Monday, August 13, 2007

Sleepwalking



Me pelo las sábanas del cuerpo porque había quedado en almorzar y tenía ganas de verlos. Quería conocer la casa, el barrio (a sólo $5,28 de casa, compruebo, y una caminate de vuelta más que llevadera). Cuando entro a la casa lo veo, varios metros más adelante, todavía en su cajita original de plástico, arriba de un mueble.
-¿De dónde lo sacaron? ¿De quién es? Lo quiero ya.
Me acerco, pido permiso para sacarlo de su caja y me entero que pilas mediante, rueda sonámbulo en su taza con esa cara de dormido y los brazos estirados adelante por toda la casa. Pienso en robarlo. Cambio de idea.
Cuando estaba en el jardín de infantes me robé un leoncito relleno de alpiste y con melena de verdad de lo de una tal Nadina. Como a los 4 no tenés cartera ni mochila ni nada, se me ocurrió escondérmelo en la bombacha. La cuestión era que el león era chico pero por las semillas pesaba bastante y cuando subía la escalera de casa hacia mi cuarto se me cae de entre las piernas. Parí un león, básicamente. Interrogatorio materno, careo, prisión preventiva, condena. En mi casa el robo estaba muy mal visto. De ahí, nunca más, ni una selva del quiosco.
Lo devuelvo a su caja y los tres chequeamos posibilidades de compra. Lo encuentro. Ya en casa lo encargo, hago los arreglos de S&H y sueño con ser propietaria de un auténtico Yoshitomo Nara. Soy un poco más feliz que el día anterior.
Las mujeres siempre tememos eso de que justo el día en que salís a la calle hecha un desastre te encontrás con un ex. Siempre esa fantasía pero al final rara vez sucede. Mis encuentros solieron ser en condiciones controladas de laboratorio: vestuario cuidadosamente elegido, maquillaje impecable, pelo dominado etc. El domingo sin embargo se cumplieron los pronósticos. En un único movimiento sali de la cama a la calle. Si hubiese tenido una enorme taza en la cual desplazarme rodando despacito, me hubiese subido. Lo encuentro en la cola de mi Disco de Paraguay y lo que es peor, le descubro una cara de ¿vos que hacés en mi supermercado?. Rápidamente sin que me pregunten, me escucho diciendo que hace diez años que vengo acá y que sí, el de Mansilla y Vidt puede ser más cerca pero es una mierda. El se queja de ausencia de queso en hebras. Yo le explico que cuando hay, siempre está junto a las pastas. Creo que con eso queda claro y para los nuevos en el barrio, las pastas están a la izquierda de las carnes. Sí, como hace unos 9 años.

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Monday, May 22, 2006

Miss You



Me compré las 30 que vienen en este librito y se pueden despegar como postales y son cada una mejor que la anterior. Pienso enmarcar varias, seis por lo menos y ponerlas en algún lado de la casa. El sábado se las mostré a Chechus que miró algunas con cariño y entonces también le voy a enmarcar alguna a ella. Se la vió tan entusiasmada que se la merece.
Estaban en una papelería del Soho que hubiese sido el sueño de mi madre. Ella siempre dijo que hubiese querido vender libros y tener una papelería. Cuando entré pensé: Nunca me voy a olvidar de este negocio y ahora, increíblemente, me está costando acordarme del nombre del lugar. Solo sé que era un nombre de mujer.
La papelería tenía todas las tarjetas, tarjetones y tarjetitas imaginables, los papeles de todos los colores, texturas, orígenes y gramajes, chucherías abrocha/pincha imprime/engancha/corta/pega/tiñe/pinta/sella papel posibles y no me daban las manos para juntar maravillas impagables. Pero en un rinconcito las encontré. 30 postcards by Yoshitomo Nara.
Dejé todas las chucherías y me llevé este libro.
Oh, my God! I miss you.

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