Friday, July 29, 2005

Esas cosas que me acuerdo

Cafeteando con Toti el otro día, nos acordábamos de uno de mis primeros libros. De hecho, yo me lo había apropiado pero en realidad era de él. Le Ballon Rouge estaba en un estante de su biblioteca y yo señalaba desde abajo y alguien me lo bajaba. Era todo en blanco y negro, salvo por el globo, obvio. En realidad eran tomas de las película de Lamorisse y la escena de ese globo explotado me ponía triste. Los fines de semana Toti me la pasaba en el proyector que montaba en el living de casa, a oscuras, y yo me tiraba en la alfombra con almohadones mientras el me contaba que Lamorisse había usado a su hijo de protagonista. “Como vos a mí en la propaganda de Royal?”. Yo juraba que era actriz. Lamorisse dirigía Crin Blanca, El globo rojo, papá cortos de gelatina y la cuenta de Gillette, a mis ojos más o menos lo mismo…
Años después me pasó su cámara super 8 y yo practicaba con producciones caseras que después editaba en mi propia moviola (un fallido regalo). Cortaba con tijera y pegaba con scotch mis cortos de bastante poco talento y lo hacía con la misma impaciencia que manejo hoy en día para las tareas manuales que requieren de una cuota de precisión.
Mis libros de Dr. Zeuss me entretenían mucho más, con esas ilustraciones hechas en pleno acid trip del autor a las que yo consideraba absolutamente coherentes. Hop on Pop y Green Eggs and Ham eran casi una biblia.
En un intento de Toti pero seguramente más de Madre, por alentar mi escritura, recibí una máquina de escribir de juguete pero que tipeaba en serio. Jugaba a la secretaria con unas uñas postizas rojo furioso que me pegaba con ese pegamento especial y así circulaba por todos lados (esa era en realidad mi verdadera pasión).
En otro cajón, otro intento fallido. Otra máquina, pero esta vez de coser que también cosía en serio y era obviamente víctima de un abandono feroz de mi parte. La primera vez que me cosí el dedo la mandé a la mismísima mierda y debe haber sido entonces que decidí que nunca más cosería nada en mi vida. Nunca.
Y los mejores juguetes: cajones y cajones de ropa de mamá, bijou barata, camisones de raso, tacos altos y maquillaje que aprendí a manejar a la perfección a edad temprana. Veo que en definitiva sigo haciendo lo mismo y me divierto parecido, leo, veo cine, me pinto, me disfrazo y fantaseo mucho...

7 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Y sí Charlotte, seguramente en esos primeros años se cuece lo más importante de nuestras vidas.
Carolina

11:09 AM  
Anonymous Alejandra said...

divertirse es jugar y disfrutar del juego de otro. de ahí que la forma y los objetos con los que aprendimos a jugar sean ahora lo que nos devuelven a ese estado de alegria plena. O no tanto, porque se cuela la conciencia y arruina las cosas.

11:38 AM  
Blogger Marina said...

Me gustó Charlotte.

Saludos.

1:52 PM  
Blogger atomÖ said...

yo estoy por filmar "le blonde budín", quiere protagonizarla sharlot?
hola! volvíii!!
besitu.

2:09 PM  
Blogger Charlotte said...

gracias marina.
cómo le va atomo? de vuelta?

2:55 PM  
Blogger Ulma said...

Me encantó este post, Charlotte.
Cuando era chica, mi tía trajo de regalo una chalina con hilos dorados. Ni bien la ví me dediqué durante horas (y, después, durante días) a disfrazarme de todo lo que se me pasaba por la cabeza. La cambiaba de lugar, de postura, los flecos para adelante, para atrás. Fui novia, odalisca, monja, princesa, hombre barbudo, equilibrista, embarazada y madre, y todo lo que se les pueda ocurrir. 25 años después hice un número con una bufanda, que consistía, básicamente, en lo mismo. Y me fuí a Europa y hasta gané plata con eso.
Y sí, en nuestros primeros 10 años está todo. El tema es no perderlo, o volver a encontrarlo. (Me puse cursi-LuisaHay, ¿qué?)

11:45 PM  
Anonymous Flora said...

Qué buen post!
Yo también suelo conectarme con mi infancia, me encanta, me ayuda a conocerme y a entender mejor a mis padres...
Besos

6:09 PM  

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