Thursday, January 22, 2009

Adentro

La luz de la sala de ecografías es rara. El lugar está casi a oscuras de no ser por la luz que sale de la pantalla en blanco y negro que en realidad no es blanco y negro sino que está en negros y azules y grises. Hace que todo se vea raro. Por ejemplo el rojo de las uñas es mucho más oscuro y parezco mucho más quemada de lo que realmente estoy.
Espero sentadita en la camilla (un poco impaciente) y en dos minutos me encargo de crear un pequeño caos. Desacomodo la sábana que está sobre la camilla, sacudo un poco el biombo mientras cumplo la orden de “desnudate de la cintura para abajo”. Tengo ese miedo clásico que una tiene cuando alguien se dispone a meterse adentro tuyo a revisar. No pasa seguido y una se vuelve refranera y piensa que el que busca encuentra y todo eso y por qué no un poco hipocondríaca también.
El ginecólogo, no el mío, no Dr. Moreno, “el de turno” es como era de esperarse jovencísimo y lindo. Una pena conocerlo en estas circunstancias. Esto siempre es raro, el extraño, las piernas separadas, el tacto. Joven Dr. anota diagnóstico poco específico en papel y solicita orden.
Molestia en F1.
Yo podría haber dicho eso sin toda una carrera detrás. Salvo por el F1 que asumo es una coordenada que se corresponde con el punto que yo le señalé tomándole la mano y apoyándola en algún lugar a la izquierda de mi ombligo llegando a la ingle.
La eco, como también era de esperarse, es transvaginal. El proceso, el de siempre. El palito con punta redondeada, amistosa, anatómica, con preservativo colocado y cantidades industriales de gel helado. Se mueve de izquierda a derecha, arriba, abajo con una increíble capacidad de maniobra en un espacio tan reducido. Porque sí, porto espacio reducido, eso lo sé.
-¿Ese es el ovario?
-Aha, tu ovario derecho.
La señorita ecografista traza una línea marcando el diámetro, aprieta el mouse, corta. Sale la medida en pantalla. 26 x 19 mm. Increíblemente pequeño. Una nuez, no más.
-El izquierdo se me está escapando…
Justo ese, pienso, el que me duele.
-Bueno, en ecografías anteriores siempre salió.
Hago risita idiota y el clásico chiste bobo de nervios. ¿Dónde está mi ovario izquierdo?
-Que no lo encuentre es bueno, quiere decir que está chiquito. Acá, acá esta. Todo ok. Tic, tic.
Hace las rayitas esas del diámetro. 23 x 14 mm, más chiquito aún. Una almendra. Espero que salga el informe de la impresora. Verifico estar llevándome el mío (he vuelto con cálculos vesiculares ajenos) y salgo a 25 de mayo que está agobiante. Yo estoy tranquila y hasta me arrepiento de no haber terminado de sacarme ese gel helado que siento que todavía está ahí. Porque en la calle, claro, ya una habla de ahí.

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Wednesday, August 29, 2007

Especulaciones

Cuando hablamos con el Dr. Moreno no hablamos de "coger", hablamos de "relaciones sexuales", y por supuesto de mamas y vagina. Nunca las palabras esas que una usa normalmente para referirse a sus partes y menos aún las que usan los otros para referirse a esas mismas partes. Dr. Moreno, el mismo que declaró (hace lo que parece siglos), que vine con un virtuoso himen complaciente, siempre verifica que las relaciones sexuales vengan “sin ardores ni dolor después” porque parece que eso es de lo más importante. Abro las piernas.
-A mi lo que me duele es ésto, Moreno.
-Y sí, es molesto y eso que estos nuevos espéculos de plástico son mucho mejores.
No digo nada pero me pregunto qué sabrá Dr. Moreno acerca de lo que se siente tener un espéculo entre las piernas. Me callo. Igual el hombre es suave y respetuoso, no hay mala intención en su comentario. Cierro las piernas.
Revisa “las mamas”.
-Vamos a ver las mamas, ahora.
Primero una, con movimientos circulares desde afuera hacia adentro con dos dedos y después las dos a la vez con los brazos a los costados, Charlotte, con los brazos atrás de la nuca, con los brazos sobre mis hombros, Charlotte. También explica que siempre hay un pezón más sobresaliente que el otro o uno más retraído (no recuerdo bien) y confirmamos que mi sobresaliente es el izquierdo.
-¿Ves? Fijate.
Apunta a uno y al otro.
-Todo bien, piba. Andá a cambiarte.
Camino al baño en puntitas de pie porque el piso impoluto está también helado y me saco la batita de papel que por lejos debe ser el atuendo menos sentador del mundo del diseño. Dudo si se tira en el tacho o en el canasto. Opto por el canasto.
Nos damos los besos de despedida, me dice que lo llame en diez días por el resultado del PAP y me escolta hasta la puerta.
Llego al gimnasio y me siento en los aparatos esos para ejercitar abductores. Siento que me pasé el día abriendo y cerrando las piernas. Cuando paso del aparato que cierra al aparato que abre, la máquina me confirma una verdad predecible: a igual carga en las pesitas del costado, es mucho más esfuerzo cerrar las piernas que abrirlas. Vaya descubrimiento.

