Dance me to the end of love
Cuando era chiquita, mis viejos tomaban Bianchi Chablis, Suter (etiqueta marrón) y un torrontés de Etchart Privado que eran el boom de la época.
Toti la agarraba a mi vieja de la cintura y la revoleaba por el living cantanto "C'est si bon" en versión de Yves Montand o alguna con Louis Armstrong y en vez de Nina Simone un cassette viejo de Shirley Bassey que tenía desde de Ne me quitte pas, Diamonds are Forever hasta una versión de Something. Bailaban cheek to cheek a la luz de las velas un día de semana cualquiera y por que sí. Para mi eterna verguenza se daban picos (que a veces eran demasiado largos). Cuando me veían sufrir se apiadaban, me hacían upa y bailaban conmigo en el medio. Hello Dolly y Big Spender entre mis preferidas.
Vino blanco
Bassey
Velas.
Hablando de gustos adquiridos.
Toti la agarraba a mi vieja de la cintura y la revoleaba por el living cantanto "C'est si bon" en versión de Yves Montand o alguna con Louis Armstrong y en vez de Nina Simone un cassette viejo de Shirley Bassey que tenía desde de Ne me quitte pas, Diamonds are Forever hasta una versión de Something. Bailaban cheek to cheek a la luz de las velas un día de semana cualquiera y por que sí. Para mi eterna verguenza se daban picos (que a veces eran demasiado largos). Cuando me veían sufrir se apiadaban, me hacían upa y bailaban conmigo en el medio. Hello Dolly y Big Spender entre mis preferidas.
Vino blanco
Bassey
Velas.
Hablando de gustos adquiridos.
Labels: Cagándose en la originalidad, Herencia


