
En un único fin de semana paso por los más inesperados estados. Que me haya venido el jueves explica algunas cosas, no todas. Porque nada puede explicar llorisquear por Marc Anthony y J-Lo (!) hablando de su nuevo disco en un espantoso castellano, ni por Narda cocinando enojada (porque Narda cocina enojada) pizza Bereber con unos beduinos. Los ojos con lágrimas, en todo momento, lloro, lagrimeo y después ataques de risa feroces cuando le digo a F: Claro, es que esos pibes atorados, inseguros son cualquiera, man, se comen la que les va a hervir el conejo. Hay que hacer otra remera.
You fucka´with me, I boila´ya bunny. Te juro que me iría a jugar al boliche con the Dude y los muchachos.
Y por las noches sueño con L´Autrichienne presa en la torre. Me despierto y la llamo a mamá para preguntarle la distancia
masomenos entre Versailles y Las Tullerías. Y otra noche más y en el sueño la cabeza decapitada de Madame Lamballe clavada en una lanza que se asoma en la ventana de la celda de su amiga, el delfín blasfemo y Et toi aussi casi como un Et tu brute y todo mezclado al solo con sólo la puntita de los pies en el agua porque hace frío y la hoja 600 y pico que se terminó de ir como este verano.
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