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Thursday, November 23, 2006

Ginecología y obstetricia


Cita con Dr. Moreno, de esas habituales en las que conversamos yo mirando el techo y él entre mis piernas. Moreno es cuidadoso y se preocupa cuando le digo que el espéculo es tremendo y me pregunta si cuando estoy con un tipo la tiene clara y mide los tiempos. Yo le explico que el espéculo es muy distinto, que relaje, que no tengo pavores freudianos a la penetración. Creo que me cree. Triste sería.
Afuera están K mi socia, y mamá. Con K compartimos a Moreno y madre decidió acompañarnos ya que son contadas las ocasiones en las que piso zona norte y ella aprovecha para compartir un café y pasar un rato juntas.
Salgo yo, entra K. Mamá lee una revista “media catolicona” dice y estoy tan cansada que me recuesto sobre su falda y me hace mimos en el pelo como si tuviese seis años. Creo que me quedo dormida y sueño con panzas grandes. Nos lleva de vuelta a la estación de Acassusso.
Hoy a la mañana me la paso en lo de Stamboulian y me tomo un café que estaba por enfriarse, con una amiga. Pero no, lo tomamos caliente en una vereda con sol. Pinchazos y pis en un tarrito. LH, FSH, estradiol, progesterona y los clásicos. Hay que saber cómo anda todo.

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Monday, January 23, 2006

Anotaciones varias



En una época se me dio por llevar un estricto control de los acontecimientos de mi vida sin importar cuán banales y entonces hacía anotaciones en la agenda del tipo: Comida con las chicas/ Dominga o bien, DVD en lo del Tano. Me había pasado ya, en varias ocasiones, que hacía esfuerzos por recordar lo que había hecho tal o cual día de una semana y no había manera de acordarme. Estos baches me llegaron a estresar un poco así que no me quedó otra que desarrollar el mecanismo. Justamente yo, la que siempre se había jactado de ser Funesita la memoriosa.
A esto se sumaba que fui y soy hipondríaca y entonces también arranqué bien temprano con la costumbre de anotar cada ciclo menstrual, con día de inicio, duración y días de ovulación resaltados para mostrarle al Dr. Moreno y confirmar que todo andase sobre ruedas.
Finalmente, en un salto delirante me vi manteniendo un registro de los días en los que tenía encuentros sexuales. Como no podía anotar así “cogí” literalmente en la agenda, tuve que afilar un poco el método. Entonces surgió este icono de mi propio diseño que se ubicaba a pie de página. Era básicamente una copita como de Martini, con un palito que sostenía una aceituna y un número que identificaba el número de encuentro del año o el número de encuentro con la persona, esa parte no me la acuerdo bien. Como mi agenda está siempre llena de anotaciones y garabatos varios, las copitas de Martini bien pueden confundirse con el resto de las cosas que pululan por la página y lo mismo el número. De hecho, mis clases siempre tenían el nombre del alumno y el número de clase dada, al lado. Esto me permitía tener un registro bastante exhaustivo de lo que iba a cobrar a fin de mes, de las noches de lujuria y las personas que me habían acompañado. En ese tiempo trabajaba en un instituto de inglés y una de las secretarias cuarentonas, Alicia- a la que yo apodaba Malicia- al ver mi cara de cansada tenía la costumbre de preguntarme: "Y, nena. Anotaste en la agenda?".
Los nombres iban con siglas, cosa que me trajo algunos problemas con los años porque ahora que veo, revisando viejas agendas, hay siglas que se corresponden más con centrales de inteligencia soviéticas o yacimientos petrolíferos fiscales que con personas y no logro identificar los nombres de los personajes que hay detrás. Y no es porque hayan sido tantos.
Esta pequeña neurosis la debo haber adoptado allá por 1992 y después se volvió uno de esos hábitos difíciles de cortar, tan difícil que debo confesar, se continua hasta la fecha.

