Estimada
MierdaLa gente acá me dice que no tiene demasiado sentido perder tiempo puteándote y diciéndote lo que pienso de vos, o regodearme en todas las maldades que te haría o en pensar en los mil tormentos emocionales a los que te sometería. Me dicen que no. Y yo también me digo que no. Pero esta vez no la puedo evitar y pienso que me puedo dar la licencia una vez y después basta.
Enriqueta de mierda y la reputa madre que te recontra parió hija de una re mil puta. No me lo permití antes porque lamentablemente soy una defensora de la teoría del boomerang, de toda esa pavada de
what goes around comes around y todo eso. Pero ando con unas ganas locas de tocarte el timbre o mejor aún, de poner tu dirección acá mismo para que cualquiera te toque el timbre y te diga una puteada a elección en la jeta. Y sabés que no estoy para entrar en discusiones abstractas acerca del pasado, las culpas, los 50% de las parejas y toda esa vaina. En esa ni me meto, justo en esa parte te la re tomo. Si querés discutimos sobre la gente y la gente de mierda. Pero tampoco, porque sos tan básica, tan elemental, tan necia, tan emocionalmente rudimentaria, y además tenés el pelo tan mal teñido y te cuento que no sabés hacerte un brushing decente. Atrás te quedan unos pelitos como de concha que no sabés dominar y vos no te los podés ver pero sabé que el resto de la gente sí y pensamos que quedan horribles. Casi tan horribles como ese lifting que te hicieron mal hace unos años. Quedó mal atado atrás de tus orejas como a Kenny de Micelis y las cejas te las depilás demasiado y ahora ya es irreversible, te las vas a tener que ir pintando con un lápiz marrón que vende Mac y es ca-rí-si-mo. Such is the curse I lay upon you, bitch, porque no quiero odiarte mucho más que esto, porque cuanto más te detesto más cercca te tengo y no quiero que me venga de vuelta. Y a vos te quiero lejos. Ni siquiera. Vos, lejos. Eso.
Sr Transferencia dice que mi cara aniñada, escondiendo notablemente unos cuántos años no es casual, que sintoniza perfectamente con mi historia, que en todo esto soy un niña aún. Cuando me encuentro en estos razonamientos tan maduros y centrados como los de hoy no puedo evitar confirmarlo. Solo me falta sacar la legua y ponerme bizca.
Pienso que puedo vender enfrascada una fórmula revolucionaria:
Patologie Antiage. El último grito en terapia antienvejecimiento. Atrás quedaron los antioxidantes, el Q10 y el colágeno. Elabore mal su edipo, involucione a intervalos, enójese con su realidad y razone como una adolescente enfurecida. Un día mírese al espejo y confírmelo. Hasta la gente se lo dirá. ¡Diez años menos, diez! O le devolvemos su dinero.
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