Monday, March 14, 2011

Todo atrás


El pino había sido resabio de alguna navidad y se ve que a Toti le habría dado lástima tirarlo y supuso que una mejor opción era plantarlo en la entrada de Rosales para que no muera. Seguido a eso puede que le haya puesto tic a eso de plantar un árbol, tener un hijo. Pendiente el libro, a menos que un guión cinematográfico cuente.
El pinito tenía unos centímetros más que mi altura a los 6 años pero dado que venía en un balde metálico que llevaba un tanto así de tierra, terminaba siendo todavía más alto que yo y alguien tuvo que hacerme upa cuando le puse la estrellita que iba arriba del todo (que había hecho durante los primeros días las vacaciones y era un despilfarro de brillantina y Plasticola).
El pinito casi no cuenta el cuento de no ser por un linyera que pasaba por Rosales todas las tardes camino a la estación y que un día se detuvo y armó unas compresas con arpillera y barro que ató al tronco bajo la mirada dudosa de Toti. Increíblemente el pino se fue curando y Toti y el linyera se hicieron amigos. Después de un tiempo, el tipo nunca volvió a pasar y Toti todavía se acuerda de él con respeto, como de algún viejo médico brujo.
El sábado a la mañana hace frío y decido caminar las últimas cuadras por la calle que durante años fue mi calle. Hice la clásica subida por Rosales desde la estación, pasé por la casa de mis abuelas y llegué al frente de lo que alguna vez había sido mi casa. Difícil imaginarla ahí donde ahora hay un edificio. En el frente, el pino, gigante, crece casi derecho hasta no sé qué piso del edificio. Casi imposible reconocerlo, de hecho, cuado era chico tenía unas espinas blandas y claritas que si las mordías eran alimonadas (no sé por qué pero las mordía), nada que ver con el color oscuro que tienen hoy. El tronco se ve apenas torcido pero nada grave, no mucho más torcido de lo que resulté yo. Sobrevivimos se ve.
Cuando me alejo por Rosales y cruzo Alberdi me doy vuelta y miro. La barranca por la que más de una vez me tiré patinando llena de edificios a ambos lados. Ni una casa. Y más allá mi calle y el pino y todo, atrás.

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6 Comments:

Blogger laura said...

estos escritos tuyos me conmueven demasiado

está bueno que todo eso haya quedado atrás, ellos no se movieron, nosotras avanzamos

te quiero ch

3:11 PM  
Blogger Rochitas said...

me acuerdo de un domingo que pasamos por esa calle y nos contó la historia. Divino, Charl.

6:19 AM  
Blogger Charlotte said...

Gracias, lau.

Uy, sí, me acuerdo. El día de la aprrilla, no?

8:41 AM  
Blogger Alelí said...

me encantó este post, tienen una sinceridad tan bella.

mi papá es ahora amigo de un linyera y en navidad le armamos un paquete con comida y se la fuimos a dejar. mi papá llora cuando le habla y me presentó como si él fuera el embajador de parís.

yo tb lloro, los hombres así sensibles y tiernos, me pueden.

besos

6:14 AM  
Blogger Cecilia Varela said...

maravilloso.

6:19 AM  
Anonymous Anonymous said...

Eramos vecinas! yo vivía en Alberdi al 600. (84-98)
Llegué a tu blog de casualidad y me encontré con mil cosas compartidas... también me tiré de esa barranca mil veces y sacaba los pinches a los palos borrachos de Alberdi... no habremos conocido?
Buen blog, saludos. Julia

8:53 AM  

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