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Monday, December 12, 2005

Anual

Debo ser la única persona que vive en Palermo y se desplaza hasta San Isidro para visitar a su ginecólogo pero lo hago y no me quejo. El Dr. Moreno me abre la puerta. Supongo que lo hará con todas sus pacientes pero siempre se muestra realmente contento de verme. Charlamos de cosas, me pregunta en qué ando y me muestra su nuevo libro. Moreno sacó un libro. Miro la tapa y me río. Una rosa sin espinas, un espéculo y unos guantes. Metáfora: cero. Diseñop espantosos. Lo quiero igual.
Me hace pasar al segundo consultorio. Ir a mi ginecólogo es como la presentación de Maxwell Smart, cuarto tras cuarto tras puerta. Primero te recibe escritorio de por medio, saca tu ficha y te pregunta cuándo fue la última vez que te vino. Yo con eso soy muy prolija y saco agenda, tengo reguistro de todo, cuándo me viene y cuántos días. "18 digo, falta poco, estoy con las tetas que estallan". "Ahora las vemos" dice Moreno y te pasa la espantosa batita celeste descartable. Paso al baño y me saco todo. Al final sólo me quedaba el collar y me lo saco también. Hay algo con la desnudez y la bijou. De ahí al sillón de la tortura.
"Sentadita, manos en las cintura... así" y Moreno toca con paciencia y seriedad primero una lola, después la otra con ambas manos y después hace un recorrido cronometrado y simétrico por las dos lolas en simultáneo. Apenas presiona con las yemas de los dedos en forma de círculos concéntricos. "Duele?". "No, para nada, un poquito ahí a los costados...".
"Bueno rubia, acostáte". Obedezco pero antes de entregarme totalmente me levanto como un resorte y le recuerdo: "Despacito, dále?".
Moreno revolea los ojos y AY!! tacto. "Te estoy haciendo tacto con un dedo, no debería molestar esto. Floja, floja...".
Respiro y miro el título, un vicio que acarreo desde los 17 años. Universidad de Buenos aires, blabalbla. Moreno me hace preguntas con un dedo adentro mío. No es sencillo concentrarse pero finjo una conversación coherente. Lo oigo manotear el espéculo, esos de plástico. No resisto la tentación de pedir: "Con lubricante, dale?". A esta altura Moreno accede a todo y la verdad que se da cuento que tengo razón, con lubricante entra mucho más fácil. Oigo el ruido al espéculo que se abre. Fea, fea sensación. Colposcopia. Moreno sigue charlando ahora con un microscopio entre mis piernas. Yo sigo fingiendo que todo esto es muy normal y charlo también.
"10 puntos, nena! El PAP seguramente te vaya a dar perfecto también...".
Esta es la parte donde respiro hondo y ya me relajo y le cuento más cosas y me ato la batita y camino al baño a cambiarme. Moreno me entrega el sobrecito con el vidrio con células y yo le doy un beso. Moreno me lo devuelve con un "cuidáte" y me sonríe, obvio, porque por lo que vi en la sala de espera YO soy su mejor conchita del día. Nunca me lo confirma pero igual si lo hiciese yo diría: "Ay, a todas le dirás lo mismo".

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Saturday, June 04, 2005

Para agregar a la lista, aunque caduco: Himen complaciente

Cuando tomé la decisión de acabar con mi virginidad le pegué una visita al ginecólogo para averiguar si en definitiva este tramiteo de coger que me había propuesto *me va a doler mucho?*.
El doc, que siempre fue lo más, después de revisarme me dijo¨*relajáte nena, sos de himen complaciente*. Y con esas palabras tan poco liberadoras a mis oídos en ese momento, manoteó su Montblanc y realizó los siguientes dibujitos:
1) círculo completo todo coloreado por dentro. *Ves este? este lo tengo que romper yo, quirúrgicamente, todo cerrado...*
2) círculo con puntitos tipo colador. *este también es jodido pero no tanto como el anterior*.
3) Círculo con una arandelita o círculo más pequeño contenido. *himen complaciente, el tuyo. asique relajadita*.
*Himen complaciente. Ok. Gracias Moreno.* y ahí el groso de Moreno me mira y agrega la frase que le he vuelto a escuchar varias veces en esta vida juntos:
*Acá lo importante nena, es no elegir un pelotudo.*
Moreno es de esos hombre amantes del sexo femenino y tiene como misión en el mundo cuidarnos a todas, defendernos (infructuosamente más veces que más) de los pelotudos y traer a nuestros sangrantes niñitos al mundo, porque también es obstetra. Siempre, siempre va estar de nuestro lado y ojo que le he ido con cada cuento y el siempre concluye *pero ese es un pelotudo, che*. Y lo loco es que estas conversaciones suceden conmigo mirando el techo de su consultorio y su cara hablando desde entre mis piernas. Nos escuchamos las voces pero no nos vemos las caras. Pero a quién le importa no? Sonamos tan bien.

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