Sunday, December 25, 2005

Local o visitante

Manejo como en automático. Las calles me llevan solas o tengo mi propio gps incorporado. "Ojo que Pacheco es doble mano" me previene mamá. "Vos me estás jodiendo, no?". Viví acá 27 años. Agarro Corrientes, Rioja, Alberdi, Rosales. La casa ya no está. Desde el piso trece vemos el terreno, vemos 10 pisos que se levantan arriba de lo que fue mi casa. "Mirá el pinito" me señala mamá. Ya me había olvidado de su existencia. Lo que una Navidad a mis 8 años fue "el arbolito" hoy se levanta casi hasta el segundo piso de la nueva obra. Cuando era chiquito empezó a crecer torcido y un ciruja que vagueaba por la zona pidió permiso y le ató unos trapos con una soga. Con el tiempo se enderezó. El ciruja pasaba cada tanto para corregir el rumbo.
Abrimos regalos quince minutos antes del protocolo (que igualmente nunca se siguió). Los regalos de mamá me conocen: un make up kit de acrílico de maquilladora profesional para guardar todas las chucherías, un libro de 50 años de poesía contemporánea argentina rescatado de los estantes segundamano de una librería con una rara dedicatoria manuscrita en tinta azul del autor a María Elena Walsh y unas cremas y espumas de baño de coco y vainilla que me convertirán en un ser absolutamente comestible.
Las calles me llevan de vuelta a lo de mamá. Históricamente esta es la única noche del año que duermo en su casa, en lo que fue mi cama, larga, finita y dura como una baybiscuit. Se trata todo de un esfuerzo estoico donde pospongo mi egoismo, mi hijez única para otra hija única que disfruta de mi presencia pero probablemente tampoco la necesite. Tomamos cafés en mugs y hablamos mucho antes de irnos a dormir ya cada una en su camisón y con los pies arriba de la mesita en el living. Nos reímos, nos abrazamos y nos dormimos.
El champagne me levanta varias veces durante la noche, me pide agua. La heladera de mamá es la heladera de mamá. Los imanes me hacen reir: un mini doubledecker londinense al lado de un retrato de Joyce con anteojitos y otro redondo con la cara de Shakespeare junto a la leyenda "He lives!", así con signos de exclamación. Subo las escaleras hasta mi cuarto. Libros, libros, libros, tazas de café a medio tomar en lugares insólitos y un gato que me conoce poco anda dando vueltas por ahí y me mira con ojos extraños mientras se lame una pata. Sí, soy visitante en esta casa y eso está bien.

13 Comments:

Blogger atomÖ said...

la cama de uno es la cama de uno hasta que se transforma en baybiscuit.
la vida de uno comienza a ser la vida de uno en ese momento en el que esa cama sufre la transformación.

10:34 PM  
Anonymous BestBuy said...

me encantó el post, che. este blog tiene su estilete y lo sigo hace un tiempo.

4:23 AM  
Anonymous Obelix said...

Charlotte,
Lindo post, amiga!
Un beso grande

Atte.

4:27 AM  
Blogger Niño Barroco said...

Qué bien captado ese momento...a mí me resulta imposible dormir en mi vieja casa/cama, ni siquiera una noche al año...
By the way, paso muy seguido por ese memory spot en Rosales, ma cherie reside ahí donde la calle se hace montañita

5:09 AM  
Blogger flor said...

Me encantó la descripción de la casa de tu mamá. Yo también viví muchos años en Olivos y las calles son tal cual vos decís.
Y la cama estrecha y finita como baybiscuit...jajaja.
¡Saludos, Charlotte!

6:26 AM  
Blogger Charlotte said...

es que esa cama ES un baybiscuit. sigo con dolor de espalda. gracias O.
en serio conoce MI calle? es un horror ahora, parece un campo minado pero está mi pinito, fijate!
en que calle flor?
bestbuy: se puso nombre de spam? saludos.

6:39 AM  
Anonymous Anonymous said...

Buen post, beautiful!

9:47 AM  
Blogger Mr. John Steed said...

que lindo

11:49 AM  
Blogger The Tilcarallajta Herald said...

Lindo post. Me hizo acordar a mi primera infancia, a la casa de mi abuelo en Olivos (calle Catamarca). Obvio, ya no existe más.

12:36 PM  
Blogger promqueen said...

el viernes me sentia muy mal y como venia la sra. q limpia mi depto me fui a lo de mi mamá. me meti en mi antigua cama con mis sabanas y me mimó todo el dìa. me encantó!!!!! asi q te entiendo...

2:01 PM  
Blogger Charlotte said...

cuántas infancias tuvo The tilcarallajta? dónde quedaba lo de su abuelo, catamarca y qué calle?
sí, promqueen, pero solo por un ratito. mi cama no la cambio por nada y mi casa, menos...

4:20 PM  
Blogger The Tilcarallajta Herald said...

Sello detrás de la tapa dura de "In Stahlgewittern" de Ernst Jünger. Alfred August Wilhelm Schwarz. Catamarca 3027. Infancias varias y contrapuestas. Noroeste Argentino (Jujuy-Salta) y Noroeste Porteño (Belgrano R-Olivos-Villa Ballester-Tortuguitas).

5:45 AM  
Anonymous la psicol. said...

qué emoción CH tantos recuerdos! sobre todo por haber compartido con ud. mi infancia...esa calle suya es o era (por lo que cuenta, yo hace mucho que no ando por ahí) una DIVINEZ, esos rinconcitos de BA...nos devora el avance de los bloques en masa!!!

insisto, QUIERO CONOCER LA CASA DE MOTHER, y por qué no a ese nuevo integrante de la flia. THE CAT

6:12 AM  

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