Monday, December 03, 2007

The Lord of the Manor


Y resulta ahora que me dan miedo las cosas, en realidad no "las cosas" sino más bien "algunas" cosas. Cosas como dormir las tres solas la primer noche en Little House in the Big Woods, cosas como imaginarme desde escenas de la malísima Blairwitch hasta Sasquash haciéndose camino entre las piñas del lugar. Porque little House in The Big Woods quedaba tan literalmente en The Big Woods que lo más cercano no quedaba a una distancia lo sufientemente audible para un grito en el medio de la noche, para tres gritos en el medio de la noche.
¿Qué distancia recorre el sonido de un grito en el medio de la noche? Me respondí sola que como hasta la casa naranja que se ve chiquita del otro lado de estos árboles. No me sirvió de mucho consuelo y me metí primera en la cama para dormirme antes mientras las otras dos se lavaban los dientes, cambiaban, peleaban por la cama más grande y hacían ruido con el cierre de los bolsos que se abrían y se cerraban.
Y así, con las dos manos abajo de la almoahda y la cabeza mirando al lado derecho (generalmente intento dormirme así) me doy cuenta de un dato tremendo: me daría menos miedo si en la casa hubiese un hombre, un varón con V, ahí me daría menos miedo. Ilusa. ¿Desde cuándo esto? Tomo nota para Sr. Transferencia. No es dato menor. Casi lo veo sonreir desde su silloncito al muy turro.
Al día siguiente con el sol que pegaba justo sobre la ventana de nuestro cuarto, Little House in the Big Woods parecía totalmente amigable y de lo más razonable encontrarlas a Carrie y Laura jugando afuera mientras la Sra. Ingalls calentaba el desayuno.
La segunda noche fue distinta. En el camino hasta la casa nos informan del robo en el lugar. Los policias en su camionetas blancas aseguran que los ladrones deben andar por el lugar. ¿No era acá que la gente no trababa las puertas de sus casas? En fin. Cuando llegaron al lugar concluyeron que la casa robada había sido la nuestra. Razonamientos deductivos básicos. Lo único que vieron fue un cuarto revuelto como si le hubiese pasado un twister por el centro. Bombachas, corpiños, maquillaje, n remeras blancas negras y de colores, tacos, zapatillas, botellas de perfume, bikinis mojadas del día, ojotas y toallas. No eran los cacos. Era nuestro cuarto.
-No, no entraron acá señor. Es nuestro cuarto, acá no falta nada, lo que pasa es que salimos apuradas…
Cuando se alejaron nos miramos.
-No da, boluda. Pensaron que habían rateado en casa. Ordenemos.
Esa noche ya habían llegado el resto de los invitados. Entramos las tres a dormir en nuestro pequeño Vietnam dentro de la casa asignada en el mail. Las otras dos casas estaban lejos. Con cacos dando vueltas y tres varones durmiendo a dos cuartos del nuestro, yo dormí como una reina hasta las 11 y 17.

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B&B (Beach & Beer)

Friday, November 30, 2007

Expedición Robinson. Zarpándose.

