Monday, January 07, 2013

Olivos en febrero


Había pocas cosas que me asustasen más de febrero que el carnaval. En Olivos los chicos eran fanáticos de las bombitas y en esa edad en que los varones te empiezan a mirar y lo hacen de una forma que roza el maltrato (como enojados porque les suceda) era todavía peor. Peor porque pegabas la vuelta en una esquina cualquiera y así de la nada te encontrabas con una banda de cinco pibes con dos bombitas de colores en cada mano y sólo podías atinar a darte vuelta y correr o simplemente taparte la cara con las manos y que te peguen en la espalda o con suerte te esquiven. No había perdón. Pánico absoluto.
Con un ojo podías medir el daño exacto que iban a provocar. Las más grandes eran un desparramo de agua, claro, pero tenían la ventaja de explotar más rápido y doler menos. Las chiquitas seguramente te rebotaban y seguían rebotando aún sobre los adoquines calientes de Rawson y el que las tiraba se sentía muy pelotudo. Las medianas eran las peores. Dolían como nada.
La salida a la hora de la siesta en bicicleta por el barrio era como recorrer un verdadero campo minado y tenías que estar bien atenta de detectar al enemigo a la distancia para pedalear en sentido contrario. Si te detectaban a vos no había súplica que funcionase, te acorralaban, apuntaban y morías empapada. Caminando, obviamente era mucho peor. Algo tenían adentro esas bombitas además del agua. Pánico envasado en globitos diminutos de color.
La canilla de mi casa de Rosales era particularmente apta para cargarlas. Los chicos paraban ahí porque estaba en la entrada al garage y cualquiera podía usarla Era la canilla que se usaba para "regar el frente". Era una de esas con un pico finito que enganchaba perfectamente la bombita y cargaba despacio porque podías medir la presión sin reventarla. Había otros picos de metal que se ensanchaban hacia el final y te rompían la goma antes de empezar a llenar. Una vez llenas, el truco era hacer el nudo rápidamente y dejarlas caer sobre el balde lleno de agua donde se guardaban las municiones. Era sabido que si las dejabas al sol se reventaban solas. Porque yo también tiraba, claro.
Cuando pasaba febrero reconocías las malas canillas en los frentes de las casas. Tenían docenas de arandelitas de colores, como pulseras de bombitas que nunca fueron. Se habían acumulado ahí. Sabías que esos vecinos tenían una mala canilla y ahí no se podía jugar bien al carnaval.

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15 Comments:

Blogger Alicia Seminara said...

Me hiciste recordar y revivir mis terrores pre-adolescentes. Yo salía (si salía) con terror mayúsculo a esos borregos munidos de bombitas que, es cierto, las tiraban con odio.

Y yo los odiaba a ellos.

9:19 AM  
Blogger Jorgelina said...

Que pánico me daba a mi el carnaval! Yo febrero lo pasaba en Mar del Plata y ahi todo era más amplio, vivía en frente de la playa asi que el peligro era menor; supongo que los pibes rondaban el centro o la calle Güemes.

Los veranos que me quedé en Capital iba al club y ahí vivía el horror de las bombitas con lavandina o con papel crepe de color que te teñían la ropa!

Un año nos fuimos a la quinta de mi amiga Laura en City Bell. Una tarde, camino al cine, nos agarraron por la calle unos pibes con BALDES de agua! Nos recontra empaparon y tuvimos que ver la película empapadas y muertas de frío por el aire acondicionado.

Te juro, lo recuerdo y siento el miedo corriendo por mis venas!

11:49 AM  
Anonymous Anonymous said...

"Como pulseras de bombitas que nunca fueron". Lindos recuerdos que comparto, y más lindo así, escrito así. La memoria, de tan precisa, a mí se me hace nostalgia. Y lo festejo, como un carnaval.
Salut.
Joaquin

2:56 PM  
Blogger Polilla said...

en que fecha de febrero acontece ese carnaval?

