades que estaría haciendo yo en mi hornalla) le pedí ayuda para lavar la lechuga. Mi Silvita de Utilísima: un chef. Que lujo mis amigos pienso a veces, mentira, casi siempre lo pienso. Le paso algunos temas grabados que canté y me mira sorprendido. Hablamos de música, los proyectos y nos damos manija con que en algún momento yo voy a cantar en vivo en su boliche. Ya habíamos terminado la botella, claro.

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Tuesday, September 21, 2010

Repasando la historia II

Cuando yo era pendeja y me creía muy canchera, compraba More Mentolados en Punta del Este y los fumaba a escondidas en el balcón del Malecón o en alguna esquina de Gorlero.
Cuando llegaba a Buenos Aires me olvidaba que era fumadora y nunca más volvía a hacerlo.
Una vez mi madre me encontró los restos de un paquete y me encaró.

"Do you smoke?".
"No, I don´t".
"Well there´s a pack of Mores en tu escritorio".
"We´ll they´re Sonia´s. Sonia smokes".

Y así quedaba todo.

Distinto fue cuando encontró la cajita de Prime. Ahí no preguntó nada. Y yo ya no era tan pendeja, claro. Hubiese estado bien si decía:

"And I guess it´s also Sonia who´s fucking this time, right?".

Pero no. Silencio.

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Monday, September 20, 2010

Repasando la historia

En los 90, cuando la gente se casaba, hacía lista en Flox y después se mudaba a lo que llegamos a denominar con mi amigo Hernán El barrio gris de los recién casados. Ni Palermo ni Recoleta, ni lindo ni feo, ni con onda ni absolutamente sin. Uriburu y Peña sería una ubicación impecable para recién casados que decorarían su casa con los regalos de Flox que exhibirían en gradas forradas de terciopelos oscuros que se alquilaban para la ocasión y mandarían tarjetitas impresas en Gaspar y Octorino con ambos sus nombres tachados y una notita que leía:
¡Gracias por los lindísimos platos de sitio!

O bien:
Un amor el juego de té.

Y si el regalo era demasiado importante, se compraba entre varios en Wright´s y ahí contribuías por ejemplo con un 1/8 de los cubiertos de plata (sin incluir los de postre) o 1/7 de la fuente de servir. Si no, regalabas cosas de “todos los días”. Era la época Carlo y había mucho importado, entonces de repente te jugabas con los cubiertos plásticos de servir de Guzzini (con los bowls de la misma línea espantosa) y dejabas 1/19 avo de sueldo. Y era plástico, claro.
En las mesas había Valmont y uno pedía los vinos “que pedían papá y mamá”. Nos llevó unos añitos volvernos enólogos expertos y ahora nunca falta un pelotudo que te descubre el cuero en un tinto y te habla de notas versátiles de frutos rojos y un fuerte impacto a madera en boca.
Ni Flox ni Valmont. Ahora, el resto está por verse.

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