Wednesday, July 18, 2012

Patience, the mother of all virtues

En los niveles más altos de malcrianza invernal, se me esperaba con una toalla caliente (calentada en la estufa del pasillo) cuando salía del baño. Se me envolvía como un verdadero "niño envuelto" y enrollada como una oruga con pies que asomaban, se me paraba frente a la estufa. Yo cooperaba poco y me resistía a ir a ningún otro lado interrumpiendo el paso de todos. Parada sobre la toalla que se había puesto en el piso, chorreaba un rato inmóvil hasta que me recuperaba del mal trago de haber sido sacada del agua (lo disfrutaba más que una sirena) y conservaba una cara de culo pasajera hasta que se me acercaba un cepillo. Ahí, me desenrollaba lentamente, sacaba una mano y empezaba a desenredar el pelo desde las puntas hacia arriba. No dejaba que nadie me toque porque todos me hacían doler. Mamá perdía la paciencia y desde su pelo corto tipo Mia Farrow tironeaba y me ponía un producto de Jonson & Johnson’s (No more tangles) que rara vez funcionaba. Pocas cosas más indignantes que la tironeada de pelo.
Mamá se cortó el pelo bien bien cortito otra vez, demasiado para mi gusto y creo que es en preparación para lo que vendrá. Le digo que exagera, que dijeron “debilitamiento”. No dice nada y sé que es una de sus preocupaciones centrales. Es maravillosa la coquetería femenina batiéndose a duelo con la muerte. Gana la coquetería. Siempre.
En la sala de espera hablamos de cosas, le sugiero que adopte el tejido para las largas horas de espera. La gente que llega a hacerse sus rayos durante semanas siempre viene al mismo lugar y al mismo horario todos los días. Se conocen, se saludan, se preguntan, se van tejiendo esos lazos entre pelucas, corticoides y comentarios sobre la última tapa de Caras. Todo es tan natural de repente. Es un horario de pocos hombres, casi ninguno. Los apellidos resuenan en un alto parlante y a la hora de haber estado esperando vas conociéndolas una a una. Mamá es todavía una outsider pero ya se irá haciendo de amigos. Entre las cosas que le quiero contar es que fui a la peluquería y yo también me corté bastante el pelo y después cambio de idea, mejor después. Suena su nombre. En estos días me pasé diciéndolo: “Soy la hija de Elena…” para presentarme. Médicos, pre-pagas, consultorios, turnos, aprobaciones y la burocracia de la enfermedad. Estoy siendo mucho "la hija de" estos días. Una hora más sentadas. Las salas de espera de los consultorios médicos le dan toda una nueva dimensión al significado de la palabra paciente.

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5 Comments:

Blogger Azul Celada said...

Me gusta mucho como escribis, cómo de una acción tan simple como esa podes llegar a hacerla tan.. nose, interesante? En fin, tendrías que sacar un libro, yo lo leería!

9:56 AM  
Blogger Miss M said...

En una sala de espera habia un cartel que decia algo como: Los medicos no tienen clientes, tienen pacientes. y alguna otra cosa con eso de esperar y bla bla, el caso es q leia el cartel cuando estaba por explotar con mi tercer hija y la verdad... si te pago tambien soy cliente, digo... Ahora me rio, en ese momento no dejaba de pensar por que dan tantos turnos un mismo dia.

10:03 AM  
Blogger DANILA said...

la enfermedad tiene una burocracia tremenda que despierta lo mejor o lo peor de nosotros. te deseo claramente lo primero.
y un abrazo.


grande

10:55 AM  
Blogger Jorgelina said...

Fuerza y paciencia para estos tiempos!

9:22 PM  
Blogger Marietta said...

Hola Ch, hace mucho que no te leía, y hoy retomé tu blog.

Mucha fuerza y mucha paz interior para transmitirle a tu madre.

Y como siempre, sublimando el dolor de tu alma en bellas palabras.

No dejes de escribir...nunca!

3:04 PM  

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