Monday, January 11, 2010

The Swimming Pool

Panamericana-Pilar. Un bolso de casi el mismo tamaño para un fin de semana que un mes en Paris. Ya me entregué. No la peleo más. Me declaro incompetente. Packing Light no es mi lucha. Siempre termino por cargar un bolso gigante al hombre y tener que tomar decisiones estéticas y de vestuario cuando no son necesarias, cuando circulo todo un día en una musculosa y lo que queda de un pijama.
Después de nadar exactamente el número de piletas que me había asignado (perdiendo un poco tal vez la cuenta por la mitad y compensando para abajo. ¿a quién intentamos engañar?) decido que leer mi libro desde el agua es un buena opción. Apoyo los codos en la piedra y los saco enseguida porque está hirviendo, como recién salidita de un volcán. Levanto agua con una pala hecha con las manos y la hago correr sobre la piedra blancuzca que se oscurece y si te acercás (pero bien cerca) casi apoyándole la nariz encima y sintiendo el vapor que sube, podés reconocer los fósiles diminutos de plantas que existieron hace un millón de años.

“Si contases la historia del mundo en términos de un año, un año terrestre, tal cual lo conocemos nosotros, podríamos decir que la vida en la tierra empezó el 31 de diciembre, y el hombre, ese mismo día casi antes de que toquen las doce. ¿Era así?”.

Una falta de respeto, yo durmiéndoles encima. La vida en el mundo bajo una bikini chorreando agua con cloro. Pienso que vistas desde arriba, las piletas con como Tuppers ridículos, Tuppers sin tapa de agua estancada llena de químicos que la salvan de la podredumbre total. Decido ir siguiendo los fósiles con el dedo. Son helechos en miniatura, negros con hojitas y cuando les paso el dedo por encima y el agua los toca, se oscurecen todavía más. Los busco siempre que me topo con estas piedras y casi siempre los encuentro. Su valor paeontológico debe ser relativo, sin embargo para mí, deberían estar en un museo.
La noche del viernes está llena de estrellas. A mi las estrellas entre que me fascinan y me generan un estado de pánico avanzado. Tirada en la piedra todavía tibia, claramente reconozco que hay algunas que titilan azul (la mayoría) y otras con un color, que si pudiese definirlo es más anaranjado. Puede ser el champagne también y la oscuridad total que altera los sentidos.

“Y de repente, esa estrella que ves ahí, se apagó hace una millonada de años y vos simplemente estás viendo la luz que llega”.

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Thursday, July 23, 2009

Go, Connect To Server, Find

Si está todo almacenado, porque está todo ahí, ¿dónde se fue esa noche con la Chula? ¿Esa de febrero hace como 4 años yendo mano hacia Tigre por Alicia Moreau de Justo llegando a Córdoba en el 306 verde cuando nos encontramos riéndonos tanto que casi hubo que parar el auto y correr el riesgo de marchar presas por los de Gendarmería y ahí no nos sacaban ni los Cúneo porque no había forma de parar? Y no puedo, no podemos acordarnos exactamente de qué era que nos reíamos (y eso que tratamos, eh). Blanco mental absoluto. Agujero negro. Podemos volver a reírnos acordándonos de la situación, eso sí, pero nunca el motivo exacto de la risa de ese día, siempre estamos por llegar, ahí nomás, por ponerle un dedo encima y puff, se esfuma. Yo sé que hablábamos de Araceli González, yo se la imitaba a la Chula haciendo de mudita en Nano con al Orca Belén y ahí sé que dije algo que disparó el caos y no hay forma de saber qué fue.
-¿Nunca nos vamos a acordar de lo de Araceli, no?
Ya es un clásico, es "lo de Araceli".
Anoche voy a lo de la Chula a unas de esas mega torres cotur piso mil uno y yo que soy tan lame me llevo para hacer el laundry porque abajo tienen laundry mega gigante y el Laverap te deja todo para la Barbie que es un horror. Le explico la teoría de Sagan y le digo que “está en algún lado, Chu, en algún lado. Nos vamos a acordar. Sabelo”. La Chula esteriliza mamaderas y desconfía de mi trip Sagan.
Bajo al laudry. Lucho con doblar mis sábanas blancas gigantes (es una tarea imposible para hacer de a uno) y no me da pedirle ayuda al vecino en la máquina 3. Me arrepiento de sacar las camisetas blancas de dormir, esas que se pusieron finitas finitas finitas y nunca más cómodas y no podés tirar pero son un papelón. Chongui mira pero no opina. ¿Qué va a decir?
Cuando subo le cuento. Ella hace afirmaciones así sin dudas.
-Soltero. Clásico producto de Torre Cotur. O la perra lo manda a esta hora a hacer el laundry. ¿Entonces decís que nos vamos a acordar algún día? Cómo me hiciste reír hija de puta.
-Yo digo que sí, que un día nos vamos a acordar.

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Tuesday, July 21, 2009

Carl Sagan and Me

Sagan se cuelga con el cerebro humano y deja el cosmos por un rato. No mucho. Dice que crece y evoluciona desde adentro hacia fuera, que si se analiza con detenimiento se encuentran los rastros de ese cerebro reptil primitivo y en su última fase de evolución, un cerebro mamífero, con instinto gregario, caza y no sé cuántas otras cosas más. Y Sagan me cuenta (porque a esta altura me tiene absolutamente fascinada frente a la pantalla y me lo cuenta a mí, tanto que extraño su voz original, porque mi amigo J tiene razón cuando dice que lo mejor es su voz) que cada dato, cada minuto, cada mirada, cada experiencia quedó ahí almacenada en algún lado. Algún lado digo yo que soy absolutamente incapaz de recordar dónde ahora, porque había lugares para cada cosa, algo así como la misma lógica de almacenaje del OS X de mi Mac que también me trae problemas cuando guardo archivos con el mismo nombre. Y yo me lo tomo en serio y concluyo que entonces está almacenada cada palabra que dije, que escuché, que escribí, que leí. Y busco y encuentro por ejemplo toda una primera página de un capítulo de The Sound and The Fury que puedo escupir así de una sin titubear en una sola palabra y diez poemas enteros de Hardy (que es más fácil porque tienen rima y así cualquiera) y acordarme el olor exacto de la Sapolán Ferrini que se ponía mi vieja cuando tomaba sola boca abajo en el jardín de casa en Olivos y el ruido odioso de las chicharras en febrero y en el ángulo exacto que pega la luz en invierno en mi cuarto cuando rebota contra el vidrio del departamento de enfrente bien temprano y todos los besos, los olores (porque yo seguro que guardo mucho ahí en la Sección Olores y a veces necesito volver a oler para acordarme) y cómo es la luz "redonda" en mi casa de noche cuando prendo unas velas y las lucecitas violetas que cuelgan del balcón del entrepiso (Me preocupa pensar lo que hacés entonces para Navidad), esas que me trajo el Tano cuando se fue de viaje, el entrepiso que a mamá la aterraba porque decía que iba a amanecer desnucada en el living y compró una red y yo le pedí a Justo que la ponga el 2 de octubre de 1997 cuando me mudé acá y todavía lo alquilaba y vinieron las chicas y el Toto y nos sacamos fotos en el balcón todos apiñados y el gusto de los tomates secos con aceite de oliva de anoche y la diferencia tan obvia entre la lima y el limón en un vodka tonic. Todo eso está. Y todo lo otro. Y qué bueno sería verlo todo como en una película de tu vida, porque debe ser posible verlo en un segundo, todo de golpe. Porque está ahí. Todo, ¿no?

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