Monday, February 21, 2011

Estar en Cé

Creo que pocas cosas causaban más gracia en C, que cualquiera de las profesoras pidiéndome que rescate algo de mi mochila.
En C había una mezcla perfecta de inteligencia (no necesariamente correspondida por el rendimiento académico) y onda. No éramos los promedios impecables de B ni teníamos la tranquilidad que había en A y por eso era de esperarse, que muy seguido las de A y las de B se trepasen a las ventanas de vidrio arriba de la clase para ver qué pasaba en C. Porque en C siempre pasaban cosas.
Generalmente yo arrancaba el año con compañera de banco elegida y con firmes intenciones de hacer de ése un buen año. Las buenas intenciones eran lo único que ponía y no pasaba de una semana que ya nos separaban. Yo tenía la capacidad innata de distraer con cuentos de lo que fuera y si estaban tecleando, terminaba de sumir a cualquiera (con oído disponible, el único requisito) en un estado de distracción sin retorno en el que entraban para no salir.
La distracción podía incluir el descubrimiento de cosas como la “Salsa Pitufa”, una mezcla hecha de tiza rayada con trincheta de Actividades Prácticas, unas gotas de tinta del cartucho Parker y Plasticola. ¿El resultado? Una mezcla azul (de ahí lo de Pitufa) que no tenía ningún atractivo en sí misma salvo su color y que se pegaba sobre cualquier superficie (el dorso de la mano, el codo de la que se daba vuelta a preguntar algo y puteaba, el banco) y con la suficiente paciencia, se esperaba y cuando se secaba, se podía remover como un sticker. Fascinante.
A nadie le parecía realmente fascinante pero era suficiente para romper el tedio. Dos cosas se sufrían en La Benemérita Institución, tedio y hambre. La que contase con dos pesos pasado el recreo largo del mediodía y el primero de la tarde era considerada millonaria. Millonaria solo a los niveles que 4 horas de inanición adolescente logran, es decir Bill Gates era nadie pero tener dos pesos para comprarte un sándwich de papas fritas (de paquete) y mayonesa, la aberración gourmet más increíble, era todo. Mucho más que el tiradito de maracuyá de Osaka.
Yo no era de las metódicas ahorristas claro.
Cuando sonaba mi nombre, más bien mi apellido seguido de un pedido muy concreto como la "Ficha Verde 3" (en la benemérita Institución los ejercicios de matemática estaban organizados en fichas de colores que remitían a contenidos de ejercitación, profundización y no sé qué más) se armaba un silencio sepulcral. Empezaba el show.
Con un miedo solo comparable al que tuve cuando vi El Exorcista sola por primera vez, yo empezaba la búsqueda en mi mochila.
Yo no tenía carpetas, más bien un sistema de “archivos continuos” en el que las hojas ingresaban por orden de llegada sin otro criterio organizativo que el cronológico. Entonces uno podía encontrar una seguidilla de:
Prueba de fisicoquímica
Instrucción Cívica (x2)
Una fotocopia del Matadero
El papel pegoteado de una Tita
Biología
Los restos putrefactos de un herbario que intenté armar dos días antes de la entrega y nunca se secó
Apuntes de Dubliners de Joyce
Calculadora científica

La señorita Martín reitera su pedido y repite mi apellido mientras prepara el uno (1) en el regisro.

Notas del experimento de Science
Un boletín de inasistencias
3 témperas Alba y 2 pinceles Trimay
¡La ficha verde 4!
-¿Era la verde 4?
-La 3. ¿La tiene o no la tiene? ¿Nos va a hacer perder muhco más tiempo a todos?
La clase espera. Siento el terror pero sé de todas formas que estoy brindando un buen espectáculo (lo confirmo el día de hoy cuando repiten la anécdota hasta el cansancio).
Agenda
Dos páginas sueltas de papel milimetrado con vectores y
¡Oh! La ficha Verde 3.
Sin hacer.
Hay clemencia, no es un uno, es un sigo menos (-) que se suma al promedio ya de por si al borde de ingresar en los números negativos si eso fuese posible.
-Tiene un signo menos, sabe…
Porque sí, en la Benemérita Institución uno podía sumar signos menos.

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6 Comments:

Anonymous Marcos said...

Charlotte at her best, de nuevo.

8:49 AM  
Anonymous Anonymous said...

Genial post.

9:42 AM  
Blogger laura said...

yo del colegio no me acuerdo nada de nada)


me encanta como contás. genial.

1:09 PM  
Blogger Alelí said...

juaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

me siento totalmente identificada!

y sigo igual, en mi casa tengo 4/5 cuadernos en los que anoto salteado de todo! jajaj

que bueno!

5:09 AM  
Anonymous Anonymous said...

"Yo no tenía carpetas, más bien un sistema de “archivos continuos”"

Genial.

7:06 PM  
Anonymous Anonymous said...

Charlotte!!! También fui a la Benemérita Institución jajajajaj La señorita Martín es la mismísima Noemí Martín???? Fue mi teacher también, en sexto grado

8:26 AM  

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