Tuesday, September 11, 2007

Evidentemente



Sabía que estaba en algún lado, en el fondo de algún cajón, en alguna cajita olvidada: la foto que registrase mi desesperación y encule en ese preciso momento en mi cumpleaños número tres en el que llegaba el maldito payaso a arruinarme la vida. Y ahí estaba, clarísima entre otras en blanco y negro, cartas viejas y recortes de diario. Ahí estaba yo, perdida, diminuta entre la multitud de monstruitos aullantes tratando de escapar. Creo que en la mano tengo esas gomitas de pelo que hacían un ocho con el elástico y venían con dos pelotas de color en las puntas. Nunca aprendí a ponérmelas (una vez sí me tragué una). Lo hacía mamá y casi siempre me tiraba un poco del pelo. Qué cosa la colita tirante que te daba un leve look oriental porque te rasgaba los ojos hasta doler. Esos recuerdos y el dolor de que te desenreden con peine, ¡con peine! para sacarte los nudos. Sobre todo esos de la nuca. Mamá había probado un producto de Johnson & Johnson que se llamaba No more tangles. Un fiasco. Igual de mentiroso que el No más lágrimas del shampoo. Nadie se puso a pensar porqué está inserto en la gotita rosa, era por llanto que te agarraba cuando se pasaban de la frente y la espuma resbalaba despacio y se metía en los ojos. Casi tan odioso como que te metan un payaso en el cumpleaños.

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Friday, June 22, 2007

Panic and Prejudice. The Performing Arts

Ya habíamos arrasado con la picada. Yo me ensañé particularmente con un queso ahumado de cáscara amarilla que pedía a gritos que lo corte. M ya había traído las bandejas del horno, nos habíamos servido y estábamos hablando (a los gritos, como solemos hacerlo y peleando un poco como cada vez que nos encontramos las trece). Los novios y maridos suelen mantenerse levemente alejados. No se si somos intimidantes o ensordecedoras. Hay gente que se para, van a la cocina se sirven vino, persiguen a Tito el gato anaranjado que se cuela entre los invitados para ponerlo de patitas en el jardín. Nadie se escucha.
- Pasame las papas.
- La receta, quiero la receta de este paté...
- Coca light, please.
-¿Qué?
-Coca, coca light.
-¿Alguien sabe si Cha venía?
Y entre el ruido lo veo. Un señor (absolutamente descocido) se mueve disimulado entre los invitados. Cabe aclarar que conozco los nombres, apellidos, números telefónicos, sobrenombres, vicios y ñañas de cada uno de los invitados a este cumpleaños. A algunos los conozco hace más de 30 años. El señor es un extraño. Podría ser un ladrón organizando el robo del siglo y estar operando con la mayor tranquilidad. Cuando uno de los invitados se corre, lo veo bien. Mueve muebles. Tiene puesta una camisa blanca y un chaleco con un estampado de dudoso gusto y creo que un moño al cuello. Temo lo peor. Sospecho que es un payaso. Hago contacto visual con alguien que también lo vió pero me hago la tonta. Tal vez así lo inevitable no suceda y si todos nos hacemos los boludos el señor se vaya porque si nadie lo ve es porque no existe. Yo con los payasos no puedo. Con los mimos menos (me dan una mezcla retorcida entre violencia, pánico y vergüenza ajena, pero prima el miedo) y con los magos, bueno con los magos también la paso jodido. Yo sufro con que le salgan mal las cosas, con que se le atoren los conejos en la galera, se les incendie la paloma, me rompan posta los $100 que les prestás como una imbécil para el truco ese en el que rompen en mi pedacitos el billete o lo que es peor, que se manden esos chistes pedorros que no se los remás ni a tu mejor cliente en el momento que te está firmando el cheque. Este re daba look mago. Creo que hice fondo blanco con un tinto que manoteé de la mesa. Pensé en encerrarme en el baño. Total con la distracción del chow nadie notaría mi ausencia. El señor organizó un poco más los muebles y pidió silencio. Mago, mimo, mimo, mago, mago, payaso, mimo, payaso no, mago, mimo. Los segundos fueron interminables y mientras seguía debatiéndome acerca de la ocupación del señor del chalequito jodido, bajan uno, dos, tres, cuatro, ¡cuatro! personajes vestidos y se ponen a actuar. Ni mimos ni payasos ni magos. Actores y yo equívocamente sentada en primera fila.

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Wednesday, August 24, 2005

Clown panic y otras aversiones

Siempre sufrí de mucha vergüenza ajena y fobia total a los payasos, me provocan miedo además de la popular tristeza. Los mimos también. Marcel Marceu es directamente una sesión de El Resplandor sin cerrar los ojos cuando se parecen las melli ensangrentadas. Cuando era muy chiquita, en un cumpleaños me trajeron un payaso y me la pasé parapetada con el terror más absoluto en un rincón del jardín de Olivos. Me arrastraron de los brazos pero no hubo caso. Saquen a este clown de acá!
Ahora, cuando se conjugan payasos, mimos y vendedores ambulantes/actores itinerantes en el encierro del Subte D, es simplemente una pesadilla. Este en particular se había vestido de mago, capita y galera incluída de un género tipo raso barato de Once, flaco y poco atractivo. Su opening line fue: "Soy el hijo de Hijitus y la mujer maravilla". No caben interpretaciones. El estómoago se me empezó´a revolver. (I fisically react to these people). Mientras empezó a barajar un mazo percudido de cartas y empezar su diabólico acoso a los pasajeros, me levanté y perdí mi asiento con tal de no tener que pasar por semejante odisea. Simplemente no lo tolero. Le pagaría $100 para que se baje del vagón y nunca, nunca más se aparezca en mi camino. Lo sufro terriblemente. Una mezcla de pena con vergënza ajena, incomodidad, deseos de volverme invisible y no hacer eye contact con los demás pasajeros. Los miro y no todos la están pasando tan mal. Para mí es increíble, ellos son el termómetro de mi malestar; como la azafata en el avión. Si ella está con cara de pánico, agarráte, está todo mal.
Me pego a la ventana. Paso tribunales, falta una estación, respiro, el perverso mago payaso se me acerca, casi oigo las cartas y sus chistes funestos. Pide aplausos y nadie aplaude. CALLAO, CALLAO, por favor CALLAO!!!!! La veo, color crema, altamente identificable, un oasis frente a todas las verdes, como Bulnes que es rosa. Callao, casi me tiro. Era como cuando te corrían con la pelota de softball después de que habías bateado y corrías a primera base, Grité SAFE!!! Llegué. Solo la escalera para trepar y ese payaso lejos. Me doy vuelta, todavía reconocía su capa roja de raso entre la gente del vagón. Dios los bendiga, de repente en Facultad de Medicina aparecen todos muertos, acuchillados. Quién dice...

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