Llegan varios mail de índole organizativo a la casilla. Uno, hasta contiene un Excel con la organización de los cuartos y en el que el anfitrión afirma haber estado días “TRATANDO DE RESPETAR LA INTIMIDAD DE LAS PAREJAS EN LOS CUARTOS Y LA AGRUPACION POR AFINIDAD EN LAS CASAS.TAREA NADA FACIL”. Nos sabe unos malcriados de mierda, factor que no mejora con edad. La planilla debe ser revisada y rectificada “PARA QUE NADIE SE QUEDE COLGADO.” Y después mi major amigo pide a “EL 10 % QUE PENSO EN UN REGALO MATERIAL, LES PIDO QUE NO SE MOLESTEN. EN CAMBIO, ME ENCANTARIAN BUENA ENERGIA, GANAS DE DIVERTIRSE…PERO POR SOBRE TODO, ALTAS DOSIS DE TOLERANCIA. ES TODO LO QUE LES PIDO.” Claro, tolerancia para la convivencia es fundamental.
Llevo mis shampoos, un secador de pelo, cepillo gordo para brushing, make up, doscientas remeritas blancas, otras tantas musculosas en todo el pantone de colores, dos jeans, zapatos altos, bajos medios y Havaiannas. Todo para dos días. Mis bolsos son idénticos ya sea me vaya por un fin de semana a uruguay o una quincena a Hannoi. No tengo criterio. Todo me parece sumamente fundamental y después hago cosas terribles como darme cuenta de que me olvidé de meter los dos protectores solares de 60 y 30 respectivamente y un buen par de anteojos.
La llamo a F que me tranquiliza y asegura proveerme de unos Rayban y unos SPF 20 y 30 (mucho menos de lo que querría pero bueno, después de todo son dos días).
El mail sigue con los arreglos de esta noche. Nos sugiere a “Los que llegan en Buquebus vayan directo al Club House (o sea coman solo un tentenpié en el barco)”.
Ni que la comida de Buquebus fuera comestible. Todo listo. Expedición Robinson zarpa hoy con la caída del sol. Espero no quedar nominada en la pimera vuelta.

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Monday, November 26, 2007

Expedición Robinson. La Reserva

La cola para sacar el pasaje incluye básicamente foráneos de variada procedencia entre los cuales hay un señor norteamericano con muy feos pies. Horripilantes. No puedo dejar de mirarlos. Una morbosa fascinación. Los pies feos me superan, me hacen mal. A K le pasa lo mismo y estoy tentada de llamarla y decirle "I am witnessing, at this very moment, the most disgusting feet ever" cosa que la fascinaría a ella también a la vez que me acusaría de enferma por mirar cosas de ese tipo, sabiendo que ella estaría haciendo extactamente lo mismo. Escucho la campanita de mi número y me paro, tramito pasajes para F y para mí y me voy de Buquebus con mi pasaje y los pies de John Doe en mi cabeza. En las pocas cuadras hasta mi oficina me distraigo. El cumpleaños va a ser multitudinario. Hace tiempo que traigo problemas de conviviencia con grupos de más de cinco personas. Creo que somos al menos 30. Creo que son tres cabañas. Asumo que somos diez por cabaña. Cabin fever, pienso. Hago listas mentales de los invitados que pueden llegar a agrupar en mi cabaña o al revés, las cabañas dentro de las cuales pueden llegar a encajarme. Armo un grupo de 12 más que agradable y sonrío relajada. Después pienso en ser la 11 ó 12 y me preocupo, eso puede dejarme en cualquier lado. Borro pensamientos negativos y paso a cuestiones de índole doméstica.
Pienso en los items fundamentaels a cargar en el necessaire. F sugiere dividir “que una lleve el shampoo (sí, yo no digo ni escribo champú), la crema de enjuague, pasta de dientes, otra secador de pelo y cepillo redondo y eso”.
-Pero F, no se puede eso, todas usamos shampoos distintos…vos usás Pantene. F no entend[ia la gavedad de su razonamiento.
Y pienso en todo el tiempo que me llevó deshacerme de ese lacio promesa a la virgencita de Itatí que me dejó el Pantene No Frizz y arruinar meses de Neutrogena No Residue para sacar los vestigios, todo por la borda en un mísero fin de semana. O peor aún, encontrar que un varón descuidado manoteó del baño un frasco de Kerastasse de dos millones de petrodólares el mililitro y usarlo con el mismo descuido que administraría el Plusebelle en su casa. Entonces sugiero que cada cuál se lleve el suyo y compartamos cosas menos conflictivas como leche para el desayuno, Nescafé instantáneo, la bodega del auto y la pasta de dientes, por ejemplo.
Creo que voy a ser acusada de la clásica actitud de hijez única pero con el pelo no se jode.

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