5:07 AM  
Blogger laura said...

yo no te lo puedo creer

es que no lo puedo creer

me llevás de viaje con cada vez q te mandás uno de estos posts

¿cómo funciona tu cabeza? me acabo de acordar de tantas cosas. pero de tantas cosas q ni sabía, yo no me acordaba nada de todo eso, eso era mi mundo, mi infancia y yo cada vez que trato de atrapar recuerdos y abro la canilla fuerte se me abren los dedos y no puedo

vos me los devolvés, cerrás mis dedos y puedo

gracias, o algo así. algo parecido.

7:26 PM  
Blogger laura said...

ay Joaquín

7:28 PM  
Blogger Charlotte said...

joaquín? de qué te acordaste, lau?

8:37 PM  
Blogger Charlotte said...

Gracias por el comment, me re va ser tu memoria.

8:37 PM  
Blogger laura said...


A mí se me cayeron encima todos los veranos de mi infancia en Olivos. Seis años, antes de la Lucila no me acuerdo nada. Ahora siento que era pura calentura y en ese juego agresivo y nervioso descargábamos hormonas a full.

Los varones se subían a las columnas del frente de casa que estaban a los costados del portón y desde ahí, alto (¿quién nos dejaba hacer esas barbaridades?) se quedaban esperando con el balde de agua lleno de bombitas Nosotros las llenábamos en casa, en la canilla de la entrada del garage, y atrás, se me vino la imagen derribante de miles de botellas de vino vacías, ese olor rancio, esperando a que pase el botellero.

Entre nosotros, en casa, nos dejaban tirar dependiendo del humor y del grado etílico de los adultos. De eso dependía mayor o menor paciencia para soportar ese quilombo de -por lo menos- cuatro hijos (Xime era siempre chiquita) y varios amigos) todos sobre excitados.

Estaba prohibido tirarle a la gente grande y a los que pasaban vestidos de verdad o con carteras y esas cosas. Ir en bicicleta hasta lo de Solanas, conocer las cuadras en las que habían varones (las chicas no nos tiraban) Era un juego muy sexual, veo.

Una vez ya más grande me tocó a mí, y me derribaron de mi corbex que manejaba sin registro (insisto ¿quien nos cuidaba? y me quemé toda la gamba.

Puedo seguir, pero se me hace tremendo Ch, un post y un aluvión. Ya charlaremos.

Las canillas con las arandelitas de colores quedaban el resto del año.

Las bombitas las comprábamos en Otero. Eran buenas y atarlas con un globito con agua y reventar ese globito bebe con los dientes era parte del juego.

Me intriga Joaquín

7:41 AM  
Anonymous Anonymous said...

Uy! que viaje hacia atrás! Nosotros comprabamos las bombitas en lo de Mito. Roma y Rawson! Merci!

7:40 PM  
Blogger Charlotte said...

¡Lo de Mito! Sí, sí, me acuerdo perfectamente de Mito. Wow...

7:39 AM  
Blogger Kaki said...

yo también les tenía terror...una tarde estuvimos atrinchieradas con mis vicinitas en el almacen de la esquina porque afuera nos estaban esperando. El almacenero nos dio unas bombitas para defendernos pero a mi no me consolaba, yo no queria guerra, yo quería simplemente huir!

6:13 AM  
Blogger Verte said...

Que flagelo el carnaval, Dios mío.
Una vez estaba en Cordoba visitando a una clienta, que con la tonada mas graciosa del mundo me dijo "vos sabés cuando me di cuenta que estaba grande? Cuando no me tiraban más bombitas en carnaval"

11:45 AM  
Blogger Charlotte said...

Absolutamente de acuerdo con tu amiga, Verte!

12:14 PM  
Anonymous Anonymous said...

Lindísimo post. Veo que a todas nos pasaba lo mismo, digo, lo del pánico. Creo que ya te lo escribí, pero no aparece ahora. Seguro lo hice mal. jajajaj! Besos. AC

8:06 AM  

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