Paint it Black
Ese
verano fue el verano en que me dejaron usar delineador negro. En realidad no fue
tanto un permiso como que sucedió. Un día volví de la playa, fui a caminar por
Gorlero con las chicas y volví con una bolsita con un delineador negro chiquito y un brillo de
labios rosa (seguramente nacarado) con olor y gusto a frutilla. Antes de eso,
únicamente había tenido cosas de juguete y después había pasado al maquillaje
que le robaba a mi madre. Jugaba con esas bolitas tonalizadoras de Guerlain, me
pintaba los párpados de unos celestes imposibles y el rouge, en mi cabeza era exactamente eso, rouge, red, rojo. Nada más.
Esa noche,
así como así me acerqué al espejo, empujé apenas el párpado inferior con el dedo y delineé. Adentro. Cosa que nunca volví a usar. Parpadié. Una línea parejita, sin salirme de los bordes. ¿Yo? Hacía años que venía practicándolo,
no podía fallar, había nacido para esto. Después, abrí el circulito con la pasta rosa de frutilla, y con el anular saqué un poco, lo puse
dando golpecitos sobre los labios sin hacer ese gesto de refregarlos uno contra
otra que lo único que hace es desemprolijar todo el asunto, me miré en el
espejo y consideré que estaba lista.
En el
camino de salida me encontré con la mirada de mi madre, la miré, me miró. No dije nada. No dijo nada.
-Nos
vamos a Gorlerear...
En la
puerta de entrada había un espejo más como para mirarse por última vez. Siempre que lo había
hecho (esto de estar maquillada) había sido de puertas adentro, esta vez parecía ser en serio y era un poco como salir disfrazada a la calle, todavía jugando.
Cuando me
encontré con mis amigas estaban todas igual, el delineador negro, el brillo en
los labios, las cherokees en los pies, el palito de la feria hippie con las iniciales del chico que te gustaba (y jamás te había hablado), la camisa abultada y el cinturón enorme.
Punta
del Este tenía algo de “what happens in Vegas stays in Vegas” y no sabía muy
bien qué sucedería en Buenos Aires cuando volviese. Yo, de todas formas, volví con mis dos
únicos y preciados ítems de belleza en la valija. Y así fue como de un día para
el otro y sin saber mucho cómo ni por qué, salí a la vida “toda pintada” y nunca perdí la
fascinación por esas chucherías.
Labels: All Woman, Maquillate la mente, Me adorable me, Misplaced Childhood


